La economía colaborativa y el futuro del empleo

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El trabajo es, y ha sido siempre, una parte fundamental de la vida de las personas. Es lo que nos permite llevar a cabo una gran parte de nuestros proyectos vitales, nos aporta independencia económica y nos permite realizarnos y progresar. No es mi intención entrar en disquisiciones históricas, políticas, ideológicas o filosóficas, pero es evidente que el trabajo ha sido también interpretado de formas muy distintas a lo largo de la historia, por las personas, grupos sociales y civilizaciones.

Desde la existencia de la esclavitud en la antigua Grecia y durante el imperio romano, pasando por el “ora et labora” de los monasterios cristianos, y llegando a la revolución industrial, con sus luces y sus sombras, muchas de las reflexiones, preocupaciones, avances y conflictos de la humanidad han tenido en el trabajo uno de sus puntos centrales.

Pues bien, actualmente nos encontramos en un momento histórico en el que se están produciendo una gran cantidad de cambios, equiparables, dadas sus dimensiones e impacto, a aquellos cambios que se produjeron entre los siglos XVIII y XIX y que hoy llamamos Revolución Industrial.

 

Economía Colaborativa

Todos estos cambios se están produciendo poco a poco, delante de nuestros ojos, de forma que apenas nos damos cuenta. Pero si comparamos el momento actual con el de hace 10 o incluso 5 años, nos damos cuenta de que muchas cosas han cambiado y otras, ni siquiera existían entonces. Tener “un simple” teléfono móvil, conectado a internet, y que en unos cuantos toques nos permite hacer la compra online y que Amazon nos la sirva en 2 horas en casa. O que, a la hora de irnos de vacaciones, compartamos coche usando BlaBlaCar, y alquilemos una casa con Airbnb. O que vayamos al aeropuerto en un coche de Uber ó Cabify.

Estas empresas innovadoras son las que están creando la economía colaborativa. El verdadero impacto que tienen estas plataformas es que, sin contar con flotas de coches, o cadenas de hoteles, actúan como intermediarios entre los individuos que tienen interés en bienes o servicios. Es decir, hacen posible el modelo “peer to peer”. Alguien con carnet de conducir y un coche de gama media-alta puede dedicar una serie de horas a la semana a ser conductor de Uber. O alguien interesado en generar un ingreso extra, puede alquilar su casa, o parte de ella, a través de Airbnb. Y así un largo etcétera.

Esto abre un amplio abanico de posibilidades, ya que prácticamente cualquiera puede realizar este tipo de trabajos, compatibilizándolo  con otras ocupaciones, y sin necesidad de que sean un trabajo fijo.
Lógicamente, esta nueva economía colaborativa tiene un grandísimo impacto en sectores regulados, en los que la entrada de competidores era, hasta hace poco, muy difícil. Por ejemplo, en el sector del taxi, o en el sector hotelero.

Otras plataformas como Upwork ó Fiverr, hacen más fácil un modelo de trabajo “freelance”, que cada vez va a ser más común.

 
Automatización

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Otro de los grandes cambios que ya se está produciendo, y que va a afectar de forma definitiva a muchos trabajos, es la automatización derivada de la Inteligencia Artificial. Mucho se ha escrito sobre si algún día las máquinas igualarán a las personas en cuanto a su capacidad de pensar por sí mismas (lo que se conoce como la singularidad). No voy a entrar en ese aspecto más filosófico, pero sí me gustaría resaltar algunos aspectos prácticos que en el futuro cercano van a tener un impacto importante en el trabajo tal y como lo conocemos.

Durante las últimas décadas, se ha venido produciendo una automatización de las tareas más tediosas. Tareas monótonas, que no requerían “pensar”, se han ido delegando tradicionalmente en máquinas. Por lo tanto, los trabajadores menos cualificados o cuyos trabajos eran más manuales y repetitivos (lo que en inglés se denominan “blue collars”), han sido los que más se han visto tradicionalmente afectados por esta automatización.

Pero no es (sólo) esta automatización de la que estamos hablando. Actualmente, gracias a los avances en la IA, se están empezando a automatizar tareas que sí requieren de cierta actividad cognitiva, ya sea ésta interactuando con el entorno, o aprendiendo a mejorar la técnica. Un ejemplo simple sería un robot aspirador en el hogar, que es capaz de sortear obstáculos, y de aprender las rutas más óptimas, adaptándose a la forma de nuestra casa. Pero los ejemplos podrían seguir en campos como la contabilidad, vigilancia y seguridad, conducción de vehículos o incluso diagnóstico médico. Es decir, también los trabajos más cualificados (los realizados por “white collars”) son susceptibles de ser realizados por máquinas.

Además, en ciertas tareas, como reconocimiento de imágenes (describir qué hay en una foto), las máquinas ya han igualado a las personas. Éste, y otros avances, sobre todo impulsados por los recientes desarrollos del “Deep Learning” abren un amplio abanico de posibles funcionalidades, como por ejemplo, que un automóvil se conduzca sólo, y además lo haga de forma más segura y con menos accidentes. Todos los coches que a día de hoy fabrica Tesla, llevan ya incorporada esta tecnología.

 

Futuro del Empleo

Ante esta perspectiva de cambios, cabe preguntarse qué va a ocurrir con todas las personas cuyos trabajos actuales van a desaparecer. La respuesta a esta pregunta no está clara. Hay una división (aproximadamente al 50% – 50%) entre los optimistas, que piensan que, aunque desaparecerán puestos de trabajo, se crearán otros nuevos, y los más pesimistas que afirman que ésta nueva situación sólo ayudará a que crezcan las desigualdades y que mucha gente se suma en la pobreza.

Mi opinión es moderadamente optimista. No creo que vayamos a llegar en pocos años a una situación apocalíptica, en la que millones de personas hayan sido despojadas de sus empleos, aumenten aún más las desigualdades y la delincuencia y la conflictividad social se disparen. Pero sí creo que hay cosas que han cambiado para siempre. Cada vez será menos comunes los trabajos fijos y que duran “toda la vida”. El trabajo en remoto y los contratos de “freelance” aumentarán significativamente. Será necesario tener una actitud de estar aprendiendo y formándose continuamente, ya sea a través de internet (a través de MOOCS) o de formación superior.

En cualquier caso, en mi opinión, hay aspectos en los que las máquinas nunca podrán sustituir completamente a una persona. Por ejemplo, el impacto positivo y duradero que un buen profesor puede tener en un estudiante, difícilmente puede ser igualado por un sistema de Inteligencia Artificial. Lo cual no quiere decir, que tendremos que aprender a adaptarnos a un entorno laboral en el que, cada vez más, habrá tareas que serán realizadas por máquinas.


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