Civilización o barbarie

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte dio a conocer a finales del año pasado los resultados de la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España 2014-2015.

Esta Encuesta es una estadística oficial de carácter cuatrienal que forma parte del Plan Estadístico Nacional, y que constituye un análisis pormenorizado sobre los hábitos y prácticas y, en definitiva, sobre el consumo de la oferta cultural de los españoles .

Según se desprende de la encuesta, con entrevistas realizadas a 16.000 personas de 15 años en adelante, el consumo cultural se ha incrementado moderadamente en nuestro país en los últimos 4 años. Escuchar música, leer e ir al cine siguen siendo las actividades culturales más frecuentes para la población española, con tasas anuales del 87,2%, el 62,2% y el 54%, respectivamente. Estas prácticas han aumentado 2,8, 3,5 y 4,9 puntos porcentuales cada una respecto a la última encuesta (2010-2011).

libros

Otros datos reseñables del informe son los siguientes:

Los datos, tal y como podemos constatar, son relativamente alentadores, si bien se antoja imprescindible un plan público y privado que incentive la educación y la apreciación de la creación artística, a lo que se añade un considerable retraso en acceso a Internet e índice de lectura con respecto a la media de la Unión Europea. Por otro lado, se constata en muchas ocasiones por parte de algunas de las denominadas industrias culturales una relativa resistencia y una acusada ausencia de ingenio para asumir la transición al nuevo paradigma, que plantea usos culturales y de consumo radicalmente distintos, en este complejo y emocionante tiempo de transición entre un mundo achacoso que languidece y otro embrionario que se adivina en lontananza.

Cine-Por-FICM-2012

Haciendo un paralelismo con la educación, con la enseñanza, hemos observado cómo hemos pasado de una etapa inicial de reticencia hacia la innovación tecnológica a una etapa de consolidación, en la que ya asumimos e interiorizamos a la tecnología como medio para optimizar los procesos de enseñanza y aprendizaje, generador de un ulterior debate sobre nuevas metodologías y nuevos roles. Pues bien, la industria cultural aún camina suspirando y anhelando épocas de bonanzas pasadas, incapaz de reconocer a la innovación tecnológica como medio optimizador entre la oferta y la potencial demanda cultural. No parece que los senderos comunes entre tecnología y cultura pasen por tomarse un selfie en un concierto y subirlo a la carrera a Internet – bueno, o al menos no únicamente-.

Nos jugamos mucho, corremos el riesgo de distorsionar y banalizar la cultura, como pilar fundamental en la educación y formación del ser humano que es, puesto que no debemos circunscribir la misma a sostenibilidad económica y rentabilidades. Probablemente algunas de las posibles soluciones o al menos reflexiones a validar pasen por este cruce de caminos, por generar puentes y conversaciones entre la formación y la educación, integradas ya en el ecosistema cibernético, con la aún reticente industria cultural, como connaturales realidades indisolubles e inseparables, y aprender de esta manera de los errores previos cometidos.


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