¿Por qué miras así a la gente?

Todo observador califica el mundo en el que se desenvuelve y lo que en él acontece, toma posición frente a los hechos, frente a la gente que lo rodea y sobretodo, sobre su propia persona. ¿Y cuál es el siguiente paso que hace? Juzgar. Juzgar sobre uno mismo, sobre los demás y sobre la vida y tenemos que ser conscientes de que, todo ello, tiene un gran impacto en nuestra forma de ser y nuestra forma de actuar.

Fue durante el pequeño reto al que nos enfrentó Jorge Maidana durante una clase de Comunicación y Presentaciones Eficaces, dónde fui realmente consciente de lo que el juicio personal hace con nosotros, de que la autocrítica puede llegar a ser nuestro peor enemigo.

Os pongo en situación. Sábado mañana 10:00 a.m. y poco café de por medio. Se nos separa en grupos y se nos pone en la coyuntura de comunicarle al resto de compañeros una serie de situaciones más o menos problemáticas en tan sólo 19 minutos. Si fuese una buena noticia, no tendría gracia ¿no? El reto estaba servido, intentar poner en práctica los conceptos adquiridos la tarde anterior hacia una mejor comunicación.

107490En mi caso, éramos cinco extraños, lo que cambió un par de horas más tarde y alguna que otra cerveza más tarde también, intentando preparar una presentación sobre un tema desconocido, interpretando roles desconocidos y con unas dos horas de margen para dar lo mejor de nosotros mismos.

Comenzamos a recoger las ideas que queríamos transmitir, pensar como llevarlas a la práctica, quién va a interpretar qué…todo el mundo aportaba, surgían frases como: “eso, eso, que eso lo dijo Jorge durante las clases” y, como buena obra de teatro que se precie, los actores nos introdujimos en nuestros papeles para realizar el ensayo.

El tiempo se agotaba, los nervios afloraban y durante ese mini ensayo observaba nerviosa a uno de mis compañeros encargado de controlar el tiempo ¡Que el tiempo es importante! ¡Que hablas muy rápido! ¡Que no te has presentado! ¡Preséntate, di tú nombre, hazte familiar! ¡Mírame a los ojos, no me estás mirando, no me transmites! ¡No te mueves, no estás siendo dueño del espacio! ¿Hemos dicho el mensaje? ¡El mensaje al principio! ¡Que quede claro!… Y al fin, llegó el momento, la función iba a comenzar.

descargaGrupo a grupo expusimos nuestros temas, de lo más variopintos, cada uno con ideas totalmente diferentes, habíamos tomado enfoques distintos y durante los 3 minutos que tocaba hablar a cada uno, veías como tus compañeros apuntaban sus comentarios a cerca de tu actuación, de tu presentación. Te estaban mirando, te sentías observado e incluso quizás un poco presionado ¿te estaban juzgando? CLARO QUE SÍ!! Estaban juzgando tu presentación, pero lo peor de todo, es que se estaban juzgando a sí mismos mientras te veían a ti. Y de ahí, la autocrítica.

La RAE define la palabra autocrítica “como el juicio crítico que se realiza sobre obras o comportamientos propios”.  Si se hace adecuadamente nos ayudará a crecer y mejorar como personas, pero si tomamos su aspecto más negativo, puede llegar a ser devastadora.

Uno a uno, antes de escuchar la opinión de los demás, opinábamos sobre como nos habíamos visto, ¿qué consideras que tienes que mejorar? Y la respuesta se repetía: TODO. Me he visto mal.

Pero, “te has estado criticando durante años, y no ha funcionado. Trata ahora de alabarte a ti mismo a ver qué pasa.” (Louise L. Hay). No hay peor juez que uno mismo. Afortunadamente, llegaron los feedback, la  reacción, la respuesta, la opinión que intercambiamos sobre nuestra actuación en la palestra. ¡Increíble! Resulta que no éramos tan malos. Tenemos cosas que mejorar, por supuesto, pero ahora ya teníamos las herramientas para hacerlo y la opinión de alguien menos castigador que uno mismo. Todos tenemos nuestro estilo y nuestros puntos fuertes. Hay quien toma el escenario como si se hubiese criado allí, quien mira fijamente empatizando contigo, quien sabe involucrar a su público mediante la pregunta exacta en el momento justo, el que tiene una historia que contar, el que tiene el tono de voz perfecto… se trata ahora de mejorar nuestros puntos débiles.

Esa experiencia de tan sólo un fin de semana, aunque muy intenso, nos ha enseñado como hacerlo, esos pequeños “trucos” para que comunicar se haga ya algo intrínseco en nosotros y para saber que comunicar no es sólo hablar, es muchas otras cosas y sobretodo, es también saber escuchar.

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Gracias por escuchar


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