LOS EMPRENDEDORES BRITÁNICOS Y EL BREXIT

c2659fd6d436011cc5047b74e5b78eb7El próximo 23 de junio los ciudadanos británicos decidirán su permanencia o salida de la Unión Europea, el denominado “Brexit” – abreviación de “British Exit”. No entraremos en los alambicados vértices de la compleja  cuestión, que santos y patronos tiene la Iglesia Anglicana, con su recién nonagenaria Reina a la cabeza, pero sí en las variables y requiebros que la potencial salida está generando en los emprendedores británicos.

En líneas generales, los emprendedores británicos mantienen una posición dubitativa al respecto, al igual que el resto de sus conciudadanos ( cómo no podría ser de otra manera, los emprendedores no son marcianos seres alejados del mundanal ruido de sus congéneres), pero esta semana más de 200 emprendedores británicos han firmado una carta de apoyo a la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea, asegurando que si el país apuesta por el Brexit perdería la capacidad de hacer negocios con “un mercado de 500 millones de consumidores”.

Como decíamos, sin querer ahondar en los aspectos macroeconómicos y políticos del controvertido asunto, entiendo que la postura de estos emprendedores británicos mantiene una lógica con una de las inherentes y consustanciales cualidades de todo emprendedor del siglo XXI: el lanzamiento de ideas y modelos de negocio para el mundo, no para  “su mundo”. Emprender es entender el mundo como unidad, generador potencial de un mayor desarrollo y crecimiento económico para todos, no para unos pocos afortunados, motor y simiente de empresas innovadoras que se esfuercen por resolver los principales desafíos globales, en aspectos medioambientales, sociales y tecnológicos. De hecho, uno de los mayores déficits de los emprendedores radica aún en su excesiva impronta local, en sus dificultades para lograr trasladar sus modelos locales de negocio a un mundo global e interrelacionado. Y no parece que construir nuevas barreras y fronteras pueda ayudar a solventarlo.414918350_e617f14b36_b

Por otro lado, estos emprendedores británicos son conscientes que la salida de su país de la Unión Europea les privaría de poder participar de ayudas y soportes como el programa COSME , programa de la Unión Europea para la Competitividad de las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES), que entró en vigor en el año 2014 y que se prolongará hasta 2020, con el que se pretende fomentar la competitividad de las pequeñas y medianas empresas. Con un presupuesto de 2.300 millones de euros, este programa ofrece apoyo en cuatro áreas diferenciadas:

– Mejor acceso a la financiación: Utilizando dos instrumentos financieros diferentes, el Mecanismo para la Garantía del Préstamo y el Mecanismo de Capital para el Crecimiento.

– Acceso a los mercados: Todo modelo de negocio tiene acceso a la Enterprise Europe Network, con la que se facilita el contacto con posibles socios locales, constituyendo  600 organizaciones en 54 países.

– Apoyo al emprendimiento: Se focaliza en tres mejoras: en la educación para el emprendimiento, en mejorar el ambiente empresarial para que los emprendedores puedan desarrollarse y en establecer modelos y grupos específicos sobre los que incidir y a los que ayudar.

– Reducción de la carga administrativa y normativa: La creación de un plan de acción para reducir la carga administrativa en la Unión Europea pretende menguar la excesiva burocracia y la multitud de normas existentes en los países europeos, una de las barreras más relevantes para la creación de empresas.

El 23 de junio saldremos de dudas. Respecto al Brexit, me refiero.


Civilización o barbarie

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte dio a conocer a finales del año pasado los resultados de la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España 2014-2015.

Esta Encuesta es una estadística oficial de carácter cuatrienal que forma parte del Plan Estadístico Nacional, y que constituye un análisis pormenorizado sobre los hábitos y prácticas y, en definitiva, sobre el consumo de la oferta cultural de los españoles .

Según se desprende de la encuesta, con entrevistas realizadas a 16.000 personas de 15 años en adelante, el consumo cultural se ha incrementado moderadamente en nuestro país en los últimos 4 años. Escuchar música, leer e ir al cine siguen siendo las actividades culturales más frecuentes para la población española, con tasas anuales del 87,2%, el 62,2% y el 54%, respectivamente. Estas prácticas han aumentado 2,8, 3,5 y 4,9 puntos porcentuales cada una respecto a la última encuesta (2010-2011).

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Otros datos reseñables del informe son los siguientes:

Los datos, tal y como podemos constatar, son relativamente alentadores, si bien se antoja imprescindible un plan público y privado que incentive la educación y la apreciación de la creación artística, a lo que se añade un considerable retraso en acceso a Internet e índice de lectura con respecto a la media de la Unión Europea. Por otro lado, se constata en muchas ocasiones por parte de algunas de las denominadas industrias culturales una relativa resistencia y una acusada ausencia de ingenio para asumir la transición al nuevo paradigma, que plantea usos culturales y de consumo radicalmente distintos, en este complejo y emocionante tiempo de transición entre un mundo achacoso que languidece y otro embrionario que se adivina en lontananza.

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Haciendo un paralelismo con la educación, con la enseñanza, hemos observado cómo hemos pasado de una etapa inicial de reticencia hacia la innovación tecnológica a una etapa de consolidación, en la que ya asumimos e interiorizamos a la tecnología como medio para optimizar los procesos de enseñanza y aprendizaje, generador de un ulterior debate sobre nuevas metodologías y nuevos roles. Pues bien, la industria cultural aún camina suspirando y anhelando épocas de bonanzas pasadas, incapaz de reconocer a la innovación tecnológica como medio optimizador entre la oferta y la potencial demanda cultural. No parece que los senderos comunes entre tecnología y cultura pasen por tomarse un selfie en un concierto y subirlo a la carrera a Internet – bueno, o al menos no únicamente-.

Nos jugamos mucho, corremos el riesgo de distorsionar y banalizar la cultura, como pilar fundamental en la educación y formación del ser humano que es, puesto que no debemos circunscribir la misma a sostenibilidad económica y rentabilidades. Probablemente algunas de las posibles soluciones o al menos reflexiones a validar pasen por este cruce de caminos, por generar puentes y conversaciones entre la formación y la educación, integradas ya en el ecosistema cibernético, con la aún reticente industria cultural, como connaturales realidades indisolubles e inseparables, y aprender de esta manera de los errores previos cometidos.


Economía creativa y colaborativa

La tercera edición de Zincshower , uno de los principales eventos internacionales en torno a la Economía Creativa y  Colaborativa, un evento donde se reúnen emprendedores, profesionales, estudiantes, inversores, instituciones, empresas, patrocinadores y medios de comunicación para apoyar la innovación, la colaboración, la formación, la financiación y el emprendimiento creativo y colaborativo, se realizará mañana 8 y pasado mañana 9 de mayo en el Matadero de Madrid.

EOI estará presente a través de Fundesarte, organización de referencia en la promoción y el desarrollo de las empresas artesanas españolas, cuyo objetivo es la gestión de proyectos para la incorporación de la innovación en el sector artesano así como la organización de actividades de promoción, entre las que destacan los Premios Nacionales de Artesanía. Fundesarte participará en el espacio denominado “Zincnetwork” bajo el título “ El potencial de colaborar entre sectores creativos”  mañana viernes 8 de mayo a las 11.00 horas.

1750632323_4f35375b4c_zLa aproximación económica a la cultura es relativamente reciente. El término ” Economía Creativa ” fue popularizado en 2001 por el escritor gestor de medios de comunicación británico  John Howkins. Para este autor, la economía creativa, que desde hace tiempo se viene denominando la economía naranja, comprende las actividades que, de manera encadenada, permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios, cuyo valor se fundamenta en la propiedad intelectual, más que por su valor de uso: arquitectura, artes visuales y escénicas, artesanías, cine, diseño, editorial, investigación y desarrollo, juegos y juguetes, moda, música, publicidad, software, TV y radio, y videojuegos.

El Informe sobre la economía creativa, elaborado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) demuestra y reafirma que este sector se ha convertido en un motor cada vez más potente para el desarrollo, comprobando que el comercio mundial de bienes y servicios creativos ascendió a un total de 624 mil millones de dólares estadounidenses en 2011 y que aumentó más del doble entre 2002 y 2011 y que la tasa media de crecimiento anual durante este periodo fue de 8,8%. El crecimiento de exportaciones de bienes creativos en países en desarrollo fue incluso mayor, con un promedio anual de 12,1% durante el mismo periodo.

Finalmente, lo que podemos apreciar tras examinar el informe es la tendencia de aplicación de mecanismos participativos y la implicación activa de la sociedad en los procesos de elaboración de políticas para impulsar la economía creativa, así como el gran efecto y la positiva repercusión que ésta está teniendo en el desarrollo de las sociedades..

Por todo ello, considero que eventos de este calado generan un importante impulso a este sector, asumiendo que nadie tiene hoy en día una hoja de ruta con un esquema claro sobre cuáles son los modelos de negocio que perdurarán y que la inherente naturaleza volátil de la producción creativa y cultural hace que en muchas ocasiones se promuevan estrategias basadas en criterios emocionales e intuitivos en lugar de aplicar técnicas empresariales y estrategias basadas en el conocimiento y la experiencia provocando la pérdida de sostenibilidad de las mismas.

Por último, considero asimismo que todas las empresas de cualquier sector no sólo deben, sino que tienen que apostar decididamente por impulsar estrategias de innovación permanente basadas en las ideas creativas de las personas de su organización. No olvidemos nunca que la creatividad parte de las personas, que una organización es innovadora y creativa cuando sus personas lo son. O se les deja serlo.


CROWDFUNDING – Algunas vislumbres iniciáticas

Los investigadores sociales Luís Miguel Barral y Pepa Barral han realizado un estudio pionero, hondo y excelentemente estructurado, ” El crowdfunding y los españoles” , entre los internautas españoles para conocer el grado de conocimiento del crowdfunding y sus motivaciones para decidir sus potenciales aportaciones a los proyectos.

Realizaron 4.000 entrevistas a internautas de uso diario residentes en España de entre 18 y 60 años, que representan a una población de 17,4 millones de personas (fuente INE, enero 2013).

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Las conclusiones son muchas, llamativas y reseñables. Destaco las siguientes:

 

En resumen, observamos que en escasos años se ha generado la relativa consolidación del crowdfunding como opción alternativa de financiación, fundamentalmente para proyectos culturales y de perfil social, entre el público joven, formado y  con  inquietudes de noveles modeles colaborativos y de financiación, si bien aún queda mucho camino por recorrer, fundamentalmente en las innumerables posibilidades ulteriores de financiación de proyectos que se continúan explorando y en la paulatina disminución de las dudas aún existentes, seminal labor ésta para la consolidación de la reputación de las plataformas actuales.


¿ Hacia una culturización de la mercancía ?

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El mundo camina absorto en sus permanentes e inmanentes crisis, saturado de imágenes, productos e informaciones, desorientado y perdido ante su abrumadora rapidez e incomprensible abundancia. Ante este “líquido”  panorama, tal y como lo lleva describiendo el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman, la cultura ha adquirida una preponderancia jamás conocida en la historia del hombre. Cierto es que no sabemos exactamente de qué hablamos cuando nos referimos a ella, a la gran dama Cultura; cierto es que mientras unos hablan y no paran de valores, principios y símbolos, otros, los más, entienden de actividades artísticas y actuaciones y soportes tangibles, pero es irrefutable e innegable su cenital y exclusivo papel en el mundo actual.

Hace tiempo ya que la cultura dejó de ser un sector marginal y prosaico, alejado de las urdimbres cotidianas y mercantiles de la sociedad, para convertirse en uno de los principales motores y factores de crecimiento de las naciones desarrolladas, absorbida totalmente por el gran orden comercial.  Asistimos a la paulatina y exponencial comercialización de la cultura en todas sus vertientes, formatos y disciplinas, conscientes de su impacto turístico, de imagen y de desarrollo económico.

Sin embargo, esta obvia mercantilización progresiva de la cultura, junto a sus connaturales y románticas acepciones de conocimiento, diversión, comprensión, evasión, formación y educación, supone una cara de la moneda. ¿Y la otra? El mundo es un universal supermercado en el que los productos y servicios se intercambian con urgencia y necesidad. Así, estos productos y servicios requieren para ser vendidos, para intercambiarse, para subsistir en definitiva, de una pátina más o menos profunda de culturización, de unos valores y principios culturales que los sostengan en el ecosistema económico, al reafirmarlos en las bondades tradicionales de la Gran Cultura; es decir, lo que hoy es comercial, hoy es cultural.

En este catártico trasvase de poder, no pensemos exclusivamente en las industrias culturales y en los iconos museísticos y sonajeros turísticos, sino en toda clase de industria, en cualquier sector mercantil. El cibernético mundo globalizado de la comunicación vende y consume a través de símbolos y de marcas que aportan valores y referentes a sus consumidores, bajo una suerte de paraguas artístico y cultural alejado de la clásica sacralización del arte, en una carrera imparable hacia la búsqueda por la innovación, la creatividad  y la belleza.


Cambio de paradigma sectorial

5373525445_b565b52ab3_mEn el mundo digital ya no se posee, tan sólo se usa. Nos encontramos ante un evidente y ya manido cambio de paradigma; consumimos bienes culturales, libros electrónicos y canciones – no discos-,  a través de plataformas que en realidad están considerados por la ley como servicios similares al software o a las aplicaciones de móviles,  disfrutando de las inherentes ventajas  de éstas : la portabilidad, la ubicuidad y/o la accesibilidad.  Las compañías líderes de este mercado, Apple y Amazon, comunicaron hace tiempo que no permitirán legar las canciones y libros adquiridos por sus clientes, y el consiguiente debate sobre la transmisión de bienes culturales enfrenta a compañías y a usuarios, conllevando esta decisión toda una serie de potenciales consecuencias para la deteriorada industria cultural y para los usuarios y consumidores de esos bienes.

Así, una industria del sector cultural, la industria musical, afectada por la cultura digital y por sus propias e intrínsecas debilidades, en su lento proceso de reconversión para adaptarse al nuevo contexto tecnológico, social y económico, busca hacer convivir el modelo tradicional de compra física de discos con el de la venta online. Pues bien, si hasta la llegada de la cultura digital y sus nuevos modos de consumo, normalmente se adquirían discos/álbumes completos de música, en el que el valor concreto quedaba difuminado por el álbum en su conjunto, con la llegada de la cultura digital se adquieren ya canciones por separado, valoradas económicamente por las plataformas, fundamentalmente fijando precios fijos (1 Euro, por ejemplo)  por la descarga de un número de canciones ( 10, por ejemplo),  si bien con tarifas decrecientes en función del número de canciones comprometidas a descargar. Y aquellos que los adquieren son los menos, ya que cerca del 90% de los contenidos culturales consumidos online en España en 2014 fueron ilegales.

Y la pregunta obvia pasa por plantearnos si el valor del bien cultural ha disminuido en paralelo al deterioro global de la industria cultural y, si así es, si debemos adjudicar esta aparente paulatina defunción únicamente a la situación económica, a las políticas fiscales y a la ya dominante cultura de consumo digital.

Y entonces, si este nuevo paradigma plantea usos culturales y de consumo radicalmente distintos, ¿cuál sería la estrategia para reflotar el valor decreciente de este bien cultural?

¿Cómo diseñamos nuevos modelos de negocio sostenibles en este sector? ¿ Existen ejemplos?



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