Entrevista con Rodrigo Castañeda, jefe de la Unidad de Alianzas de la FAO

“El hambre se soluciona no sólo con programas mundiales, sino también con pequeñas iniciativas locales”

El 11% de la población del planeta pasa hambre. Se trata del porcentaje más elevado en la última década, espoleado por la proliferación de conflictos violentos y el cambio climático. Estas cifras demoledoras se recogen en el último informe anual de la ONU sobre el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición mundial.
Rodrigo Castañeda, jefe de la Unidad de Alianzas de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), pasó por EOI para ofrecer una charla sobre las estrategias de la organización para enfrentar esta realidad. En esta entrevista nos cuenta más acerca de las líneas maestras de la FAO para avanzar hacia sus objetivos de erradicar el hambre, la pobreza y la malnutrición, velar por la seguridad alimentaria e impulsar el progreso económico y social de forma armónica con el uso sostenible de los recursos naturales.

PREGUNTA.- En su ponencia ha afirmado que “el hambre es una decisión política”. ¿Qué condiciones tienen que darse para cambiar la agenda política y resolver el problema del hambre en el mundo?
RESPUESTA.- Hay 815 millones de personas que hoy día sufren hambre, según el último análisis que hizo la FAO, y se debe a dos factores: el cambio climático y el aumento de conflicto en los países. Eso hace vulnerables a las instituciones y los estados, destruye el sistema agrícola y produce que las personas que están en situación de vulnerabilidad tengan que dejar su trabajo, su país, la escuela… Tienen que migrar. Todo su contexto, que le proveía de seguridad, se ve afectado.

Cuando yo digo que es una decisión política me refiero a que la sociedad, compuesta por todos, no solo los gobiernos, tiene que tomar decisiones y acciones conjuntas para solucionar el hambre. Me refiero al sector privado, a las organizaciones de la sociedad civil, a los productores, obviamente al gobierno, a las instituciones académicas…

Rodrigo Castañeda

Castañeda durante el coloquio con los alumnos de EOI

 

P.- ¿Y cómo armonizar los intereses de agentes tan distintos, que pueden ser incluso contrapuestos?
R.- La FAO responde a las demandas y solicitudes de los gobiernos para apoyarlos en el desarrollo de distintos programas de alimentación, de lucha contra la desertificación o contra el hambre. En esa situación, nosotros recurrimos a nuestros aliados: organizaciones de productores, sector privado, parlamentarios, centros de estudio… Para que cada uno de ellos apoye y aporte con su conocimiento y recursos a esa causa.
Cuando tú dices que el sector privado a veces tiene intereses contrapuestos, yo no estoy tan de acuerdo. Sobre todo cuando se trata de un tema como el hambre. Yo no creo que nadie pueda estar en contra de erradicar el hambre. El hambre no es buena para nadie, no es un negocio para absolutamente nadie: ni para el gobierno, porque tiene que gastar más recursos en protección social y programas de apoyo, ni para los mismos productores, ni para las ONG, ni tampoco para el sector privado. Creo que no hay ninguna campaña ni un llamado más amplio en ningún país que solucionar el hambre. Llamamos específicamente al sector privado a contribuir con tecnología, con información, con sus ideas y sus propuestas para entablar un debate público que incorpore todas las visiones de los actores que están en el sistema agroalimentario.

P.- ¿Y cuál es la respuesta real que obtiene la FAO? ¿Se percibe una voluntad real por parte de todos esos agentes de solucionar un problema que tiene solución o, al menos, debería tenerla?
R.- El problema tiene solución, pero no es fácil. El contexto en el que estamos trabajando es complejo; hay muchos factores, como el cambio climático, el aumento de población o las migraciones que afectan el desarrollo de programas, pero las respuestas que hemos tenido de los distintos aliados es fantástica. La FAO tiene alrededor de 150 distintos aliados que contribuyen con su expertise. Entonces llevamos ese conocimiento a otras comunidades que no lo tienen. Hacemos intercambio de comunidades de agricultores de Colombia que vayan a enseñar lo que saben a los productores de Paraguay. O bien ponemos la información y tecnología de la empresa privada a disposición de pequeños agricultores o de gobiernos. Hay centros académicos y universidades que están desarrollando investigaciones muy interesantes que involucramos en los programas que la FAO desarrolla con distintos gobiernos. Entonces la respuesta ha sido fantástica.
El hambre se soluciona no sólo con programas mundiales, sino también con iniciativas pequeñas en la localidad, en los pueblos, las comunidades, los municipios. Un buen ejemplo de eso es la agricultura familiar. Cuando enlazas la agricultura familiar con mercados institucionales, generas un circuito económico muy favorable en el que, por ejemplo, los productores locales son los que abastecen a una escuela rural.

P.- ¿Y es posible conciliar este sistema de agricultura familiar y sostenible con la necesidad de producir alimentos para una población creciente y minimizar su impacto medioambiental?
R.- La FAO cree que agricultura familiar y producción industrial de alimentos son dos modelos que pueden convivir. Incluso en muchos de los casos esa agricultura familiar es incorporada a las grandes cadenas de producción y hay empresas que dan espacio y muy buenas condiciones para incorporar ese producto agrícola.
El consumidor tiene también que ser responsable. Tenemos, por ejemplo, un acuerdo con la Organización Internacional de Consumidores para trabajar en la educación del consumidor: cómo puede identificar si los productos son sanos, que valorice el producto local y ecológico, que sepa leer una etiqueta… Y también estamos trasladando ese conocimiento hacia las empresas para que en su modelo de negocio puedan incorporar cadenas de valor mucho más responsables con la producción del alimento.

 

Rodrigo Castañeda FAO

 

P.- ¿La tecnología puede ayudarnos a implantar unas técnicas agrícolas más inteligentes, que armonicen la producción alimentaria con el uso sostenible de los recursos naturales y la preservación de la biodiversidad?
R.- Claro que sí, creo que es uno de los caminos principales para producir mejor y más sosteniblemente. Hoy día el tema no es cuánto producir, la cantidad, sino cómo se produce, tener alimentos saludables y promover una dieta saludable para toda la población.
La tecnología existe la tecnología, pero aún falta que sea asequible para todos: para los agricultores de África, para los pequeños productores de leche de América Latina… ahí es donde aún tenemos que trabajar un poco más.

P.- Ha comentado que la FAO trabaja en los países europeos justo por el problema contrario: porque son sociedades donde ahora la obesidad es un problema grave.
R.- Es que el problema de la malnutrición tiene dos caras: uno es la falta de nutrientes, el hambre, y la otra es la obesidad. Estamos trabajando con países de renta media y países desarrollados que necesitan políticas y programas públicos para disminuir esta. En Chile, por ejemplo, tenemos una excelente experiencia con una nueva política de etiquetado nutricional, que obliga a la industria a indicar claramente con un distintivo bien visible los niveles de grasa, proteínas o azúcar que tienen los alimentos. La gente está tomando conciencia y cambiando su patrón de comportamiento y de compra.
La FAO está apoyando ese proceso de implementación y tenemos una experiencia muy interesante con el sector privado. A pesar de que al principio hubo un rechazo, los productores entendieron que era algo muy importante para la población y empezaron a cambiar el modelo de producción reduciendo las grasas, sales y azúcares. Ahora estamos llevando la experiencia de Chile hacia otros países que están interesados en trabajar el tema.

P.- “Cambiar el futuro de la inmigración. Invertir en salud alimentaria y desarrollo rural” ha sido el lema de este año del Día Mundial de la Alimentación, que celebra la FAO cada 16 de octubre. ¿Cuál es la tesis de la organización en este sentido y qué actuaciones está promoviendo para avanzar hacia esos objetivos?
P.- Lo que está de trasfondo ahí es que la migración sea una decisión personal y no una obligación. La FAO está trabajando en los países para crear condiciones favorables para que la gente se mantenga su territorio. La mayoría de ellos no quieren migrar, sino que se ven en la obligación de migrar.
Lo que hacemos es tratar de crear nuevas fuentes de trabajo digno y bien remunerado, y para eso la inversión en agricultura puede ser un buen camino. Estamos promoviendo programas para que la población disponga de los recursos naturales necesarios para una buena producción agrícola, donde tengan la asistencia técnica para producir en la cantidad adecuada. Eso no solo les permite a ellos tener una alimentación y una seguridad alimentaria adecuadas, sino que con los excedentes pueden también entrar al mercado local y generar ingresos que les sirven para comprar otro tipo de bienes y servicios. La idea es trabajar de forma muy amplia, muy holística, para mejorar las condiciones de las personas que viven en situación vulnerable y que no se vean obligadas a migrar de sus territorios.


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