Una cuestión de supervivencia

Con este post me estreno como bloguero por lo que pido cierta indulgencia a mi futura audiencia.

Quiero enfocar este blog que la Escuela de Organización Industrial (EOI) pone a mi disposición, para tratar temas relacionados con la economía, las finanzas, el contexto y las diversas estrategias que las empresas y los emprendedores pueden adoptar en función de las circunstancias de cada momento.

Para comenzar quiero hablar, de forma muy genérica, sobre la situación actual del ámbito en el que las empresas se mueven y la importancia de la planificación y la toma de decisiones activa para afrontar los retos que se le van presentando.

Una de las lecciones que nos ha demostrado la crisis actual es la diferencia fundamental que existe entre las PYMES que triunfan y las que no salen adelante: su habilidad para actuar con rapidez y flexibilidad a los retos que se les plantea.

Nos encontramos con la globalización, caracterizada por un entorno muy dinámico, en el que el término frontera tiene cada vez menos importancia, donde las distancias físicas son cada vez menores y el acceso a la información y a la comunicación es cada vez más fluido.

Estamos, en definitiva, en un mercado sin obstáculos al comercio y a la inversión y donde hay plena movilidad de personas, capitales, tecnologías e información. Desafortunadamente, también facilita la expansión de problemas como las epidemias, conflictos locales, terrorismo, migraciones masivas, tráficos ilegales (de personas, drogas, falsificaciones…), etc.

Esta mundialización de la economía, de las inversiones y del comercio es una circunstancia que incide hoy, de manera profunda y condicionante, en los procesos económicos de cada región, afectando decisivamente a los niveles de actividad y empleo, a la formación de capital, a los precios y al resto de los agregados económicos. En el plano microeconómico, es notable su influencia en los niveles de rentas salariales y beneficios empresariales, así como en la dimensión y nivel de capacidad de las unidades productivas, de sus tasas de ocupación, de sus tecnologías y competitividad.

Por otro lado, vivimos un momento delicado, enormemente complicado, que está poniendo a prueba los fundamentos económicos y políticos que teníamos por normales hasta ahora. Hay una crisis económica a nivel mundial, además de la específica española que se comenzó a intuir en el 2007 (burbujas a punto de explotar). La crisis financiera internacional pilló a España en el peor momento, con unos desequilibrios que agravaban sus consecuencias (con el déficit comercial más elevado del mundo y un nivel de endeudamiento insostenible). the_economistTodo ello nos llevó al final de la fiesta, cómo indicaba The Economist en noviembre de 2008: “Spain, The party is over”, iniciándose una resaca que podemos calificar “de caballo.” No debemos olvidar que estuvimos a punto de caer (prima de riesgo en julio de 2012 de 639, imposibilitando la financiación de la economía española), lo que sin duda hubiera provocado una recesión a nivel mundial y el hundimiento de la economía española y el estado del bienestar que disfrutamos, poniendo en peligro pilares fundamentales del sistema.

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Por supuesto, lo más devastador es el número de personas en paro. A pesar de los datos positivos de crecimiento y  sus expectativas, la situación actual es poco menos que insostenible. En 2012 se llegó a un nivel de 6 millones de parados, aunque en años posteriores ha ido reduciéndose en 500.000. En la actualidad seguimos por encima del 20% y estos datos seguramente no mejorarán sustancialmente, a niveles de 2007 y 2006 hasta dentro de, por lo menos, otros 5 años.

Con los datos de la EPA del primer trimestre de 2015 (publicados hoy, 23 de abril de 2015) vemos que se ha producido un ligero aumento de la tasa de paro (sube al 23,78%), el mayor descenso del desempleo en un primer trimestre desde 2005, pero vemos también que aumenta el número de hogares con todos los miembros en paro. En fin, las cosas van mejorando pero demasiado lentamente para las personas que viven esta situación tan dramática y durante tanto tiempo.

Sin querer ser exhaustivo, podemos valorar la situación del macroentorno (político, jurídico, social, poblacional, económico y tecnológico) durante este periodo de crisis, tomando como referencia los siguientes aspectos:

  • Elevado grado de incertidumbre, siendo difícil determinar en el corto y medio plazo la evolución de determinadas variables
  • Alta complejidad
  • Enorme volatilidad

Esta situación, que antes afectaba a determinados sectores y mercados (microentornos) de los que los inversores y las empresas huían, durante estos últimos años ha afectado al macroentorno y de éste ha ido calando a los diferentes microentornos y, por supuesto, a todas las unidades económicas y organizaciones políticas.

En los últimos años el crecimiento de la economía española se basó en la demanda interna, facilitado por un acceso fácil a la financiación.

Como consecuencia de lo anterior, la balanza comercial española ha sido tradicionalmente muy deficitaria, llegando a su nivel máximo en 2007, con un déficit comercial del 9,25% del PIB. En paralelo, las otras partidas que lo compensaban también se fueron deteriorando por un menor dinamismo del turismo, llevando a la necesidad de buscar la financiación en el exterior.

Esta era la situación de España, con enormes desequilibrios en sus cuentas exteriores, una burbuja inmobiliaria a punto de estallar y una demanda interna agotándose cuando la crisis económica y financiera internacional salió a escena.

Lógicamente, estamos obligados a cambiar, de forma drástica y rápida, nuestro modelo económico, buscando una mayor apertura hacia el exterior y reduciendo los desequilibrios tradicionales.

Este es el terreno de juego en el que nos estamos desenvolviendo en la actualidad, aunque parece que los datos avalan una clara mejoría en España, no deja de ser muy sensible a la situación global, que empeora sus datos. Esto se debe, a que los dos sectores que han empujado positivamente durante esta etapa han sido el turismo y el sector exterior español. Realmente, eran los únicos que en el corto (y medio) plazo podían hacerlo.

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Las exportaciones de bienes han crecido en media anual, desde 2008, un 4,28% y las de servicios (incluido el turismo), un 2.33%. Por otro lado, las importaciones de bienes disminuyeron en este mismo periodo un 0.16% en media anual y las de servicios cayeron un 1.37%.

Todo ello ha contribuido a que la economía española pasara de un déficit exterior en el año 2008 de 64.338 millones de euros a un superávit de 24.210 millones de euros en 2014, eliminando así la necesidad de financiación exterior.

Como conclusión podemos decir que a pesar de la dificultad del análisis, hoy en día, es cuestión de supervivencia desarrollar una adecuada planificación, con un diagnóstico de la situación y pronóstico sobre la evolución futura de determinadas variables cuyos efectos, positivos o negativos, serán decisivos para las empresas.

En un próximo post comentaremos la actitud que la empresa española está adoptando frente a este entorno, intentando analizar sus posibles decisiones con respecto a la internacionalización.

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Acerca de Ignacio de Alvear

Licenciado en Económicas y Empresariales por ICADE, con 24 años de experiencia en distintos puestos de responsabilidad, trabajando para empresas, administraciones públicas y el tercer sector. Desde 2003, como profesional, ofreciendo servicios de consultoría y formación enfocados al desarrollo y consolidación de las organizaciones.
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