Cambio de paradigma sectorial

5373525445_b565b52ab3_mEn el mundo digital ya no se posee, tan sólo se usa. Nos encontramos ante un evidente y ya manido cambio de paradigma; consumimos bienes culturales, libros electrónicos y canciones – no discos-,  a través de plataformas que en realidad están considerados por la ley como servicios similares al software o a las aplicaciones de móviles,  disfrutando de las inherentes ventajas  de éstas : la portabilidad, la ubicuidad y/o la accesibilidad.  Las compañías líderes de este mercado, Apple y Amazon, comunicaron hace tiempo que no permitirán legar las canciones y libros adquiridos por sus clientes, y el consiguiente debate sobre la transmisión de bienes culturales enfrenta a compañías y a usuarios, conllevando esta decisión toda una serie de potenciales consecuencias para la deteriorada industria cultural y para los usuarios y consumidores de esos bienes.

Así, una industria del sector cultural, la industria musical, afectada por la cultura digital y por sus propias e intrínsecas debilidades, en su lento proceso de reconversión para adaptarse al nuevo contexto tecnológico, social y económico, busca hacer convivir el modelo tradicional de compra física de discos con el de la venta online. Pues bien, si hasta la llegada de la cultura digital y sus nuevos modos de consumo, normalmente se adquirían discos/álbumes completos de música, en el que el valor concreto quedaba difuminado por el álbum en su conjunto, con la llegada de la cultura digital se adquieren ya canciones por separado, valoradas económicamente por las plataformas, fundamentalmente fijando precios fijos (1 Euro, por ejemplo)  por la descarga de un número de canciones ( 10, por ejemplo),  si bien con tarifas decrecientes en función del número de canciones comprometidas a descargar. Y aquellos que los adquieren son los menos, ya que cerca del 90% de los contenidos culturales consumidos online en España en 2014 fueron ilegales.

Y la pregunta obvia pasa por plantearnos si el valor del bien cultural ha disminuido en paralelo al deterioro global de la industria cultural y, si así es, si debemos adjudicar esta aparente paulatina defunción únicamente a la situación económica, a las políticas fiscales y a la ya dominante cultura de consumo digital.

Y entonces, si este nuevo paradigma plantea usos culturales y de consumo radicalmente distintos, ¿cuál sería la estrategia para reflotar el valor decreciente de este bien cultural?

¿Cómo diseñamos nuevos modelos de negocio sostenibles en este sector? ¿ Existen ejemplos?


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