TORRES KIO MADRID: Un proyecto, un gran reto (Project Manangement)

En 1989 comenzó en Madrid la construcción de los primeros rascacielos inclinados del mundo. Las Torres KIO, llamadas así por haber sido promovidas por la empresa Kuwait Investments Office, son un diseño de los arquitectos Philip Johnson y John Burgee.

Las dos torres que  conforman la llamada Puerta de Europa, son dos torres inclinadas la una hacia la otra, con una altura de 115 metros y 26 plantas. Están situadas, en la Plaza de Castilla de Madrid, próximas al centro financiero de AZCA. Se inauguraron simultáneamente en 1996  y se trató de los primeros edificios dominados por su excentricidad y la idea de dignificar el entorno financiero de la capital española.

El proyecto de construcción cayó en manos de uno de los premios Nobel de arquitectura y el primer premio Pritzker de la historia, Philip Johnson, discípulo de Mies Van der Rohe, el cual ya era un genio de la arquitectura tras su participación en la construcción del famoso edificio AT&T de Nueva York, que fue un hito para la arquitectura postmoderna.

De vuelta al modernismo en los 90, Johnson, junto a su socio John Burgee, deciden nuevamente dejar la tradición de rascacielos verticales y apostaron esta vez por dos edificios inclinados. Para ello se basaron en una gráfica del ruso Alexander Rodchenko, la cual tenía una inclinación de 15°. “El rascacielos se ha acabado, podemos olvidarlo” decía Johnson durante su visita a Madrid. “Los arquitectos nos podemos concentrar ahora en la misión de hacer las formas de los edificios que mejoren al hombre”.

Las torres de oficinas que alcanzan los 115 m de altura cada una (una de las torres es 1 cm más alta que la otra) y vuelan 30 m sobre la vertical de la base. Poseen 27 pisos cuya área es 1.170 m2 cada una. Ya que los ascensores suben vertical y no diagonalmente, cada planta tiene un desarrollo distinto.

Como arquitecto y director de proyecto, Johnson,  buscó y planteó multitud de soluciones ante un proyecto que nunca antes se había hecho y que sin ninguna duda se convertirían en un gran reto para el mundo de la arquitectura.

La solución estructural fue bastante curiosa, la inclinación de ambos edificios fue  lograda a través de acero estructural, unido a un núcleo rígido, una caja prismática de concreto armado que alberga las escaleras y ascensores. Para contrarrestar el empuje de los pisos hacia el lado inclinado, un sistema de cables une la parte alta del edificio con un contrapeso subterráneo ubicado en el lado opuesto (los contrapesos son dados de concreto de 60 x 10 x 10 m).

Pero el proceso de cálculo fue tambien difícil y complicado. El project manager como especialista en arquitectura tomó decisiones organizativas a la par que técnicas, sabiendo claramente que actividades y procesos requerían primero. Para evitar malformaciones decidieron optar por elementos triangulares que dieran rigidez a la estructura; de allí las aspas gigantes en las fachadas laterales y los dos triángulos en que se dividen las fachadas principales.

Debido a una serie de decisiones complicadas las torres se convirtieron en edificios atípicos que contienen muchas rarezas pero que supusieron decisiones rápidas y correctas para llevarlo a cabo y terminarlo. Entre algunas de esas rarezas destacamos como todas las plantas son distintas porque va cambiando la posición del núcleo vertical respecto al rectángulo de base; los ascensores no suben inclinados, suben verticales, el problema es que se van tropezando con la inclinación de la fachada, por lo que sólo pueden subir un determinado número de plantas. El primer grupo de cuatro ascensores llega hasta la planta 13; los otros cuatro, desde ésta a la 24.

Tras siete años de construcción, el resultado fue excepcional arquitectónicamente; dos torres idénticas alcanzan los 115 metros de altura, forman un ángulo de 14,3 grados con la vertical, lo que supone 30 metros de voladizo de la fachada inclinada desde el arranque a la coronación, y tienen 27 plantas sobre la calle, cada una de ellas con 1.170 metros cuadrados construidos, lo cual supone más de 63.000 metros cuadrados en total sobre rasante.

Pero no todo fuerno maravillas en la construcción de dicho monumento madrileño. El proyecto duró más de 6 años (1989-1996) por atravesar una serie de dificultades financieras que provocaron el parón en las obras durante varios años.

El  Proyecto que tuvo un coste de 25.000 millones de las antiguas pesetas con un coste  adicional de 7000 millones en 1994,  contó con una serie de irregularidades en las transacciones para la construcción de las torres KIO, cuando la Sociedad Urbanor vendió los terrrenos de la Plaza Castilla de Madrid, al grupo Kuwaití. Su construcción dio lugar al caso de estafa de Urbanor que implicó a los Albertos ( Alberto Alcocer y Alberto Cortina) y al Banco Central de España cuando los querellantes (el arquitecto Pedro Sentieri y el constructor Julio San Martín) denunciaron a sus ex socios Alberto Alcocer y Alberto Cortina alegando que obtuvieron más dinero en la operación a pesar de que éstos eran los socios mayoritarios, y que cobraron el pago de Kio en acciones del Banco Central, debido a que la operación había sido instrumentada para lograr el control de dicha entidad.Reconociendo los hechos delictivos, el Tribunal Supremo absolvió a los acusados por las prescripción de los mismos.

Además, las obras no habían comenzado cuando se hubo previsto debido a  que el proceso de subasta había comportado muchos problemas legales con los primeros suministradores y  sus equipos técnicos  tuvieron que ponerse al día en todo el proyecto. Este proyecto era la bandera de los kuwaitíes en España. Sin embargo, los problemas financieros del grupo obligaron a subastar las torres. Un grupo formado por FCC, Caja de Madrid, Banco Central Hispano y Abengoa se hizo cargo del proyecto seis meses después.

 

En 2007 Caja Madrid decidió comprar la Torre Repsol, a la cual moverá su sede una vez haya sido acabada. Después de la construcción se produjo un juicio llamado el “caso KIO“, en el que se condenó al empresario catalán Javier de la Rosa por el desvío de más de 375 millones de euros del grupo KIO y de su filial española Grupo Torras

A pesar de la gran corrupción que manchó el proyecto de construcción de las interminables torres KIO, no han dejado de ser uno de los monumentos más emblemáticos y más importantes de la ciudad madrileña.

 


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