La noche y el día

Pensando en la comunicación y en el mensaje que queremos transmitir, me han venido varias ideas a la cabeza. La primera es que en muchas ocasiones, el mensaje es lo más importante, mucho más que el “cómo”. Y es que hay mensajes que llegan independientemente de como sea el orador y lo bien o lo mal que lo haga. Sirva de ejemplo la película el “Discurso del Rey” el pobre hombre con su tartamudez y el miedo que tenía a hablar en público, no lo podía hacer peor pero vaya mensajes que lanzaba el hombre.

Igual no quiero desviarme demasiado porque mi reflexión no iba del todo por aquí. Mi reflexión era sobre el mensaje y sobre como es la comunicación cuando el mensaje somos nosotros mismos.

Supongamos dos escenarios distintos como pueden ser la noche y el día y en ambos casos el mismo mensaje: nosotros mismos.

Lo cierto es que no comunicamos igual un sábado por la noche de ligoteo que un lunes por la mañana en una entrevista de trabajo. A pesar de que en ambos casos buscamos impresionar y ser los elegidos, usamos técnicas completamente distintas.

Que mal queda prepararse o tener ensayada la forma de entrar a alguien, aunque a algunos le funcione. Seguro que todos hemos oído alguna vez aquello de “perdona como te llamas, es para pedirte a los Reyes Magos”

Por otra parte que mal puede resultar ir al descubierto a una entrevista, así, a puerta gayola, sin haber preparado ni si quiera tus tres virtudes y tus tres defectos o la típica de por qué has tardado tanto en terminar la carrera.

Imaginaros que tratamos de aplicar las mismas pautas a las dos situaciones y para ligar empezamos a hablar de nuestra intensa experiencia anterior o incluso facilitamos algún contacto para que pidan referencias… Si, catastrófico.

Rizando el rizo un poco más, como seríamos si la misma persona a la que intentábamos arrimarnos el sábado, es la misma que nos entrevista el lunes 😱😱😱

Supongo que dependerá de cual fue el desenlace el sábado anterior, pero lo que si es seguro es que nos sentiremos totalmente desnudos delante de la otra persona (con un poco de suerte por segunda vez).

Dudo que esa vulnerabilidad se deba a que durante el ligoteo no nos mostrásemos tal cual somos sino más bien por demostrar el grado de cambio en nuestro comportamiento entre ambas situaciones. Es en ese tipo de cosas donde si mostramos mucho más de nosotros mismos.

La verdad es que en estos dos casos extremos las diferencias en la comunicación parecen totales, pero ¿cuales son las pautas que se mantienen comunes?

La primera cosa común es el mensaje a trasmitir, en ambos casos es “eligeme”. El fin ya justificará los medios.

Otra pauta común es que en ambos casos lo que motiva nuestra actitud es la idea de lo que pensamos que se espera de nosotros. Tratamos de ser como creemos que a la otra persona le gustaría que fuéramos, es decir, queremos satisfacer las expectativas que sospechamos tiene el interlocutor.

Esta aceptado que lo que se espera de una persona en un trabajo es que sea sería y responsable mientras que normalmente lo que se espera de una potencial pareja es que sea divertida, maja.. y bueno, cada uno aquí que ponga sus requisitos yo me conformo con poco.

El tema de la actitud es importante porque inconscientemente tratamos de agradar siempre que comunicamos y esto es así porque buscamos la aceptación, si señores, buscamos followers.

Esto es, la actitud como elemento cambiante motivada por un objetivo siempre común que es la aceptación.

Lo que sí o si se mantendrá constante en cualquier caso o situación es nuestro lenguaje corporal. En cualquiera de las dos situaciones anteriores si estamos nerviosos nuestras manos o nuestros gestos podrán ponerlo de manifiesto. Si nuestro interlocutor toma una actitud negativa o de rechazo veremos que cruzará los brazos o fruncirá el ceño. Si nos está escuchando y prestando atención repetirá nuestros gestos. Si no terminamos de convencerle y no sabe si sí o si no, se tocará detrás de la oreja mostrando indecisión. Cuando reflexione o nos evalúe tenderá a tocar su barbilla, y así un gesto tras otro que comunica algo siempre del mismo modo, independientemente de la actitud, el tono o el enfoque que queramos dar a una situación.

La reflexión a la que me lleva todo esto es que no todas las formas de comunicación buscan lo mismo, pero si que todas las formas de comunicación consciente lo hacen a través de la aceptación, especialmente cuando el mensaje es uno mismo.

 

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