¿Dónde están los intangibles en los estados financieros?
Hace dos mil años en Europa se hablaba el latín. Una lengua que tras la caida del Imperio Romano fue cayendo en desuso. Hoy en día es catalogada como una lengua muerta. No obstante, si en alguna cena de amigos hay alguién que sabe latín, éste es admirado (¡¡Que culto, sabe latín!!) e incluso le pedirán que diga alguna frase…aunque la utilidad para la vida práctica diaria sea menor ó nula. Algo así puede ocurrirle al lenguaje contable, y a los que conocemos algo de él, si no se ajusta a los tiempos. Un ejemplo claro es lo que ocurre con los intangibles.
Los activos intangibles siempre han sido un problema para la contabilidad. Esta disciplina que puso en marcha nuestro insigne Pacioli, a quien debemos, entre otras cosas, el nombre de este blog, está reñida con los activos inmateriales que las empresas acumulan y que rara vez se reflejan adecuadamente en los estados financieros.
Convendremos en que las empresas han evolucionado mucho desde la Revolución Industrial. En aquellos momentos, los activos materiales eran los que tenían valor en las empresas: fábricas, máquinas, inventarios, etc. Sin embargo, hoy en día el principal valor en las organizaciones suele estar asentado en activos de carácter inmaterial: redes de clientes, reputación, investigación y desarrollo, marca, cualificación de empleados y colaboradores, poder de relacion con diferentes agentes en el mercado, etc. Recientemente, en un acto en EOI con el Instituto de Análisis de Intangibles (IAI), Luis Abril, presidente de IAI y Secretario general Técnico de la Presidencia de Telefonica, indicaba que los intangibles están hoy en día en el centro de las empresas y que están en el centro de la solución de los temas de futuro. La importancia es, sin duda, manifiesta. ¿Cómo se reflejan, entonces, todos esos activos en los estados financieros?…pues básicamente mal o, directamente, no se reflejan.
En el anterior post Apple (o Steve Jobs): una máquina de hacer caja, se mencionaba que el valor en el mercado de Apple ascendía a unos 185.000 millones de dólares, cuando su valor contable está en el entorno de los 36.000 millones de dólares (tomando los datos del último balance públicado). Es evidente que el mercado estima que hay activos que no están reflejados en dicho balance y a los que le asigna un valor de uno 150.000 millones de dólares. Habrá quien afirme que el mercado es volatil y que el valor de mercado oscila a diario. De acuerdo, pero hay un hecho incontestable. Aún con dichas oscilaciones, hay un enorme valor que el mercado aprecia y que no aparece reflejado en los estados financieros.
La solución se antoja complicada. Por un lado, la contabilidad es una disciplina triste. Me explico. Lo malo en las empresas, ya sea real o potencial, hay que reflejarlo inmediatamente (siempre que no medie un interés para no hacerlo…). Sin embargo, los aspectos positivos de caracter potencial no se reflejan. Sólo aquellos que sean una realidad y, además, sean valorables de manera objetiva y provengan de una transacción.
Por ejemplo, que una empresa ha desarrollado una reputación intachable y que la misma tiene un valor…pues fenomenal y enhorabuena a los accionistas, pero eso no aparece en el balance. El razonamiento de la contabilidad es que eso abriría la puerta a la subjetividad en la valoración, ya que no hay una transacción que defina el valor. Conclusión, la reputación, o cualquier otro activo intangible que desarrolle la empresa puede crecer, el mercado la puede apreciar, pero la contabilidad no la va a reflejar. Y de esta manera, la contabilidad, y los estados financieros que ésta genera, se va alejando cada vez más de la realidad.
El gran problema que se suele arguir para no incorporarlos a los estados financieros es la dificultad en valorar este tipo de activos. Se suele argumentar que no hay mercados suficientemente eficientes de gran parte de estos activos, lo que provoca que la determinación de su valor sea poco fiable.
Recientemente Stephen Penman, profesor de contabilidad en Columbia y codirector del Center for Excellence in Accounting and Security Analysis (CEASA) de Columbia Business School, publicaba el artículo “Accounting for Intangible Assets: there is also an income statement” donde refleja bien a las claras este problema y establece alguna forma de valorar los intangibles de las empresas, a partir de la cuenta de resultados.
Otro profesor de contabilidad que ha hecho de los intangibles el centro de su actividad es Baruch Lev, profesor de Stern School of Business en NYU. Desde hace años llama la atención sobre el nulo papel que los intangibles tienen en los estados financieros de las empresas, mientras su importancia real crece y crece.
Personalmente prefiero tener unos estados financieros más ajustados a la realidad, aunque puedan introducir mayores dosis subjetividad (que por cierto, ya la hay en los estados financieros). La alternativa es la situación actual, donde por dar una valoración más objetiva, un porcentaje importante del valor de las empresas es mutilado en los estados financieros.
Si la contabilidad no se actualiza, además tengo un riesgo personal. Siempre puede ocurrir que en la próxima cena de amigos alguien diga “que culto, sabe contabilidad…esa lengua muerta”.

