El Principio de Eisenhower o cómo distribuir la carga de trabajo

Dwight D. Eisenhower, primero general jefe de las fuerzas aliadas en Europa durante la II Guerra Mundial y luego presidente de los Estados Unidos desde 1953 hasta 1961, se preocupó por estructurar su tiempo y dedicar a las tareas importantes y estratégicas todas las horas necesarias, apartando la solución de las pequeñas cosas o de aquellas que, en aquel instante, no eran trascendentes.

Eisenhower creó un modelo, hoy un modelo clásico pero aún válido, para priorizar las cargas de trabajo que partía de la eliminación total de la lista preconcebida de las cosas que tenemos que hacer. Es decir: mente en blanco y partir de cero. Seguidamente hay que marcar un objetivo final, bien sea obtener los mejores resultados, tener contento al jefe, satisfacer las necesidades del cliente u otro cualquiera. Y finalmente, relacionar el denominado “Rol de Tareas”, es decir, la lista de las cosas que hay que hacer, con ese objetivo.

Es el momento de organizar esa lista y clasificarla en las cuatro categorías. Al parecer, así lo hizo cuando planeó la Operación Overlord que concluyó con el famoso Día D y el desembarco de Normandía. En esta ocasión, y debido a la gran cantidad de decisiones que debería tomar en el poco tiempo disponible, inventó su “caja”, que estructuró en una sencilla matriz:

 

Caja de Eisenhower

 

Esta “Caja IKE” funcionó impecablemente, y cuando parecía que iba a caer en desuso surgió en 2013 la firma Appfluence, que lanzó unos meses después Priority Matrix, una app en materia de toma de decisiones. Su éxito fue espectacular. De ahí surgirían otras apps como Dropbox o Todoist, y todas con desarrollos impresionantes.

El verdadero valor de la “Caja IKE” está en el tratamiento que debemos dar a la gran cantidad de cosas que cada día nos toca hacer y que realmente no son importantes. Si bien unas se quedan sin hacer y no pasa nada, otras deben ejecutarse aunque tengan poca trascendencia. Por ello los criterios de la delegación toman especial relevancia. Estos criterios se desarrollarían pocos años después con una inagotable experiencia y doctrina.

Si tuviéramos que resumir los efectos del Principio Eisenhower tendríamos que recurrir a esta frase universal:

 

“Lo que es importante pocas veces es urgente y lo que es urgente pocas veces es importante”.

 

También se podría recordar el Principio de Stephen Covey, que confirma que lo importante es todo lo que tiene que ver con nuestro futuro, y lo urgente lo que corresponde al día al día.


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