Valorar Facebook, ¿camino de una segunda burbuja tecnológica?
Facebook, la red social por excelencia, la que aglutina a más de 400 millones de personas (sería uno de los mayores países del mundo por población) parece que puede estar barajando una próxima salida a bolsa. Así lo publicaba la semana pasada el blog Digits de WSJ, que hacía cábalas sobre el valor de Facebook. En el mismo se hablaba, sin rubor, de un valor entre 35.000 y 40.000 millones de dólares. Incluso algún analista le asignaba un valor de 100.000 millones de dólares en 2015. Viendo estas cifras, mi mente se trasladó hacia los años 1999-2000, donde tuvimos la oportunidad de vivir un auténtico despropósito económico, con el auge y el estallido de la primera burbuja tecnológica. ¿Estaremos en los albores de la segunda?
La primera burbuja tecnológica la viví muy de cerca desde un punto de vista académico. Era la época de la salida a bolsa de Terra y de su salto en cotización desde 11,81€ a 157,6€ en apenas tres meses; del pago de cantidades multimillonarias, por encima de los 6.000 millones de euros en el Reino Unido, por las licencias UMTS de telefónia móvil que permitirían acceder a internet desde el móvil, del frenesí de las empresas por entrar en el la red a cualquier precio (baste recordar la inversión de Santander en Patagon), etc. Las exuberantes valoraciones cualquier cosa que oliera a Internet no tenían lógica alguna.
Nuestros colegas ligados al mundo tecnológico nos indicaban, a los más próximos al ámbito financiero, que no entendíamos nada, que el mundo había cambiado y que utilizar criterios como el descuento de flujos de caja para valorar empresas tecnológicas carecía sentido. Fueron meses duros, uno no alcanzaba a ver cómo se generaba valor en aquellas empresas. Por mucho que revisáramos los estados financieros e hicieramos posibles proyecciones de cash flow libre y de tasas de descuento, no se encontraba justificación alguna a aquellas valoraciones…hasta que nos dimos cuenta de la trampa. El camino era inverso. Se trataba de buscar el modelo que permitiera llegar a dichas valoraciones, como, por ejemplo,múltiplos de páginas vistas (sin comentarios). Lo ocurrido posteriormente con el estallido de la burbuja tecnológica fue una pequeña victoria intelectual.
En aquel momento, McKinsey publico un interesante documento llamado Valuing dot-coms, indicando lo que, a su juicio, debería ser el método para valorar este tipo de empresas. La verdad es que era un híbrido entre el descuento de flujos de caja, como método, y las elucubraciones sobre el futuro, para la obtención de las variables a incorporar en el método. Hay que tener en cuenta que se utilizaban estas suposiciones sobre el futuro porque no había cash flows positivos que descontar…ni se esperaban en el corto plazo.
Hace diez años, para calcular el valor de Amazon en aquel entonces, partían de una estimación de ventas de Amazon en el año 2010 de 60.000 millones de dólares. Hace apenas dos meses, Amazon publicaba las ventas de 2009, que no llegaron a los 25.000 millones de dólares. No parace que en el 2010 puedan alcanzar la cifra estimada en aquel entonces por McKinsey. Sirva esto para ver lo que ocurre con la valoración de empresas en momentos de euforia.
La situación de la red ha variado sustancialmente en diez años. El acceso a internet y la banda ancha están en proceso de universalización, la web 2.0, donde se inscriben las redes sociales de las que forma parte Facebook, está en la agenda de todas las empresas y organizaciones como forma de comunicación bidireccional con los clientes y resto de agentes relacionados con las empresas. El mercado, en definitiva, está más maduro. Pero falta una parte por clarificar y es la manera en que las redes sociales, y en concreto Facebook, van a rentabilizar ese inmenso universo de personas y de información que disponen. ¿Como generar caja con todo eso que disponen? Ese es el quiz de la cuestión para poder valorar un empresa. La caja, siempre la caja.
Mark Zuckerberg, CEO y fundador de Facebook, afirmó en el blog de Facebook que habían alcanzado cash flow positivo (entiendo que el operativo) a mediados de 2009. Es un paso importante. El problema es que al no cotizar, la información financiera de Facebook es toda suposición.
La participación que tomó Microsoft en 2007 hizo valorar la compañía en 15.000 millones de dólares, pero era 2007 y la crisis estaba empezando. A partir de ahí, valorar una empresa que, según algunas estimaciones, facturó 360 millones de dólares en 2009, en 40.000 millones de dólares, hay un trecho. Solamente un cálculo para reflexionar: una renta perpetua de 2.000 millones de dólares descontada al 5% (una tasa baja para proyectos con riesgo), supone un valor actual de 40.000 millones de dólares. Y 2.000 millones de cash flow libre son muchos millones.
Facebook ya ha demostrado que engancha a la gente, que es útil en la manera de relacionarse. Pero a los efectos financieros también debe demostrar que sabe cómo rentabilizarla… eso evitará una posible búrbuja sobre su verdadero valor financiero.
Comentarios ( 2 )
[...] Facebook y su valoración. En la primera, post escrito el 9 de marzo de 2010, lo titulamos “Valorar Facebook ¿camino de una segunda burbuja tecnólogica?”. Hoy también escribimos sobre este asunto, al hilo de una reciente noticia sobre un posible valor de [...]
Herederos de Pacioli » Sobre el valor de las cosas: el caso Facebook enviado el 07/01/11 14:07Completamente de acuerdo, Ramón. La primera burbuja se creó desde una suposición errónea, que decía que con muchos contenidos juntos en un portal fidelizarían al usuario. Poco después se demostró que el usuario de Internet era de naturaleza promiscua
La valoración de la anterior ronda de inversión de Facebook fue obscena, porque se pagó a 238€ por usuario (http://javiercuervo.com/?p=14). El modelo de negocio ofrece dudas, especialmente en cuanto a su estabilidad en el tiempo. Y el usuario de Internet, sea el de los portales de 2001, sea el de las redes sociales de 2010, sigue caracterizándose por: frivolidad, competividad y gratuidad. De modo que difícilmente se puede mantener una cuota de mercado, y mucho menos un volumen de ingresos en este sector; el inversor que juega en el Siglo XXI con las reglas del XX, probablemente, se está equivocando.




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