La SEC presenta el remake de “El golpe”
“El golpe” es una de mis películas favoritas. El papel de Robert Redford y, sobre todo, de Paul Newman como urdidores de toda una trama para estafar a Lonnegan, es estelar. No en vano, la película fue galardonada con siete Oscars por la Academia. Cuando todos pensamos que un remake, tan habitual en Hollywood en los últimos años, no tendría mucho sentido, va y aparece un remake…peculiar, pero remake.

El remake no lo ha hecho Hollywood, en este caso la dirección, el guión y el rodaje se han trasladado a la Costa Este de los EEUU. En concreto la puesta de largo del remake ha sido la demanda que la SEC ha presentado contra Goldman Sachs por haber ocultado información a inversores sobre un determinado vehículo de inversión.
La lectura de dicha demanda (guión de la trama) muestra como un hedge fund (Paulson) pide a Goldman Sachs que cree dicho vehículo (un CDO formado por hipotecas subprime) para apostar contra él. Paralelamente, Goldman Sachs pide a un tercero, ACA, que seleccione los valores que formarán parte del CDO y que invierta en él. Pequeño detalle según la SEC: Goldman Sachs no informa a ACA de que Paulson también participa y que apostará contra dicha inversión. Conclusión, ACA pierde 950 millones de dólares que van a parar a Paulson. Goldman Sachs fue quien adelantó el dinero a ACA para invertir.
Cuando leí la demanda, en la que van detallando las reuniones habidas, los correos emitidos y recibidos entre las partes, inmediatamente pensé en la película “El golpe” y como urden la trama para estafar al Lonnegan. Todo parece indicar, aunque ahora habrá que esperar a la defensa de Goldman Sachs contra dicha demanda, que, como en la película, dos personajes (Paulson y Goldman Sachs) se ponen de acuerdo para engañar a un tercero (ACA). El único mátiz es que ”El golpe” era una película y servía para pasar un buen rato. La demanda de la SEC es sobre unos hechos reales que ponen bien a las claras la esquizofrenia en la que han vivido las instituciones financieras en la busqueda de mejores resultados y mayor rentabilidad.
Al calor de unos instrumentos financieros, no ya complejos, si no que el propio Tourre, el vicepresident de Goldman Sachs acusado, califica como “incomprensibles”, determinadas entidades financieras han diseminado activos tóxicos por todo el mundo. Es evidente que había una contraparte que compraba, atraida por unas elevadas rentabilidades obviando, en muchos casos, la relación entre rentabilidad y riesgo. El precio pagado es altísimo y de eso somos conscientes.
Por eso es el momento de poner coto a determinadas prácticas, sobre todo con instrumentos derivados, que han olvidado su esencia inicial de cubrir o reducir riesgos de operaciones futuras. Los derivados financieros han alcanzado categoría propia como instrumentos de inversión y a base de hacer derivados de derivados, nos hemos olvidado del activo subyacente que hay al principio de toda la cadena: por ejemplo una deuda hipotecaria. De esta manera, los derivados han transformado determinados mercados financieros en un verdadero casino. El inversor desconoce realmente los motivos por los que puede ganar o perder, lo único que importa es la afición al riesgo y la esperanza de mucha rentabilidad.
Es el momento de volver a los orígenes y de limpiar el sistema financiero de profesionales y de instituciones que han tenido comportamientos deshonestos, con evidentes conflictos de intereses y que han sembrado la duda en todo el sistema. Y con la duda no se vive.




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