¿Por qué los bancos son un problema para los estados?

Ahora que los bancos están en el punto de mira y se les acusa de haber asumido demasiados riesgos, hay que destacar que el principal ha sido el riesgo moral. El comportamiento de las entidades financieras ha estado mediatizado por un hecho que en la crisis se ha manifestado de manera meridiana: los estados no dejarían caer un banco por las repercusiones que tiene. Eso supone asumir riesgos sabiendo que, al final del día, el estado estará ahí por si hay problemas.  Y vaya si lo han hecho: los estados han invertido casi el 25% del PIB global para salvar el sistema financiero. Pero esto será poco si no se articulan otros incentivos que cambien el comportamiento de las entidades financieras.

bomberos sistema financiero

En el estupendo artículo “Banking on the state” de Andrew G Haldane y Piergiorgio Alessandri, se hace un recorrido por la relación entre los bancos y los estados a lo largo de la historia. Es curioso observar cómo la situación actual en la que los estados han tenido que apoyar a las entidades financieras es relativamente reciente y que anteriormente (desde la Edad Media) los apoyos fueron en sentido inverso, produciendose numerosos casos de “fallidos” entre los estados. En aquellos tiempos, el mayor riesgo para los bancos provenía de los estados. Ahora, el mayor riesgo para los estados proviene de los bancos. ¿Por qué ahora los bancos son un problema para los estados?

El pasado jueves 21 de enero, Obama avanzó la líneas de la reforma en el sistema financiero que pretende desarrollar. En un discurso de apenas tres páginas habló de limitar el tamaño de los bancos y de imponer  restricciones a determinadas operaciones. Finalizó retando al sector financiero “if these folks want a fight, it’s a fight I’m ready to have“.  Realmente no dijo mucho más, pero con ello bastó para varias cosas.

Primero, las bolsas acusaron el golpe. Segundo, dado que el sistema financiero no es el más popular de la clase, su propuesta cosechó numerosos aplausos  al estilo “por fin alguién pone coto a este atajo de personas sin escrúpulos que nos han llevado al abismo“. Era de esperar una reacción popular así. Sin embargo, si los bancos son hoy un problema, y de ahí la necesaria reforma financiera, el debate no es pasional, en términos de buenos y malos, y sí tiene un cariz técnico, a lo que se refiere el artículo que mencionaba en un parrafo anterior.

En el post Casino y los pagarés de Nueva Rumasa comentaba que el riesgo y la rentabilidad suelen ir intimamente unidos. Los bancos han aumentado la rentabilidad para el accionista (ROE) de manera importante: en el Reino Unido entre los años 1920 y 1970, el ROE estaba por debajo del 10%; después de las crisis de los 70 se situó en el 20% y justo antes de esta crisis estaba en el 30%. Es de esperar que a un crecimiento de la rentabilidad de esa magnitud se le asocie un riesgo importante. Y eso es lo que ha ocurrido con los bancos.

Sin embargo, este comportamiento ha estado incentivado por un comportamiento de los estados que tejieron una completa red de seguridad sobre la actividad de los bancos. Los estados han garantizado los depósitos, han garantizado la liquidez (sólo hay que ver el papel del BCE en esta crisis) y llegado el caso, los estados han realizado inyecciones de liquidez. Todo ello con un objetivo: que no cayeran las entidades bancarias. Conclusión, la propia red de seguridad que los estados dotaron al sistema financiero ha sido un arma que ha generado comportamientos indeseables. Como si en el circo los trapecistas hicieran operaciones imposibles porque saben que finalmente está la red que evitará el golpe. Su comportamiento variaría mucho si no tuvieran la red.

¿Qué hacer en este punto?

Haldane y Alessandri proponen dos tipos de medidas: unas relativas a la reducir la escala de los riesgos que las entidades toman (con el consiguiente sacrificio de la rentabilidad de las entidades financieras) con una nueva regulación y una mejor supervisión, con aspectos que afectarían al tamaño de las entidades financieras o a su estructura de capital.

Las otras relativas a rediseñar (es decir, reducir) la red de seguridad de los estados con la que operan los bancos.

Esto da para algunas preguntas curiosas: ¿estamos todos dispuestos a asumir que, por ejemplo, los depósitos bancarios no estén garantizados? Cuestiones como éstas podrián cambiar la actitud hacia el riesgo de los banqueros…aunque pueden tener un elevado coste político ¿están los estados dispuestos a tomar una medida de este tipo?


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Comentarios ( 1 Comentario )

Interesante…aunque me surgen varias preguntas.
Me haces pensar y aprendo..me gusta.

Candela enviado el 27/01/10 19:35

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