Houston..tenemos un problema

En este mes se cumplen 40 años de esta conocida frase pronunciada por los astronautas del Apolo13 en su vuelo a la Luna. Cuando, haciendo un paralelismo, se aplica al sector financiero español la frase debería ser “Houston…tenemos muchos problemas”. En le centro de control de la NASA la frase pudo sorprender. En el centro de control del sector financiero, el Banco de España, ya no sorprendería nada.

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Ya no hay paños calientes ni medias tintas. Diariamente leemos y escuchamos que hay que reestructurar el sector financiero, que hay un exceso de capacidad en el sector, que la mora, de por sí ya alta, seguirá creciendo si no se toman otras medidas en el terreno económico, que las necesidades de capital alcanzan los 300.000 millones de euros (por cierto, la cifra en número es similar a la distancia que el Apolo 13 tenía a la Tierra cuando se emitió el archiconocido mensaje: 320.000 kilómetros) … 

Hace apenas un año, tras la intervención de Caja Castilla La Mancha, las voces eran de prudencia y destacando la solvencia del sector financiero, como garantía de que dicha intervención era un caso aislado. En el mes de diciembre, en este mismo blog se publicó el post “Sindrome de diógenes empresarial” intentando hacer ver que la situación que se reflejaba en las cuentas de resultados de las entidades financieras no se correpondía exactamente con la realidad de la valoración de los activos. Ahora el debate ya es público y notorio. El sector financiero español requiere una reestructuración y cuanto más tarde en producirse, peor.

La primera pregunta que uno se puede hacer es cómo un sector que era considerado en los años previos a la crisis como uno de los mejores a nivel mundial, esté ahora en una situación donde se habla de clara reestructuración y ajuste (compras, fusiones, desapariciones).

La respuesta es bastante sencilla. En los años del boom inmobiliario, la financiación del sector inmobiliario, tanto particulares como promotores (auténtico subprime español) suponía rápido crecimiento con un riesgo retardado: era una bomba de relojería con un temporizador de años. Eso es lo que ahora estalla. El dinero exterior prestado al sector financiero español hay que devolverlo, la situación económica hace que la mora aumente y los activos se deterioren. Basilea III supone, además, unas necesidades de capital que director general de La Caixa ha cifrado en 348.000 millones de eurosEn definitiva, menos recursos generados (las cuentas de resultados ya lo reflejan), más necesidades de capital (la incipiente guerra del pasivo) y una economía que necesita que las empresas y particulares dispongan de liquidez para seguir adelante. Este último es el verdadero problema.

Y es que podríamos pensar que una crisis en el sector financiero, con desaparición de entidades, fusiones, compras, intervenciones, tiene el mismo impacto que, por ejemplo, el sector editorial o el sector farmaceútico, por citar algunos. Sin embargo, todos somos conscientes que hay un “plus de peligrosidad” en una crisis en el sector financiero. De mano, el precio que hay que pagar es que las entidades son más reacias a prestar para cualquier tipo de actividad, lo cual daña sobremanera el consumo y la inversión productiva.

Todas las voces que piden que el sector financiero facilite el crédito, claman en el desierto. La realidad de las entidades financieras es que el foco se ha puesto en la gestión del riesgo y las condiciones para acceder al crédito (sin ni siquiera  entrar en consideraciones de tipo de interés) se han endurecido de manera notable. Y si no hay crédito (lease confianza) la recuperación económica tardará en llegar. Y si no hay recuperación económica, las condiciones de acceso al crédito seguirán siendo duras. Una pescadilla que se muerde la cola.

En el caso del Apolo 13 se tomaron toda una serie de medidas de emergencia que permitieron salvar a la tripulación, aunque hubo que abortar gran parte de la misión que tenía encomendada. La realidad es que el tiempo era una variable crucial. Nos encontramos en un caso similar. No podemos permitirnos el lujo de retrasar el ajuste en el sector financiero. Aquí, aparte de la tripulación, hay millones de empresas y particulares esperando que la situación financiera vuelva a niveles de normalidad…que en ningún caso será la de esos años previos a la crisis en que vivimos peligrosamente.

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