Elegí mal y tardé demasiado en darme cuenta

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Muchas son las voces de gente “joven” (refiriéndome a personas de menos de 50 años) que hablan del machismo como un fenómeno superado; tampoco son pocas las que señalan a la mujer como única responsable de su destino… Salvo lo relativo a agresiones físicas con lesiones exhibibles, en las grandes ciudades, parece como si el patriarcado se tratara de un fantasma de otro tiempo, un fenómeno del pasado muerto y enterrado.

Recuerdo que antes de…, bueno, hace unos años yo también pensaba así, luego… no sabría ni por dónde empezar, pero después de… lo veo de frente, inmutable y admiro su sutileza; tan sigiloso que tantos y tantas creen haberlo vencido. Y ahora que veo la trampa cara a cara, trato de señalarla con el dedo y avisar de su presencia a quienes llegan después. ¡Me toman por loca! Ver para creer.

Mi dilema está en insistir en delatarlo o dejarlo ganar; ya recibí mi dosis de sodomía y esa no me la quita nadie. No sé qué tal ando de fuerzas para el escepticismo y la incredulidad de quienes aterrizan inventándolo todo, también la pólvora, por supuesto. Ni siquiera a mis propias hijas puedo plasmarles el aprendizaje de lo vivido, les debo una buena imagen de su padre… todo son contradicciones, conflictos morales,…

Todas y todos tenemos derecho a tropezar, a caer y aprender a coscorrones. Quién soy yo para restarles a los demás sus propias experiencias, el privilegio de cometer los mismos errores (quizá las más acertadas clases magistrales recibidas en primera persona). Esa mínima inquietud por compartir que subyace en el fondo de mi conciencia tiene contaminada su nobleza de sed de venganza e ira. A la postre es mejor dejarla dormir y no percibirla más. Duele recordar, duele analizar, duele pensar, duele aprender y sobre todo duele comunicar lo que ha pasado. La culpa de guardar silencio es más llevadera.

No se entienda que ha terminado en fracaso, porque no es así. Mi perfeccionismo envía una visión derrotista, pero fue victoria contundente. Claro que fallé tantos tiros que… desde luego no fue ningún paseo. Siete años de mi vida perdidos en librarme de “Satanás”, un demonio que a la postre yo introduje, y sólo yo tengo la culpa de que ahí estuviera. Soy responsable de todo este desastre y de todas las consecuencias que de él se derivan. El sabor es agridulce. Como cualquier guerra, la experiencia es ácida, nadie sale ileso. Se sufren mutilaciones, las mayores en la expresión.

Busco mi sonrisa, en realidad busco su espontaneidad y naturalidad, ahora parece sintética, artificial. Las heridas de la contienda se acumulan en su gesto. Los lunes a primera hora de la mañana incluso esquivo mi propia mirada, no la puedo sujetar, en seguida bajo los ojos y la esquivo. Eludo detenerme frente a los espejos de casa.

Cuestiono si merecía la pena. Sé que no podía ser de otra manera, lo que me lleva a cuestionar toda mi existencia. Reviso incluso mis planteamientos metafísicos, llego a rebuscar si acaso quedara algún mínimo resto de fe en algún ser superior con el que derribar mi escepticismo. Necesito la falacia del calor y reconforte celestial. ¿Por qué no puedo someterme, por qué esta rebeldía extrema que en el fondo compite desesperada con la finitud?

Acepto el fatal destino y me aplaco ante lo inevitable. Sólo entonces consigo girar la mirada fuera de mí, abandono mi ombligo y veo a Susana, con la cara completamente tapada de maquillajes, intento hacer memoria de cómo es su rostro al natural y no consigo recordarlo. Noto que mis poros se asfixian evocando la sensación de los polvos y las cremas con las que jugábamos de adolescentes. Me pregunto cómo es posible que se embadurne con ellos a diario. Condenada en la prisión de los cosméticos, reniega de sí cada vez que se cubre la cara. No hay diálogo en este sentido, ella defiende su propia identidad y su libertad de encarcelar su aspecto. No lo comprendo aunque he aprendido a respetarlo. Me sonrío pensando que mi novio se acuesta y se levanta con la misma persona. Por lo menos soy libre de ocultar día a día mi imagen verdadera. La asumo como es. Ojalá fuera capaz de asumir también las equivocaciones que me han traído hasta aquí con la misma naturalidad.

Sigo paseando mi vista y veo a Marta, desvalorizando su esclavitud para con los suyos, otorgándose cada día los papeles secundarios en todos los escenarios de su vida. Me cuesta seguir compartiendo reparto con mi patológica aptitud de protagonista crónica. Asume todas las tareas de cuidado de su familia extendida, sacrificando cualquier opción de desarrollo personal y profesional propia. Nadie le pregunta por sus inquietudes, todos asumen que realiza esto con gusto porque genéticamente está dotada para ello. Nunca se queja, rara vez se le escapa algún anhelo relativo a proyectos sacrificados.

También está Patricia, llevando a la excelencia el cuidado de su hogar. Hace tiempo que no menciona sus intentos de buscar un trabajo, desistió de enviar su currículo la quincuagésima vez que le preguntaron si tenía hijos, este día también fue la trigésimo cuarta vez que le explicaron qué significa horario flexible y la aptitud esperada de responsabilidad en el desempeño. Media jornada sólo son 12 horas, la conciliación de la vida familiar y profesional permite volver a casa a tiempo de darle las buenas noches a los hijos.

Las tres felizmente casadas con hombres de brillante carrera. Ellos son súper sensibles a los derechos de la mujer y sienten mucho que sus parejas no hayan conseguido un trabajo lleno de ascensos y oportunidades compatibles con el cuidado de sus hijos. No se lo explican, máxime teniendo en cuenta todo lo que ellos “ayudan” (tatúan así la responsabilidad de todas las tareas que entran en conflicto con el desarrollo de sus propias carrearas profesionales en ellas). Mi favorito es Javier, quién además demuestra que contablemente no es rentable que Patricia trabaje. Total, su sueldo se iba enterito en guarderías y la indemnización de cuando aceptó el cese en el ERE sirvió para comprarse el monovolumen, que buena falta hacía en casa y que por supuesto sólo conduce él. Qué fatalidad que tras dos años con él de copiloto a Patricia le salió amaxofobia.

Callo y guardo silencio. Guardo silencio y callo. Mientras me pregunto si de verdad no lo ven. ¿Cómo saben ellas que no serán abandonadas en plena menopausia por “otra”, esa que siempre es una mujer más joven con las caderas intactas y el vientre plano gracias a las hormonas que la mantienen infértil? ¿De qué manera van a ser compensadas por esos años sin cotizaciones a la Seguridad Social? Hace ya varios años que dicen que van a calcular las pensiones, si no las quitan, computando toda la vida laboral. ¿Pero es que no ven el riesgo? Alguna vez que me he tentado en advertirlas, pero me dicen que no lo entiendo porque no he tenido la suerte de encontrar una persona que es la mitad de una misma, con la que tienen una unión tal que la fisión nuclear se queda corta. Se llenan la boca hablándome de amores por encima de los firmamentos y los dioses de todas las religiones mundiales y no sé qué más añaden, porque llegados a este punto en la conversación me abstraigo.

Para equilibrar oportunidades, busco fórmulas en las que se comparta el riesgo del parón en sus carreras profesionales en las parejas y no las hallo. En seguida me las tiran todas abajo. Mis amigas aseguran que si necesitan trabajar ya lo harán, además con el “sueldazo” que ganan sus maridos (gracias a sus sacrificios, aunque esto no lo apuntan) cualquier juez les otorgará la custodia de sus hijos y unas abultadas pensiones con las que salir adelante sin problemas,… y por supuesto el chalet. Seguro que con sus súper pensiones les sobra para poner la calefacción a veinticuatro grados día y noche como acostumbran.

No leen en prensa que cada vez las pensiones compensatorias se otorgan menos y cuando lo hacen es de manera provisional por un periodo de tres o cinco años; que las hipotecas dejan de pagarse como gananciales al cincuenta por ciento desde el momento de la separación, quien paga acumula porcentaje y el usufructo de las casas es sólo por unos años, se pierde cuando los vástagos levantan el vuelo; que no hay compensación ni subsanación posible en el tiempo perdido. Nadie volverá los relojes atrás. Nunca volverán a tener veinte años.

No consigo inquietarlas, no sé si por impotencia ante lo que consideran inevitable o por falta de consciencia de lo que puede avecinarse. No tiene por qué irles igual que a mí. Me acusan, seguramente con razón, de catastrofismo. Nada de esto les preocupa, ahí están plancha que te plancha una camisita, una corbatita… ¡Hay que ver “la” Belén Esteban qué gorda se ha puesto!…

A la postre, ¿quién soy yo para hablar con lo bien que me ha ido? Aún a diario cosecho las recompensas de mi gesto agrio durante todo este tiempo de batalla; las retribuciones por el miedo sufrido se materializan en castigo en muchos ámbitos donde no se comprenden mis actitudes. A veces se hace un tanto cuesta arriba tanto reconocimiento, pero en comparación con lo vivido, son retales de poco peso. Trato de explicarme en busca de empatías que alivien tanta punición y sólo acierto a decir: “Elegí mal y tardé demasiado en darme cuenta”, contar más sería alentar el morbo y el victimismo con algo que a día de hoy, afortunadamente, es historia.

Besitos efusivos.
Enaus, septiembre 2015.


Más creatividad

Los seres humanos desde el nacimiento, nacemos con una cualidad llamada “creatividad”, no es una rareza o don de pocas personas, es una característica que todos tenemos, la diferencia es que algunos la saben desarrollar al máximo y otros no.

Esto es por varias razones, desde el miedo que tiene la sociedad a arriesgarse a lo que no conoce hasta el creer que no son capaces. No es que no podamos ser creativos, es que somos creativos porque somos seres humanos.

Desde la antigüedad se muestra la creatividad por medio del intento, un ejemplo son los primeros habitantes sintiendo el deseo de crear, tomando dos rocas, frotarlas entre si y así crear fuego.

Las personas que desarrollan más esta cualidad como un estilo de vida por lo general tienen iniciativa, independencia, autoconfianza, persistencia, curiosidad, espontaneidad e intuición, así como independencia de pensamiento.

Según he podido leer, por medio de varios estudios, se ha comprobado que un acto de creatividad sería imposible sin fluidez, flexibilidad, originalidad y elaboración.

A lo largo de los tiempos ha existido una tendencia a creer que uno mismo no es creativo, que la creatividad es una facultad reservada para unos pocos genios, creando así cierta envidia, sin llegar a pensar que solo es cuestión de llevar una vida creativa para fomentarla.

Esta tendencia se cuestiona con una nueva de aproximadamente 10 años, dónde cada vez hay más objetos diferente por gente que se atreve a dejar las rutinas establecidas por la sociedad creando arte y así expresando su forma de ser y pensar.

Rafa M.


Crisis en convivencia Versus Convivencia en crisis

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Madrid, diciembre de 2014

 

Tengo un inquilino en casa. Se llama Eduardo. Dice tener cincuenta y dos años y residir en Sant Feliu de Guixols, Gerona, con su mujer y sus tres hijos ya universitarios. Trabaja en Madrid temporalmente y tiene mi casa como base entre semana. Así que ahora, a mis cuarenta años, tengo por primera vez “¡un hombre en casa que nos paga las facturas!”, a mí y a mis hijas. Según quién me lea y cuánto me conozca, apreciará la ironía de esta expresión, polisémica donde las haya. Por aquello del qué dirán y guardar las apariencias dejémoslo casi así, nunca se sabe quién pueda leerle a una. Solo añadiré que la que suscribe es soltera y sin ganas de compromiso.

Eduardo marcha temprano, antes de que nosotras nos levantemos, y cuando llegamos por la tarde en seguida se retira a sus aposentos. Los fines de semana se reúne con su familia en Sant Feliu de Guixols, y no regresa hasta el lunes. Lo elegí a él precisamente, porque valoré que coincidiríamos así de poco, muy poco.

Lo que más me está costando conducir, y que quizá sea el asunto de mayor importancia para la convivencia, es la limpieza. Tengo contratados los servicios de una señora que pone orden dos horas por semana, lo justo para darle un repasito a los baños, el fogón y barrer los suelos. Era una medida profiláctica ante conflictos y malos rollos, pero me cuestiono su efectividad cada vez con más frecuencia.

Hablar, la verdad que Eduardo y yo hemos hablado muy poco, y con muy poco encuentro en gustos y opiniones. Pero aun así, soy capaz de contar algunas cosas sobre él. Ya son dos meses los que llevamos conviviendo y empiezo a conocerlo. En cierta ocasión Eduardo me explicó que “las mujeres tenemos especial sensibilidad para…” no sé qué, oír estas cosas es consecuencia directa de tener “¡un hombre en casa que nos paga las facturas!”. Me repito a menudo esta frase como si fuera un padrenuestro al ritmo de inspiración, expiración, inspiración, expiración…, me ayuda a controlarme en ciertos momentos.

Eduardo no ve la suciedad. Parece tener bien la vista, porque leer, lee sin gafas. O me habrá entendido mal sobre las horas de asistenta, y apuesto que cree que viene a diario, a juzgar por lo que se esfuerza en mantener la limpieza y el orden en zonas comunes. Por las mañanas, día sí y día también, me deja la mesa del comedor bastante salpicada de leche, cereales y azúcar. De hecho, él solo ensucia más que mis dos hijas de seis y ocho años juntas. Al principio se sentaba en una silla distinta a las que nosotras usamos, ocupando la mitad al fondo de la mesa. Limpiaba únicamente nuestro lado, esperando que en algún momento se diera cuenta; pero el plan me ha salido rana, porque al ver que su sitio estaba sucio y el nuestro limpio, ha cambiado de puesto y ahora ocupa el de Iara, la menor de mis hijas. Así que lo tengo que limpiar por narices para que Iara pueda sentarse y desayunar a gusto.

Al poco de su llegada, una tarde en el salón, apenas cruzamos un par de frases sobre el tema religión y, tanto uno como otro, nos dimos cuenta de que era una conversación poco “conveniente”. No lo hemos vuelto a sacar. Aun así he deducido que Eduardo debe ser un hombre profundamente religioso. Hay otros aspectos de la convivencia, como el asunto de la colada, que me han mostrado que su fe y esperanza no tienen límites y con ellas estamos poniendo a prueba mi paciencia.

Un buen día directamente me ordenó: “¡El tema del tendedero tienes que resolverlo!” En mi casa no hay tendedero, esos metros se los di a la cocina para que pudiera ser cocina. Mientras sobreviviendo a la crisis alquilo su cuarto, no he colocado mesa en la cocina y así puedo disponer de ese espacio para desplegar el tendedero cuando es necesario. Le expliqué que la situación actual es la solución por la que he optado, asumiendo todos sus pros y sus contras. Le puse en antecedentes, comentándole los detalles de la reforma que hice…

Más adelante sacó de nuevo el tema para proponer como solución una secadora, como en su casa, donde disponen de una. Me informó que su mujer también trabaja (se refería a fuera de casa). Valoré muy positivamente que me compartiera algo de sí. Pero le contesté que la secadora, no tenía dónde meterla salvo su cuarto y coincidió en que ahí no era buena idea.

Así como quien no quiere la cosa, también me dejó caer que existen en el mercado lavadoras-secadoras combinadas en un único electrodoméstico. Mandó pues, que retirase la lavadora y la sustituyera, ¡Ar! Obvié que aspiro a que la lavadora recién comprada dure diez años antes de sustituirla, si no veinte. Y efectivamente, reconocí que así es, estaba al tanto, porque había visto los combinados cuando anduve eligiendo lavadora; sin embargo, me habían informado que no eran buenos ni como una cosa ni como la otra, y que no teniendo espacio para poner ambos, quizá era mejor prescindir de la secadora. No recuerdo si añadió algo más cuando le compartí mis experiencias en análisis de mercado y compra de electrodomésticos, pero apostaría que de nuevo me recordó que en su casa disponía de una secadora y por qué. Sin duda, Eduardo ha leído artículos sobre la liberación de la mujer a raíz de la adquisición de lavadoras y otros electrodomésticos.

Otro día, se decidió a utilizar el horno a vapor, ¡la joya de mi cocina! Habíamos hablado un par de veces sobre ello y por fin se lanzó. Al rato, cuando fui a por agua, detecté que olía raro, así que abrí el horno y me encontré con que estaba todo negro y humeante. ¡Pensé que lo había quemado! Me apresuré a limpiarlo y, mientras, me di cuenta de que ¡solo era tierra!; Eduardo había olvidado poner la bandeja que recoge los líquidos, y estos se habían derramado sobre el quemador; de la cantidad de tierra deduje que había cocinado patatas, y sin lavar, claro. Le informé de cómo tenía que usar el horno en sucesivas ocasiones. En su defensa señaló que yo no le había explicado bien cómo usarlo y que la culpa era mía; pues me quedé con la culpa y no incidí más, pero recordaba perfectamente cómo me dejó a mitad de frase cuando lo hice, haciéndome notar que le sobraban mis explicaciones. Un par de días más tarde opinó que el horno a vapor ese no lo veía muy útil y que quitándolo podría tener espacio para poner una secadora, como en su casa de Sant Feliu de Guixols donde tiene una, ya que su mujer trabaja también fuera. Le compartí que para mí era el electrodoméstico mejor comprado de toda la cocina, y que por nada del mundo estaría dispuesta a prescindir de él. Desvié a córner sugiriéndole que se comprase unos espárragos blancos y los probara al vapor, acompañados de una vinagreta suave a base de…

La última tentativa ha venido apoyada en el estudio de unos investigadores. Estos días atrás he adquirido unos documentales con los que completar a Vilma (la mayor) información sobre lo que estudia en Ciencias Naturales (ella lo llama Science, es generación bilingüe): El Universo, los movimientos de La Tierra, el desarrollo de las especies, el ciclo del agua… Hemos estado reservando momentos para verlos las tres juntas. Eduardo, sin duda, es un tipo perspicaz y audaz. Observándonos, ha diseñado una interesante estrategia para acercarme a la verdad sobre su imperiosa necesidad de una secadora, encontrando un buen ángulo para atacar el tema desde el punto de vista científico. Así, me ha compartido singulares detalles sobre las investigaciones de estos ingleses que, entre otras cosas de menor interés, dicen que tender la ropa dentro de casa es malo y pueden salir hongos. Esta vez le he dado la razón (casi veo la luz), si lo dicen unos científicos no era cosa de ponerse a discutirlo, y también le he dado fe de que salen hongos, recordando cuando estuve viviendo en Dublín: allí con la humedad que había, secar la ropa era misión imposible. Tender en la calle exigía estar en casa por si empezaba a llover, cosa que sucedía cada pocas horas; Y al tender dentro de casa, la ropa se acababa pudriendo porque no se secaba nunca. He seguido señalando que en Sant Feliu de Guixols, posiblemente una secadora haga muy buen servicio (no olvide el lector que Eduardo tiene una allí porque su mujer trabaja también fuera de casa), al ser mucho más sur y estando igualmente en la costa, es presumible que la humedad sea similar o superior (supongo sin saber mucho); por fin he apuntado que nosotros vivimos en Madrid, con clima continental, muy seco, extremadamente seco; ahí ya con el tema bien centradito, le explicado sin tapujos que no tengo ninguna intención de comprar una secadora. Él ha dicho que no lo decía por eso y yo por supuesto me lo he creído.

No dudo que más adelante encuentre de nuevo ocasión de probar mi paciencia con su fe, y que seguro no haya perdido la esperanza. Pero de momento, creo que no lo llevo mal del todo y estoy aguantando bastante bien la presión. Paradójicamente, con tanto temple voy a terminar por ganarme el cielo de su credo. Lástima que no esté en mis planes resucitar para hacer uso.

Otro motivo de conflicto, también dentro de la cocina, son la placa y la encimera. Sin ir más lejos, el lunes pasado coció unas patatas en un cazo; se ve que, sabedor de que el horno a vapor pueda ser el responsable de que no quepa la secadora, ha decidido hacerle boicot: ya no lo usa. Entraba yo en la cocina y quiso mostrarme lo apañado que es: con un tenedor sacó las patatas a un plato y tomó un cuenco, poniendo sobre él el escurridor, aproximadamente cuatro veces mayor en tamaño y, explicándome que el caldo lo guardaba para una sopa, se dispuso a trasvasar el agua del cazo al cuenco .Yo intenté detenerle sugiriendo que, ¡por favor!, lo hiciera dentro del fregadero, pero ignoró mi consejo diciendo “¡No hace falta!”, procediendo inevitablemente a derramar más líquido del que encestaba. Pero Eduardo es hombre sabio y, viendo la que estaba organizando, rectificó y supo terminar su hacienda dentro del fregadero. Me salí de la cocina por no ponerlo nervioso y concederle cierta intimidad en su torpeza, confiada en que recogería el líquido derramado, hablo de un buen charco repartido entre la placa y la encimera. Esa noche nuestra cena estaba en el horno, no haría uso de la placa y le di un margen de tiempo, acaso quemaba recién derramado. He estado sin usar la placa el resto de la semana. Hoy, cuando escribo estas notas, es viernes. Llevo “cuatro” días pensando cómo decirle que limpie la placa y no sé cómo hacerlo. Él ha seguido cocinando y ensuciando sobre el resto reseco del charco de su caldo tan feliz. Seguro que según se lo intente comentar, me interrumpa de nuevo con el tema de la secadora. Si a mí me tuvieran que llamar la atención con algo parecido me moriría de vergüenza, pero quizá sea porque “las mujeres tenemos especial sensibilidad para…” y trátese de algo tan propio de mi sexo que lo mismo a él ni le perturbe.

Esta tarde Eduardo se marchará a su casa, con su mujer, sus hijos y su secadora. La chica viene hoy viernes y dejará limpia la placa y la encimera, y seguirán limpias durante el fin de semana, al menos hasta el lunes. Me gusta aprovechar los fines de semana para descansar. Mañana, sábado, cuando visite a mi padre según acostumbro, detractor donde los haya del feminismo, estoy considerando comentar todo esto en busca de un punto de vista más próximo a Eduardo, que me ayude a entenderlo y a enfrentar la situación, porque la verdad que estoy un tanto irritada con el tema y me vendría muy bien liberar toda esta presión. Claro, que mi padre me pondrá la guinda recordándome mi lugar en este mundo, me hará notar que a veces me desoriento y, posiblemente me ayude a concluir que esta desorientación sea la causa de mi irritación y no Eduardo. Así recordaré lo importante que es tener cerca a la familia en los momentos clave y su apoyo imprescindible. Aunque quizá mejor te lo cuente a ti que me lees… ¿Hay alguien ahí? No es retórico, pregunto desesperada: ¿Hay alguna mujer que no asuma como propia la responsabilidad de “¡un hombre en casa que nos paga las facturas!”?, ¿cómo lo hace?

 

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Madrid, diciembre de 2014

 

Vuelvo a tener casera a mis 52 años, como cuando era estudiante. Me he visto obligado a trasladarme a Madrid por temas de trabajo durante unos meses; mientras se desarrolla el proyecto que lidero en mi empresa, necesito dormir allí entre semana. Los primeros días estuve en un hotel, pero resultaba carísimo, así que me he alquilado una habitación en una casa muy próxima desde la que poder ir en bici. Se trata de una casa nueva, recién construida, con pocos muebles pero muy modernos. Resulta algo fría, porque las paredes están desnudas, no hay ni un solo cuadro. La única lámina que decora el pasillo es una Mona Lisa pegada precisamente en mi puerta.

La señora de la casa es de mediana edad, ligeramente más joven que yo, un poco grassoneta, pero su principal característica es que es rara, rara donde las haya. Conviven ella y sus dos hijas. Las nenas son encantadoras pero apenas me las deja ver. Los primeros días las despertaba justo cuando estaba a punto de irme y tenía ocasión de darles el bon dia, pero ahora lo debe hacer después y ya no las veo. Por la tarde regresan a última hora, intento interaccionar con ellas, pero me siento incómodo, parece que no encajo y molesto distrayéndolas de los deberes, la cena, el baño…

Hablo poco con la señora, tiene toda la pinta de ser una de esas feministas radicales obsesionadas con la castración. Es de esas que esconden su incapacidad para atender sus funciones y mantener cuidada la casa, tras críticas al hombre con el que conviven por xorrades, a mí me tiene frito y a penas coincido. Está divorciada, ¡ay no nen!, si me escuchara me corregiría diciendo: “¡Nunca me casé!”; no me extraña que no se casara, no quiero ni pensar las que habrá hecho pasar al hombre que haya convivido con ella. No me acuerdo ni de su nombre, juraría que me dijo Eva, pero a estas alturas no sería educado preguntárselo; como las nenas la llaman mamá, no tengo ocasión de escucharlo por más que pegue la oreja. Afortunadamente, dentro de la casa, no es imprescindible aclarar a quién me dirijo cuando hablo, las circunstancias dan pocas opciones y así eludo mencionarlo.

El salón tiene un sofá con chaise-longue rojo y negro a modo de rinconera orientado a un mirador con buenas vistas; frente al edificio, no hay ninguna otra construcción, se ve espacio abierto. Nunca me he sentado en él. Al principio de mi estancia, cogía una silla de la mesa del comedor, situándola en oposición al televisor y al otro costado del sofá. En seguida me compró un butacón rojo a juego. Mi sillón y su sofá están separados por un acuario enorme, vacío, que ocupa el lugar que en cualquier casa normal tendría el televisor. No tiene ni agua, ni peces, tan solo unas piedras en el fondo y cuatro adornos mal distribuidos. He apostado mi flexo sobre el acuario, dejando caer su haz de luz sobre mi butaca, y a primera hora de la tarde, cuando vuelvo del trabajo, me siento junto al ventanal a leer en mi libro electrónico mientras estoy solo en la casa. Subo la calefacción y utilizo la televisión como radio sintonizando música clásica, lo cierto es que paso un rato agradable.

Uno de mis primeros días en Madrid, se me ocurrió ver un telenoticias de la noche con ella. ¡En qué hora! No paraba de comentar las noticias como una gallina clueca. Y sobre la crisis, ¡acabáramos!, ¡dice que estamos todos iguales! Niega la financiación que los catalanes venimos haciéndole a España. Dice, hablando del dinero, que de Madrid también se lo han llevado y no sé qué otras sandeces ¡eh! Reconozco que generan mucho más gasto andaluces y extremeños despilfarrándolo en sus arbitrarias peonadas; son conceptos así los que en mayor medida han malgastado nuestro capital. Pero nuestras arcas las han vaciado entre todos, porque la Administración central, sita mayormente en Madrid por cierto, nos sale por un buen pico. Ser españoles, a los catalanes, nos resulta bastante caro y esto es un dato objetivo que no admite discusión, salvo de ella, claro, con ella no hay tutía. Y lo peor de todo es la ingratitud, claro, que no se están enterando de nada, como ella. Traté de explicarle cómo se ha producido la crisis y el espolio a que se ve sometida Cataluña, pero se conoce que no tiene mucha formación ni financiera, ni política, porque no lo comprendió y además opinó en contra con argumentos de Perogrullo. Una y no más santo Tomás: para no enterarme de nada, que no me dejó escuchar otra cosa sino a ella, mejor no ver las noticias. Además, desde entonces eludo hablar de temas de economía y actualidad política. Mientras conversamos, tuve todo el tiempo en mi cabeza un refrán que me repetía mi madre cuando de pequeño hablaba en exceso: “És Millor estar Callat i semblar ximple, que parlar i aclarir Els Dubtes definitivament” (que el catalán no impida al lector identificar ésta famosa frase de Groucho Marx). No le vendría nada mal que alguien se lo dijera a esta mujer, pero claro, a ver quién es el valiente que se lo suelta. ¡Aguántala! Está claro que yo lo tengo bien aprendido, y no se lo dije. ¡Ay, si me viera mi madre!

La limpieza en la casa es muy justita, casi insuficiente. Soy hombre prudente y no he querido incidir en ello, pero nada más que viene una asistenta una vez por semana pocas horas, y apenas cubre lo imprescindible. Teniendo en cuenta que alquila la habitación, entiendo que no le sobrará el dinero y no pueda contratar más tiempo, pero dadas las circunstancias, le falta un poco de humildad: ya son varias las veces que me ha dicho que trabaja y no tiene tiempo de limpiar; tanto lo dice que parece que quisiera que pasase yo el plumero. Intento no darme por aludido y no confrontar. Además le he propuesto soluciones para algunos problemas que he detectado, pero no las acepta, tiene que ser todo lo que ella diga ¡Qué mujer tan femenina! Mi señora también trabaja y no hace tanto drama de ello. En casa disponemos de todas las comodidades en electrodomésticos, nunca he escatimado una pela en este sentido y, además, yo ayudo.

Soy un hombre moderno y me preparo mi comida, tengo una autonomía que muchos quisieran. En general me ha dejado un espacio razonable en los armarios de la cocina y el frigorífico, aunque no en el congelador. Tiene tres cajones bien grandes que, cuando llegué, estaban llenos a rebosar. Poco a poco ha liberado para mí, dos tercios del espacio de uno de ellos. Al no disponer de un cajón completo, le he propuesto lo lógico: colocar un separador para distinguir su comida de la mía, pero como si mentara al mismo Satán, dijo que ni hablar y siendo honesto, no me atreví a decir ni pio. Poca cosa es para andar discutiendo. Solo le comenté a modo de indirecta, para que me dejara más sitio, que he leído que es importante meter los alimentos en la nevera muy separados, para que se congelen rápido. Esta semana sin ir más lejos me traje unas butifarras de mi tierra y apenas pude distribuirlas separadas por unos pocos centímetros en mis dos tercios de cajón. Parece que se han congelado bien, ya os contaré qué ricas están cuando las consuma.

Para no andar viajando con equipaje arriba y abajo todas las semanas, me hago yo mismo mi colada en Madrid. Ella pretendía poner la lavadora juntando su ropa con la mía, pero eso sí que no. ¡Cómo voy a lavar mis camisas y mis sábanas con sus bragas, eh! Los viernes madrugo más, levantándome un poquito antes tengo tiempo de meter mis sábanas y mi ropa en la lavadora, así, cuando llega la doncella, me lo tiende y el lunes cuando vuelvo está todo seco y amontonado en mi cuarto. La ropa la recoge ella y como trabaja y no tiene tiempo, ni la dobla, ni nada, en fin…, que me lo tomo con paciencia.

Me siento un tanto fiscalizado. De cuando en cuando me caen reprimendas. Una fue a causa de la plancha. Suelo planchar los lunes la ropa que ella me deja amontonada el fin de semana. Pues no te lo pierdas que dice que no se puede dejar agua dentro de la plancha y que la tengo que vaciar. ¡Qué más dará! Así que ahora tengo que andar vaciando y volviendo a llenar el depósito cada semana. Lo hago por no oírla, no porque tenga razón ¡eh!, pero no es algo que me cueste mucho y es su plancha.

Hubo un día que se me quedó grabado: me dejó un cazo sucio sobre la placa para acordarse de regañarme; me indicó que no fregara más a mano, porque se había quedado una minúscula motita de comida adherida al fondo, que usase el lavavajillas. Confesó haber dejado ahí el cazo para no olvidar torturarme, ya que en otro caso se le podría haber pasado. ¡Hay que ver con la feminista eh!, si no friegas, porque no lo haces, pero si lo haces también hay premio. ¡Si es que no saben ni lo que quieren! Seguro que disfruta metiéndome caña.

Y ahora recuerdo otra que también fue de órdago bendito. En una ocasión se puso hecha un basilisco por un poco de agua derramada. Usé un horno a vapor que tiene, sin saber que había que poner una bandeja debajo y se cayeron tres gotas de agua de la condensación. ¡Menudo drama! Se puso blanca, como si hubiera visto al anticristo y se apresuró a fregarlo. Habla maravillas de ese horno, pero, a mi entender, es un trasto inútil, se hace exactamente lo mismo en una cassola, y no sirve para nada más que para ocupar sitio, consumiendo un espacio que muy bien pudiera resolver otros temas más importantes, como poner una secadora. La casa no dispone de tendedero exterior y hay que apañarse con uno de esos plegables que no cabe en ninguna parte. En mi casa, en Sant Feliu de Guixols, Girona, secamos la ropa en la secadora. Aquí hay que tener el tendedero extendido un día, y otro, y al siguiente hasta que la ropa se seca. Ella lo pone en la cocina donde ocupa mucho espacio. ¡Es molestísimo! Además de que la ropa coge olores, le podrían salir hongos. Este tema necesita de otra solución, no lo tiene bien resuelto. Le he sugerido con amabilidad que adquiera una secadora, es la mejor solución a todas luces, pero esta es de las que no escucha, se lo he planteado con tacto, poco a poco, dándole tiempo a reflexionar, argumentando por la derecha y por la izquierda, pero con esa soberbia que tiene…, ni caso me ha hecho.

Lo que más me agrada de la casa son las nenas. Me traen tantos recuerdos… Mis hijos ya son mayores. La mayor tiene veinticinco, el segundo veintidós y el pequeño, que de pequeño ya no tiene nada, es un hombretón a punto de cumplir veinte. Les pregunto sobre sus vidas y ellas me cuentan… ¡Son geniales! Les enseño mis cosas: vídeos en mi ordenador, mi libro electrónico,… ¡Qué rápido pasa el tiempo! Parece que fuera ayer cuando andábamos mi mujer y yo con los pañales.

Últimamente ceno en mi habitación, no uso el comedor por las noches. Lo mismo lo hago para no verla. No estoy nada acostumbrado a convivir con extraños y honestamente, después de tanto tiempo, resulta difícil. Cuando termino de cenar, me conecto por internet con la cámara web y hablo con mi mujer y mis hijos. ¡Es el mejor momento del día! A veces las tarde-noches se me hacen largas, me aburro y redacto desahogos como este. Me ayuda a sobrellevar mi exilio apolítico: la monotonía del trabajo, la distancia y la soledad en compañía de la siniestra casera.


La creatividad no consiste en una nueva manera sino en una nueva visión ( Edith Wharton )

No me considero una persona especialmente creativa pero si una persona innovadora de hecho siempre pienso que me hubiera gustado ser una persona especialmente creativa.

Hago la diferencia porque soy una persona que le pongo pasión, ilusión, persistencia y dedicación a lo que hago y cuando hay que transformar el entorno y considero que es el camino a seguir sí soy innovador pero la creatividad, el nacimiento de nuevas ideas distintas para una causa común es un tema que me gustaría poder trabajar más en profundidad y más a menudo.

Difícil juzgarse a uno mismo pero reconozco que me gustaría trabajar más el aspecto creativo de mi persona. Para ser creativo hay que trabajar y duro hay que afinar esta faceta que seguro todos tenemos en mayor o menor medida.

¿ Ser inconformista para ser creativo o innovador?

 Creo que una persona innovadora y creativa debe tener parte de inconformista en el sentido de desear cambiar aquellos sistemas ya establecidos, de transformar aquella parte de la empresa, de la sociedad que conocemos, de impulsar cambios que lleven a la prosperidad. Yo soy bastante inconformista tomándolo como persona que desea cambiar aquello que es necesario y en ese aspecto sí me considero innovador porque para ser inconformista hay que “ proponer “ hay que indicar cuales son los pasos a seguir para cambiar a un supuesto “mejor”. ( mis problemas me ha costado en mi vida ).

Mahatma Gandhi, “Vive como si fueras a morir mañana, aprende como si fueras a vivir siempre”,

 Para mi es una de las claves para incrementar mi creatividad porque te hace poner pasión y esa pizca de locura que se necesita para transformar y cambiar, para que la creatividad salga de las “ cuatro paredes “ en la que nos movemos normalmente.

En mi caso mis momentos más creativos son cuando estoy sólo concentrado pensando en algún tema no se refiere a algún momento del día sino a momentos donde el entorno me lo permite.

En mi vida ha habido un par de personas que me ha influenciado enormemente en el sentido creativo no porque ellas lo fueran, que no lo eran especialmente, sino porque me hacían pensar con sus reflexiones, fueron dos jefes y con ambos mantengo todavía la relación. Aprendí que para desarrollar tus capacidades ( creativas o no ) no es necesario hacerlo a través de personas que las tengan pero sí a través de personas que provoquen ese desarrollo, y como no, que dejen la suficiente libertad. El buen jefe no es el que más sabe sino el que consigue que los equipos sean más efectivos.

Ahora se me viene a la cabeza una de las 25 reflexiones Jorge Wagensberg . Él es uno de los divulgadores científicos mas destacados de España según mi punto de vista,

“A menos confianza más burocracia, a más burocracia más mediocridad, a más mediocridad menos creatividad y a menos creatividad menos confianza…”

Creatividad y burocracia dos términos antónimos, la burocracia son ataduras que a nadie le gusta en público pero que es fomentada por muchas de las personas que ejercen algún tipo de jefatura.

Las organizaciones y el sistema educativo no nos dejan desarrollarlas convenientemente y como he insistido en el foro es una de las grandes transformaciones que necesitamos, es más, en general la mayoría de las organizaciones carecen de personas “crazy” que sean capaces de pensar distinto de pensar diferente. ¿ Soy un “ crazy “?, no lo soy pero a veces la ilusión por transformar me ha hecho rozar este estado. Voy a usar ahora otra de las 25 reflexiones Jorge Wagensberg ,

“El estado de equilibrio es aquel en el que ha ocurrido todo lo que podía ocurrir, es decir, un paisaje creativamente estéril.”

 En la vida no todos podemos ser de todo aunque algun@s pretendan ser el niño en el bautizo y el novio en la boda. El entorno es fundamental para la creación pero la sociedad nos ha indicado como debemos ser, comportarnos, decir y hacer y es lo contrario a ser creativo, sin que la frase sea mal interpretada para ser creativo no hay que ser demasiado equilibrado lo que muchas veces demuestran los grandes artistas Salvador Dalí, Van Gogh, Louis Wain, o Aloïse Corbaz, aunque creo que esos ejemplos son de personas cuya “locura” sobrepasó lo razonable.

Me despido con otra reflexión de Jorge Wagensberg,

“Crear es la mejor estrategia para sobrevivir en un mundo cambiante.”

 Siempre he pensado que debía trabajar más la creatividad, y después de lo visto estas dos semanas me lo tomo como un tema pendiente para empezar a trabajar en las semanas venideras, es una cuestión de supervivencia.

 

No me puedo despedir sin agradecer a mis compañeros y profesores las reflexiones del foro, me hacen pensar y ofrece una variedad de opiniones donde encuentro un espacio para desarrollar mi creatividad. · En la variedad está el gusto … y yo añadiría en la variedad empieza la creatividad.


Sobre la creatividad

Espero que os guste, al menos nadie dirá que no es creativo…

Sigue el enlace: La creatividad de Samu

(tendréis que estar logeados en Google con el usuario de learning EOI)

 


IDEAS FELICES

Lo primero que me viene a la mente cuando me planteo qué implica la creatividad, es la experiencia con mi profesor de dibujo durante el primer año de universidad. Lo recuerdo como una de esas personas que te dejan huella, carismático y exigente. Él usaba mucho el concepto de “idea feliz”, cuando nos pedía resolver un problema de dibujo utilizando otro camino diferente al que marcaba la teoría. Era una habilidad que había que entrenar, porque de esto dependía terminar o no el ejercicio durante el examen, ya que con el método habitual era imposible completarlo en el tiempo especificado.

Podría definir una “idea feliz”, como una solución poco intuitiva, que aporta valor al resultado final y que requiere de un conocimiento extenso de la materia.

Personalmente creo que mi creatividad se quedó en ese primer año de universidad, cuando por obligación, podía dedicar tiempo a reflexionar sobre las alternativas posibles para resolver un problema. Una filosofía que bien podría ser aplicada a cualquier situación cotidiana, si no fuera porque el ritmo frenético que llevamos, nos impide parar a meditar sobre si de verdad es la mejor manera de realizar una tarea, y simplemente nos limitamos a continuar haciendo las cosas como siempre, como nos han enseñado.

A veces necesitamos de un estímulo externo que evoque una alternativa creativa, diferente. En este caso podría considerar a mi nuevo jefe como una persona provocadora (en el buen sentido de la palabra), que busca la reflexión en sus preguntas. Cuestiona lo más básico, con preguntas del tipo “porqué lo haces de esta manera?”, “para qué sirve ese elemento, se podría suprimir?”, “una actividad tan repetitiva, debe convertirse en un proceso industrial, porque no inventamos algún mecanismo que nos facilite el trabajo?”… Preguntas que muchas veces no esperan una respuesta satisfactoria y si implantar una cultura de inconformismo en las actividades rutinarias. Agradezco este tipo de actitudes, porque sin darte cuenta interiorizas estas preguntas y terminas planteándote qué puedes mejorar.

El concepto de “idea feliz” es el resultado de un comportamiento creativo, una idea que a priori el resto no entiende y que requiere ser explicada o demostrada empíricamente, para que reciba la aceptación de los demás.

Podríamos empezar haciendo del camino al trabajo un paseo más agradable para la reflexión, salir del estrés de las grandes ciudades y escoger un camino alternativo más bonito, más alegre o más tranquilo. Existen aplicaciones de navegación, aunque están en fase de expansión, que ya no calculan distancias, sino estas variables intangibles y de mayor valor. Al fin y al cabo, lo primero que necesitamos para ser creativos es tiempo en un ambiente propicio. Les dejo un link sobre esta aplicación:

http://www.xataka.com/aplicaciones/el-algoritmo-que-no-encuentra-el-camino-mas-corto-sino-el-mas-bello-en-la-ciudad

Sean felices,

Javier Larraz


QUERIDA REFLEXIÓN

Preparando este post he estado pensando en un libro que leí hace ya 20 años, “El mundo de Sofía” de Jostein Gaarder. Recuerdo perfectamente el mensaje de que los niños tienen la mente mucho mas abierta a la hora de hacer preguntas, que a su vez son las generadoras de nuevas ideas. Un niño que lleva poco tiempo expuesto a la gravedad, la tecnología, el lenguaje o la economía se puede cuestionar muchas mas cosas de las que nos vienen espontáneamente a la cabeza a los que nos hemos acostumbrado a todas ellas. Y seguro que la mayoría podemos recordar preguntas, sugerencias y propuestas de casi todos los niños que nos dejan descolocados por lo extravagantes que parecen a priori y lo sorprendes que son cuando uno las piensa un poco. Sin todos tenemos un punto puramente innovador cuando somos niños.

Mis recuerdos de cuando era un niño en cuanto a la innovación casi siempre están ligados a los veranos sin demasiado que hacer. Crecí en una provincia de interior, con mucho calor, sin piscina y no me dejaban salir por mi cuenta hasta que ya fui mas mayor. Además de todo eso nunca he dormido siesta lo cual me aportaba aproximadamente 2 horas al día sin supervisión, con la casa para mí y con la cabeza caliente gracias al querido anticiclón de las Azores y la ausencia de aire acondicionado. En aquella época, especialmente en aquellas horas, desarrollé algunas de las invenciones mas importantes de mi vida, cuyo cenit fue el sistema de de limpieza de la flauta de música (odiaba esa tarea a la que nos obligaban en el colegio) construida con el motor de un coche de Scalextric con el cepillo original de la flauta acoplado (no tuvo un buen final por aquello de la discrepancia entre corriente alterna y continua y mi padre no acabó del ver claro mi punto innovador). Esencialmente casi todas las ideas que tenía se podían definir como ideas de bombero, aunque yo las veía clara en su momento.

Así, (supongo que como todos los niños) he vivido en mis propias carnes la lección de que los dos ingredientes fundamentales para poder innovar (y también estrellarse) son, como ya dicen en otros posts y en la bibliografía, el tiempo disponible y el escaso miedo al fracaso. Aún así, conforme nos vamos haciendo mayores, tenemos menos tiempo disponible y mas aversión al fracaso. ¿Por qué?

No tengo muy clara la respuesta pero esta reflexión y lectura (de los posts de mis compañeros) empiezan a darme pistas al menos de las preguntas a hacer. Aunque siempre sigo proponiendo nuevas formas o mejoras de procesos en el trabajo y en casa ¿Porque cuestan tanto implantarlos y hay tantas trabas en el mundo corporativo?¿Porqué ya no implemento ideas realmente rompedoras (el limpiaflauta seguro que era patentable)?¿Porque no encuentro el rato y lugar para llevar a cabo mis ideas sobre mi RaspberryPi? y sobre todo ¿Que demonios estoy haciendo entre las 15:00 y las 17:00 los días que no tengo obligaciones laborales a esas horas?. De modo que como propósito veraniego voy a intentar liberar esas horas todos los días que pueda para, con libreta, lápiz, ordenador, cables, destornillador y cualquier otra cosa que necesite, meterme en una habitación de mi casa donde mi mujer no entre mucho y volver a probar alguna idea de bombero, cuando llegue septiembre veremos el resultado.

 

El mundo de Sofía. (2015, 2 de marzo). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 10:20, junio 7, 2015 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=El_mundo_de_Sof%C3%ADa&oldid=80338856.


Creativo?? Quizas….

Si tuviera que decir si soy creativo o no, no sabría muy bien que decir. Lo cierto es que desde niño siempre se me daba muy bien lo de escribir e inventarme historias, recuerdo que me encantaba cuando hacíamos en clase, allá por 3o de EGB, concursos de redacciones, porque me encantaba pararme a pensar e inventar historias que le gustaran al resto de mis compañeros y profesora y les arrancara alguna carcajada, y siempre lo conseguía. Recuerdo que siempre me proclamaban “ganador del concurso” lo cual me hacia mucha ilusión, pero lo que más ilusión y más satisfacción me daba era el reconocimiento de mis compañeros y que a todos les gustaban y les sacaba alguna sonrisa con mis historias. Esto me motivaba a que la siguiente vez que teníamos que hacer una redacción no me importara hacer esos deberes en casa en lugar de irme a jugar, y esa ilusión que le ponía hacia que cada historia fuera diferente y siempre gustara. Recuerdo que mis compañeros siempre estaban expectantes a que leyera la nueva historia que me había escrito, y la verdad es que nunca les decepcionaba.

 

Si a eso lo podemos llamar creatividad, entonces si me considero creativo. Me gusta pararme a pensar e imaginar posibles nuevas utilidades y  posibilidades, pero no se si por la falta de tiempo para ello, o porque en realidad no soy creativo, siempre acabo rápido diciendo “si es que está ya todo inventado…”, aunque en el fondo se que eso no es verdad. Por eso no se si en realidad soy creativo, o que simplemente se me daba bien imaginar y crear historias y que quizás me tendría que haber dedicado a escribir historias o guiones de cine … 😛

 

En mi caso el mejor momento para la inspiración siempre ha sido cuando estas en la cama a punto de dormir o estando sentado en la playa mirando al infinito disfrutando de un bonito atardecer.


¿Qué es la creatividad?

Es interesante este ejercicio de introspección, que me obliga a plantearme preguntas que, generalmente no me hago, o no me interesa hacerme.

Si se tratase de un cuestionario o un examen, y la pregunta que me hago es simplemente si me considero creativo, la respuesta sería rotunda, NO.

Pero creo que no estaría siendo justo conmigo mismo, porque como todo en la vida, la respuesta no es blanca o negra. Como bien decía Juan, la creatividad, en mi cabeza, siempre está asociada a esos compañeros que eran buenos en actividades “artísticas”. Y desde pequeños nos inculcan que sólo hay dos caminos, o eres de “ciencias” o eres de “letras”, y yo siempre he sido 100% de “ciencias”. Nunca me ha gustado dibujar, ni las actividades manuales como las llamaban antes, ni he sentido inclinación por aprender algo más sobre la música. Mientras a mi hermano le encantaban los puzles yo me pasaba el día pegado a un balón y era mas feliz.

Así que no, no creo que tenga la capacidad de “inventar” nada nuevo, ni de ser creativo en el sentido más extendido de la palabra. Sin embargo, todos hemos tenido que enfrentarnos a problemas que han requerido de un esfuerzo de creatividad por nuestra parte (como estudiantes y profesionales). Así que para mi si que hay otra creatividad, la que hace que resolvamos complejos problemas matemáticos, la que nos hace ser buenos optimizando procesos y buscando la mejora continua en todos los ámbitos, la que no conocemos y que muchas veces hace aflorar la presión en nuestro día a día. Así que, deberíamos darnos más crédito del que nos damos, porque quizás la nuestra no sea la más popular de las creatividades, pero estoy seguro de que toda la sociedad se beneficia de ella y la considera necesaria, aunque le ponga otro nombre.

Pero también podemos poner de nuestra parte. Como bien decía Roberto, en medio de nuestras apretadas agendas, cuanto tiempo dedicamos a reflexionar, a pensar en lo que has hecho, cómo lo has hecho y como mejorarlo. Es cierto que las empresas no ayudan, un ejercicio de ese tipo se considera perder el tiempo, pero no estaría mal disciplinarnos para dedicarle un rato al día simplemente a reflexionar, dando un paso atrás de la vorágine en la que vivimos.

Un abrazo tribu!


Tiempo, un suculoso manjar

Dentro del apasionante mundo de innovación siempre me he considerado un mero observador.

Para mí, hasta que empecé la universidad, innovar era ponerse una bata blanca y meterse en un laboratorio a investigar. ¡Qué equivocado estaba!

Con el tiempo me he ido dando cuenta que el concepto innovar es tan amplio como el concepto del marketing; el marketing está en todos los sitios, pues con innovar pasa lo mismo.

Fuera de las definiciones más o menos técnicas, para mi innovar es la capacidad que tenemos los seres humanos de poner en duda todo lo existente, no con un espíritu puramente crítico, sino de mejora continua.

Con esa perspectiva creo que casi todos somos innovadores, pues todos en algún momento hemos realizado actividades o procesos para mejorar nuestras vidas. En la medida que esa innovación es más útil a más personas más innovadoras se han considerado en el sentido estricto de la definición (innovación disruptiva).

Dentro de esta perspectiva me considero una persona ligeramente innovadora, sin terminar de dar el paso definitivo. Os diré por qué:

Hasta donde mis capacidades intelectuales me han permitido, siempre he puesto en duda muchos aspectos de la vida que me rodean, llegando en ocasiones a abrazar el concepto de crítico, y con quien más, conmigo mismo. Siempre he considerado que había una forma mejor de hacer las cosas (política, empresa o incluso energía han podido ser focos de mis dudas).

También he de reconocer que ser crítico no siempre es lo mejor. Mientras algunos estamos deseando recibir críticas constructivas con la idea de mejorar y crecer, no todo el mundo lo ve de la misma forma. En España creo que hay dos conceptos que no sabemos digerir bien: las críticas y el fracaso.

Los que hemos fracasado alguna vez en nuestra carrera profesional, fuera del disgusto inicial, y a toro pasado, lo consideramos de las etapas más enriquecedoras de nuestras vidas. En un sentido metafórico: “la letra con sangre entra”.

Para mí, los momentos más creativos y en los que le doy más vueltas a la imaginación buscando soluciones u oportunidades diferentes, son básicamente dos:

Como bien hemos aprendido en el módulo de Innovación y Tecnología, el tiempo es la condición necesaria, pero no suficiente, para innovar. Un tiempo que nos permita discernir lo urgente de lo importante, y poner en duda/criticar todo lo que nos rodea, con el único y claro objetivo de buscar soluciones mejores.

En mi caso particular, de los momentos que más cosas claras he tenido, y básicamente porque tenía tiempo para pensarlas con reflexión, desde un punto de vista crítico y reflexivo, fue cuando me quedé en paro durante tres meses. Fuera de las preocupaciones iniciales por el futuro próximo, lo recuerdo como un momento donde mi mente sólo tenía ideas de cosas que hacer: nuevos proyectos que desarrollar, sitios que conocer, etc. De hecho, de esa época nació la idea de cursar este master del EOI, que nunca por tiempo había podido hacer, y ahora por suerte estoy haciendo, siendo unas de las ideas más acertadas de mi vida. Tiempo, un suculoso manjar.

Un saludo a todos

Jorge Useros



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