¿Puede explicar la crisis la neuroeconomía?

La dinámica psicosocial de la crisis económica

NeuroeconomíaEl devenir del entorno macroeconómico en el que estamos inmersos está determinado en última instancia por el comportamiento de diversos actores sociales, como por ejemplo los consumidores finales, los consejos de administración de grandes empresas o los partidos políticos. Es el conjunto de las decisiones tomadas en todos esos ámbitos lo que moldea la evolución de la economía tanto en épocas de crisis como en épocas de bonanza. Si bien es cierto que pudieran existir factores “naturales” ajenos a la toma de decisiones humana, es esta última la que sin duda dirige, aunque de forma distribuida y aparentemente caótica, el acontecer diario de los mercados.

Teniendo en cuenta lo anterior, parece razonable que cualquier modelo que pretenda explicar la evolución de un entorno económico ha de considerar aspectos psicológicos. La neuroeconomía es un campo de investigación multidisciplinar que persigue dos objetivos complementarios:

Aunque ninguno de estos objetivos parece alcanzable a corto plazo dada la gran complejidad que entrañan, es conveniente no perder de vista los aspectos psicosociales, pues juegan un papel crucial en la economía. Es un error pensar que los mercados se rigen por decisiones racionales o basadas en un conocimiento preciso de la situación. Es necesario pues analizar detalladamente el proceso de toma de decisiones que los humanos realizamos entorno a los hechos económicos, tanto a nivel individual como a nivel social. Utilizar el concepto clásico de agente racional no es suficiente para dar una explicación al comportamiento y evolución de la economía. La economía conductual se enfrenta a este problema, en oposición a los modelos de la teoría económica clásica.
Veamos cuáles son los factores que juegan un papel importante en el proceso de toma de decisiones y cómo se gestionan estos aspectos en un contexto de crisis económica:

Información disponible. No cabe duda que tomar una buena decisión depende en gran medida de la información disponible. En general, parece obvio pensar que si uno dispone de toda la información relativa a una elección, podrá tomar una decisión adecuada. Aún cuando este extremo es en realidad muy debatible, la realidad es que raramente se cuenta con toda la información necesaria (o bien, el esfuerzo necesario para conseguir toda esta información es mayor que el perjuicio que podría derivarse de una mala decisión). Por lo tanto, lo normal es que en todos los ámbitos sociales se tomen decisiones en base a un conocimiento muy parcial de la situación. Dicho de otro modo, la mayoría de las decisiones económicas, por no decir todas, se realizan de forma imperfecta. Dada la gran complejidad del entorno, las decisiones se toman en base a aproximaciones y no en base a un proceso deductivo racional, es lo que se denomina como un proceso heurístico de toma de decisiones. La consecuencia principal de este modo de actuar es la existencia de mercados ineficientes (con precios erróneos y beneficios anómalos).

La toma de decisiones heurística es un compromiso práctico entre la imposibilidad de acceder a toda la información necesaria y la necesidad de tomar una buena decisión. Aún siendo un proceso pragmático al que no podemos renunciar si queremos seguir siendo humanos, tiene una característica que lo convierte en un proceso tremendamente  inestable cuando se enfrenta a épocas de crisis o de entusiasmo: es un proceso eminentemente emocional.

Es precisamente en los contextos de crisis o de expansión cuando las emociones se encuentran a flor de piel y por lo tanto cuando más influyen en este proceso heurístico de toma de decisiones, conformando a su vez un caldo de cultivo ideal para que los comportamientos irracionales se contagien como un virus a toda la sociedad. Es en este contexto cuando nos encontramos con un comportamiento de los mercados difícilmente predecible en base a suposiciones racionales. Veamos por tanto en más detalle qué son y cómo funcionan las emociones.

Razón versus Emoción. Existe la noción de una dicotomía en la mente humana entre razón y emoción. Nada más lejos de la realidad. La descripción anterior sobre el problema del acceso a la información pone de manifiesto que usar exclusivamente la razón es una estrategia evolutivamente inestable. Es decir, los animales con sistema nervioso central como los humanos, usamos las emociones como herramienta para lidiar con la tremenda complejidad de nuestro entorno. Las decisiones acerca de temas económicos suelen ser importantes en nuestra vida y no hay decisión importante que no esté modulada por nuestras emociones.

Si tenemos que analizar el entorno socioeconómico de la crisis desde la perspectiva emocional, podríamos apuntar el predominio de las siguientes emociones: miedo, ira y tristeza (en oposición a las predominantes en épocas de expansión: alegría). No hay duda de que este sesgo emocional influye en la toma de decisiones, pero ¿Cómo influyen exactamente en los actores sociales el predominio de estas emociones? Antes de contestar a esta pregunta, veamos primero cómo influye la propia sociedad y la cultura en la generación y concepción de nuestras propias emociones.

Influencia sociocultural. Al mismo tiempo que las emociones influyen en la toma de decisiones económicas, nuestro entorno cultural y social influye en nuestras emociones. Aparte de las emociones básicas, todos experimentamos una serie de emociones secundarias que vienen moduladas e inculcadas por nuestro entorno sociocultural (indignación, resentimiento, orgullo, decepción, envidia).

Analizando la evolución económica de los distintos países de la Unión Europea desde el punto de vista cultural se puede observar por ejemplo que en general las culturas mediterráneas tienen un enfoque distinto al de las culturas de Europa central o las escandinavas. Obviamente la diferencia cultural entre diferentes regiones no se limita al plano emocional, pero sí que podría afirmarse que tanto las diferencias emocionales como otros rasgos particulares contribuyen a la identificación de unos caracteres propios nacionales, que a su vez determinan aspectos socioeconómicos tan importantes como la productividad industrial o la flexibilidad de los mercados.

En el ámbito del debate sobre la unión monetaria europea se han puesto de manifiesto diferencias técnicas muy importantes, entre las que destacan la falta de una política fiscal común y la diversidad de niveles de competitividad entre diferentes países. Se ha afirmado que esta heterogeneidad implica que la zona euro no es un área monetaria óptima. Siguiendo este mismo razonamiento desde una perspectiva  psicosocial podría incluso decirse que la zona euro no es un área monetaria óptima debido en esencia a sus diferencias culturales y sociales, que impiden un tejido productivo homogéneo y un crecimiento harmonioso en toda la región. En este sentido cabría decir no sólo que existen dos euros, uno derivado del marco alemán y otro periférico que va a remolque, sino que en realidad existen dos regiones socioculturales con unas diferencias que hacen difícil la existencia de una moneda común a ambas.

Intentando contestar a la pregunta que quedaba anteriormente en el aire (¿cómo influyen en los actores sociales el predominio de ciertas emociones?), podríamos plantear ciertas hipótesis en contextos socioculturales específicos:

En el ámbito del mercado inmobiliario español la crisis ha propiciado una acusada bajada de la demanda, sin embargo, los precios de la vivienda no se están ajustando a la baja rápidamente (como sería de esperar en un mercado eficiente) para llegar al nivel de equilibrio de mercado. La explicación de la existencia de un mercado tan rígido es un fenómeno psicológico: la aversión a las pérdidas en relación a activos que son emocionalmente valiosos para los inversores (como por ejemplo, una casa). Este fenómeno puede explicarse porque el miedo a la pérdida supera a la racional anticipación de posibles ganancias. Es decir, la emoción vence a la razón, haciendo que la persona tenga más miedo que juicio. Más miedo a no ganar una fortuna por su casa gracias a la burbuja inmobiliaria que juicio para valorar realmente el beneficio de la venta por un precio ajustado al mercado real.

El miedo también toma un papel protagonista en las decisiones de políticos, que unido a un entorno sociocultural como el mediterráneo, puede dar lugar a elecciones poco loables como la mentira, sostenida reiteradamente por el gobierno griego que durante años ocultó las cifras reales del déficit y deuda a la Comisión Europea (que por otro lado prefirió “no saber” la verdad).

Más información:

Camerer & Loewenstein. Behavioral Economics: Past, Present, Future. Enlace
Economía Conductual


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Comentarios ( 4 )

Les recomiendo echar un ojo a la página de la Asociación Española de Neuroeconomía en http://www.asocene.com

Pedro enviado el 02/03/12 15:00

Muy, muy interesante. Aborda una línea muy reciente y en alza de la teoría económica: la economía conductual, que aporta interesantes factores explicativos sobre la evolución de los problemas económicos. Original, interesante y supone investigación adicional a lo explicado en clase. Muy bien

Agustín del Valle enviado el 21/04/12 13:11

Muy interesante el artículo y cómo se relaciona la teoría con la empiria actual. Pero a tener en cuenta que economía conductual (behavioural economics) no es lo mismo que neuroeconomía. La primera se basa desde un marco teórico proveniente de la psicología (conductual) y la economía, el segundo se sostiene desde una base también psicológica (pero más relacionado con el cognitivismo)y con la biología (el estudio de las neuronas).

Agustín Demarchi enviado el 02/10/13 19:58

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