Apple pie, tortilla de patata… todas esas cosas buenas.

Félix López – 3 de junio, 2015

En una época ya un tanto lejana existía una disciplina gerencial denominada estrategia. Años gloriosos aquellos desde 1965 a 1990. Enseñada en escuelas de negocios y popularizada en libros proveía ideas y herramientas para que todos mejoráramos nuestro desempeño empresarial. Para que mejoráramos con lo que teníamos a mano. Siempre fue difícil evaluar su utilidad, pero ahí estaba. La hipercompetitividad y la hiperturbulencia global acabaron con tan feliz situación. El fundamento de la estrategia cambió: ya no consistía en hacer uso adecuado de los recursos, sino como conseguir los recursos necesarios que la nueva situación parecía requerir.  Lo que se necesitaba era innovar y desarrollar nuevos productos. El resource based view of the firm, o -en versiones modificadas- como obtener las necesarias capabilities. La estrategia empresarial ha terminado por ser un conjunto de interminables exhortaciones sobre la necesidad de desarrollar una nueva y tecnológicamente innovadora ratonera. En los últimos veinte años es difícil detectar alguna contribución a la disciplina estratégica empresarial fuera de lo anterior, de algo que podríamos considerar como aporte a los fundamentos básicos de la estrategia. Lo del Blue Ocean podría alguien considerarlo una excepción a lo anterior, pero no lo es: los océanos azules son las industrias que ahora no existen. Difícil organizar los fundamentos para algo que no existe. La base de esta estrategia de la innovación es -pues- que tenemos que ser muy listos y aplicar la listeza. Sí, como disciplina, la estrategia está un tanto muerta; no hay ideas innovadoras 🙂 ¡Vaya bucle!. Curiosamente es en aquel campo donde la innovación se da por supuesta, donde no hay que realizar exhortaciones, en el mundo de las startups innovadoras, donde hay un incipiente desarrollo de ideas estratégicas básicas al servicio de esta actividad empresarial, p.ej. en la adopción de principios lean y su adaptación al mundo creativo.

Los economistas no suelen involucrarse en esta minutiae de fundamentos prácticos estratégicos empresariales. Lo suyo es la productividad de los factores, y su incidencia sobre la economía en su conjunto. A un economista le quitas la palabra productividad y prácticamente no podría hablar. Para aumentar la misma (la productividad) hacen uso de ideas básicas que entresacan de su arsenal estratégico, aunque no lo denominen así. Antiguamente el arsenal era amplio, aunque controvertido: liberalización del comercio, aranceles proteccionistas, subvenciones a la exportación, represión financiera, liberalización de la cuenta de capital, política industrial activa, lo anterior pasiva, subir impuestos o bajarlos, etc. Todavía se utilizan estos argumentos, claro. Pero también -en el paralelo empresarial- se utilizan con provecho los perros y las vacas del establo del Boston Consulting Group. Al igual que en su faceta empresarial la estrategia del economista ha quedado recientemente muy simplificada; el futuro económico español (o el kazajo) dependerá solo de la educación y la I+D. Ya ven, lo mismo que en el aspecto empresarial. Hay que ser listos, es el sencillo programa. Difícil encontrar un debate económico en el cual el economista de turno no introduzca la cuña educativa. ¡Ya está!, solucionado el pensar estratégico económico. Los españoles -una vez desenladrillados- estamos a la búsqueda de un nuevo modelo económico -eso nos dicen- o deberíamos: invertir en educación e I+D es la respuesta que Ud. oirá en un 90% de las veces. Conceptualmente resuelto. Pero, ¿quién se puede oponer a eso?. Es como lo de ¿quién rechazaría una buena tortilla de patata? Todos estamos más o menos de acuerdo. Así que la idea no vale mucho. Si lo vemos bien, es una respuesta cómoda, un tanto de vagos, diríamos.

Aparte de lo fundamental de poner en marcha procesos de mejora en la educación y la I+D, cuyos defectos en nuestro país están bien documentados, y a lo que nos dedicamos por su importancia casi exclusivamente en nuestra faceta educativa en la escuela, necesitamos también pensamiento estratégico económico para mejorar las cosas sin tener que volvernos más listos. Digamos, pensamiento estratégico económico para tontos (o para dummies, que suena más ligero). Esto si sería un buen aporte.

Todo lo anterior me ha venido al teclado al leer el extraordinario post de Ricardo Hausman. El Sr. Hausman siempre aporta. Trata de lo de la educación que hemos comentado. Lean el post completo. He extractado lo siguiente… y recalcado en negrita -al margen de lo que podamos obtener con la educación permamente- algo que me ha impactado. Todo fundamental.

And there is more bad news for the “education, education, education” crowd: Most of the skills that a labor force possesses were acquired on the job. What a society knows how to do is known mainly in its firms, not in its schools. At most modern firms, fewer than 15% of the positions are open for entry-level workers, meaning that employers demand something that the education system cannot – and is not expected – to provide.

When presented with these facts, education enthusiasts often argue that education is a necessary but not a sufficient condition for growth. But in that case, investment in education is unlikely to deliver much if the other conditions are missing. After all, though the typical country with ten years of schooling had a per capita income of $30,000 in 2010, per capita income in Albania, Armenia, and Sri Lanka, which have achieved that level of schooling, was less than $5,000. Whatever is preventing these countries from becoming richer, it is not lack of education.

A country’s income is the sum of the output produced by each worker. To increase income, we need to increase worker productivity. Evidently, “something in the water,” other than education, makes people much more productive in some places than in others. A successful growth strategy needs to figure out what this is.

Make no mistake: education presumably does raise productivity. But to say that education is your growth strategy means that you are giving up on everyone who has already gone through the school system – most people over 18, and almost all over 25. It is a strategy that ignores the potential that is in 100% of today’s labor force, 98% of next year’s, and a huge number of people who will be around for the next half-century. An education-only strategy is bound to make all of them regret having been born too soon.

This generation is too old for education to be its growth strategy. It needs a growth strategy that will make it more productive – and thus able to create the resources to invest more in the education of the next generation. Our generation owes it to theirs to have a growth strategy for ourselves. And that strategy will not be about us going back to school.


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