Cardio Management. II Personal Stress Control

El autoconocimiento y el autocontrol son los dos primeros dominios de la inteligencia emocional. Con ellos se pretende no solo que las circunstancias ajenas no afecten a nuestras emociones y por lo tanto las actuaciones sean lo más independientes y objetivas posibles, sino que las personas se comprometan con aquello que responsablemente consideren que están capacitadas para ejecutar. La infravaloración personal es tan mala como la autoestima exagerada. Conocerse a sí mismo es manifestar la voluntad de mejora y la conciencia de la realidad.

Fuente de la imagen: bottled_void en Flickr

Una derivación evidente de la combinación de ambos dominios es el Personal Stress Control (P.S.C.), cada vez más en boga entre los altos directivos de las grandes organizaciones. Ser capaz de controlar el propio estrés es una enorme ventaja para la eficiencia referida a las decisiones realmente importantes.

P.S.C. es en realidad un test que nos permite conocernos un poco mejor y saber qué elementos nos afectan y nos limitan más. En concreto el P.S.C. nos pone en situaciones ‘de disparo’ y en ellas tenemos que desenvolvernos. Las situaciones ‘de disparo’ son aquellas que inciden en nuestro sistema nervioso y provocan tensión emocional.

El cuerpo responde activando determinadas neuronas (adrenales) todas ellas bajo la dirección del hipotálamo. La acción de estas neuronas producen determinados efectos como el aumento de la frecuencia cardiaca, (pulsaciones), de la tensión arterial, la respiración, también el hígado da salida a la glucosa en stock, aparece el sudor e incluso la dilatación de las pupilas. Ésta es la respuesta al estrés. Se dice entonces que las personas saben o pueden funcionar bajo presión.

Fuente de la imagen: Alan Cleaver en Flickr

En otros supuestos en los que no ocurre así, el estrés ha vencido y el individuo es incapaz de actuar eficientemente porque se ha bloqueado.

El funcionamiento correcto del corazón busca su máxima validez física a través de su relación con el cerebro. En este caso no es físico sino intelectual, produciendo el denominado estado de equilibro cardiaco-neuronal, estado de privilegio hacia el cual el hombre debería tender permanentemente. Frente a esta bonomía el estrés y la ansiedad nos terminan dominando.

“El bienestar y el intelecto son las dos bendiciones de la vida” expresaba Menander. Alan Cohen recomendaba: “Se feliz con lo que tienes y excítate con lo que quieres”. “El bienestar y la energía se engendran mutuamente” según Joseph Addison. Y para acabar, una deliciosa sentencia de Doug Larson: “La esperanza de vida crecería a pasos agigantados si los vegetales oliesen tan bien como el bacon”.


Suscribirse a comentarios Respuestas cerradas, se permiten trackback. |

Comentarios cerrados.


Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies