La sombra de la autocartera es alargada

El título, adaptado eso sí, de la primera novela de Miguel Delibes puede servir para mostrar hasta dónde pueden llegar las consecuencias de decisiones de compra de autocartera y su gestión poterior…y si no que se lo pregunten a BBVA. Esta misma semana el BOE publicaba la sanción impuesta al banco (2 millones de euros) por parte de la CNMV por la ocultación en cuentas secretas en Jersey y en Liechtenstein de aquella autocartera. Este hecho se reveló en el año 2000 y, entre otras cuestiones, provocó la salida del banco de Emilio Ybarra y de Pedro Luis Uriarte, presidente y consejero delegado respectivamente. La autocartera provenía del año…¡¡¡1987!!! y ahora, veintidos años después, el BBVA es sancionado, no tanto por la autocartera si no por las consecuencias derivadas de la misma.  La sombra no ha sido alargada, ha sido alargadísima.

Foto cipres

La compra de acciones propias y la generación de autocartera es una práctica habitual entre las empresas cotizadas. Pensemos primero en lo que supone tener acciones propias. Suelo decir en mis clases que tener acciones propias es una “perversión contable”. Me explico.

En su actividad normal, una empresa emite acciones (fondos propios) con las que capta fondos. Las acciones representan una parte de la propiedad de la empresa.  Con los fondos que capta realiza inversiones y una de esas inversiones, llegado el caso, puede ser la compra de sus propios títulos. Yendo al absurdo, una empresa podría tener a sus propias acciones como su principal  inversión. ¿Qué sentido tiene? Pues ninguno, y de ahí que la regulación mercantil límite la autocartera que una empresa puede tener (en el caso de una empresa cotizada el 5%). Por este motivo, las acciones propias aparecen en el balance restando  los fondos propios y, por tanto, minorando el valor contable de la empresa.

Los motivos para comprar acciones propias son muy diversos. Una puede ser con el objetivo de amortizarlas y por tanto minorar los fondos propios de la empresa. Otra puede ser con el objetivo de intentar aumentar el precio de la acción en el mercado. Al retirar acciones del mercado, el precio, por lógica de oferta y demanda suele aumentar. En algunos casos, incluso, hay empresas que quieren negociar con dichas acciones porque entienden que su valor en el mercado es bajo y son las propias empresas las que compran sus acciones para venderlas en momentos de mayor valor. Otra razón puede ser intentar evitar movimientos hostiles frente a la dirección. Los problemas aparecen cuando esa autocartera supera el límite marcado por la ley y es necesario ocultarla o matizarla.

En el caso de BBVA, la autocartera provenía de la compra que el Banco Vizcaya había realizado al grupo KIO del paquete accionarial que este poseía del banco yque provocó que la autocartera subiera por encima del 8% del propio banco. A partir de ahí todas las explicaciones son más borrosas. Por un lado que si esa autocartera se oculta en sociedades de Jersey para no minorar el valor del Vizcaya en el proceso de fusión con el Bilbao; que si se aparca en dichas sociedades porque la salida al mercado habría provocado una sensible bajada de la acción; etc.

La cuestión es que la autocartera y los resultados que aquella operación  iba generando vivieron de manera paralela a la contabilidad oficial del banco durante trece años. Seguramente este es un caso que tiene muchas más derivaciones, pero todas  surgen a partir de la compra de autocartera…que en numerosos casos genera una sombra demasiado alargada sobre los fondos propios reales de la empresa, con todas las implicaciones que tiene. Quizá por eso, no me gusten este tipo de operaciones con los fondos propios.

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