Poderoso Caballero es “Don Dinero”

(Post 2) Monedas Imagen libre¿Por qué no confesarlo? Me he convertido en una “ministérica” – si, en una fan de la serie “El Ministerio del Tiempo” – y es por lo que hoy he decidido en este paréntesis vacacional viajar un rato traspasando unas cuantas “puertas del tiempo”, con la misión de encontrar personajes ilustres y/o famosos que hayan dedicado alguna de sus obras, aunque haya sido de forma satírica y mordaz, al activo financiero más preciado de todos, el dinero, el “bien” que sirve para pagar – aunque para algunos se convierta en un “mal”.

(Post 2) Foto Color QuevedoSeguro que os imagináis a donde me lleva la “primera puerta”, al Siglo de Oro español y en concreto al año 1603, donde me encuentro con don Francisco de Quevedo y Villegas, quien con la vehemencia e ironía que le caracteriza me recita la letrilla que acaba de escribir – la que da nombre a este post – y que versa sobre el poder y la influencia del dinero en cualquier zona del mundo.

Me advierte que este poema siempre será contemporáneo y para justificarlo me declama las siguientes palabras:

“el dinero – “la pasta” – es a una empresa como el oxígeno para una persona; nunca se piensa cuando está presente, pero es lo único que viene a la mente cuando falta”. Palabras de las que dice no ser el autor, sino que se las oyó pronunciar, en un encuentro con emprendedores durante una breve estancia en el siglo XXI, a un tal Warren Buffett.

Mi cara de sorpresa es tal al oír lo que me cuenta que aprovecha mi asombro y, como si le hubiesen contratado para grabar un anuncio de “Aquarius”, se entusiasma de tal manera que sube aún más el tono y añade esta breve lección: cualquier empresa debe gestionar eficientemente sus recursos y disponer del dinero suficiente y necesario para que en su día a día pueda maniobrar con tranquilidad y flexibilidad y no acabe muriendo asfixiada, envenenada, degollada, decapitada o apuñalada por sus acreedores al no poder hacer frente a las obligaciones (deudas) contraídas con los mismos.

Francamente lo último que esperaba es que Quevedo esté tan interesado por el mundo de los emprendedores y, sobre todo, la preocupación que tiene por que todos ellos tengan una preparación adecuada para gestionar debidamente las áreas clave de su empresa. Pues en el encuentro antes referido notó una cierta carencia, desconocimiento e incluso desinterés por parte de algunos de estos emprendedores en lo concerniente a ciertos temas de gestión empresarial como, por ejemplo, con las finanzas.

Finaliza el tiempo de mi visita y al despedirme le entra la curiosidad de saber si cuatro siglos después este “caballero” del que habla en su poema sigue siendo centro de habladurías, cantares, escritos, discursos, juegos, etc, y es por esto que me invita a que lo averigüe.

No lo dudo, traspaso una “segunda puerta” y me planto en el siglo XX, en el año que me recomienda – 1967.

Cual es mi sorpresa al abrirla y ver que me encuentro en la casa que Salvador Dalí tiene en Cadaqués. En ese momento me viene a la memoria el anagrama despectivo  -“Avida Dollar” – que en 1939 André Bretón acuñó  para criticar la pasión que tenía por el dinero e intentar con ello que algunos miembros del movimiento surrealista le diesen la espalda.

Me pregunto si he aparecido allí porque Dalí quiere conversar sobre ello, aunque de la manera tan particular que me recibe, disfrazado de Diego Rivera, ya entiendo que no. Me presenta a su amigo el productor Moshé Naim, quien me invita a su estudio de grabación. Con el Cadillac de Dalí nos dirigimos hacia allí y al llegar descubro el motivo por el cual Quevedo me recomienda que me  traslade a este año. ¿Con quién imagináis que me encuentro?; con Paco Ibáñez, quien en ese momento está grabando un disco en el que incluye tres poemas “quevedianos”, entre los que incluirá el poema titulado “Don Dinero”.

Emocionado por tener noticias “frescas” de Quevedo, me canta los tres poemas y me dice que le diga – por si lo vuelvo a ver – que un músico amigo suyo que acaba de regresar de una gira por los años 1972 y 1973, da fe que este activo tan preciado para cualquier empresa sigue dando títulos a piezas famosas, como:

(Post 2) Imagen vinilos

. la canción “Money” interpretada por Liza Minnelli y Joel Grey en el musical Cabaret, cuyo estribillo es tan pegadizo que después de oírlo no paras de tararearlo: “El dinero hace girar el mundo, lo hace girar… Ese sonido metálico es lo que lo hace girar. Dinero, dinero, dinero…”, o

. la canción del álbum “The Dark Side of the Moon” que ha editado la banda británica Pink Floyd, que se titula “Money” y cuya letra dice, entre otras cosas: “El dinero es un gas; agarra ese dinero en ambas manos y haz una fortuna”.

Puesto que no dispongo de más tiempo para disfrutar del pasado, debo traspasar mi “última puerta”, regresar al presente e intentar, al escribir sobre las métricas que importan en esa serie de posts pendientes, cumplir con el deseo de Quevedo, que no es otro que el de compartir mis conocimientos de finanzas con todos los emprendedores para que acaben mostrando interés por las mismas.

Y mientras la traspaso, me cuestiono por qué no le damos más valor a nuestro idioma. Si que es cierto que somos más extensos en las expresiones, pero ya que los anglosajones dicen “Cash is King”, por qué nosotros no decimos “Poderoso Caballero es Don Dinero”.


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