La necesaria e inaplazable paridad

Dos tercios del trabajo del mundo lo desarrollan, desempeñan y ejecutan las mujeres. La fullería es que las contabilidades no suelen computarlo como tal ni concederle, por tanto, el valor cuantitativo y cualitativo que tiene.  Las mujeres reciben a cambio un décimo del salario y poseen, tan sólo, el 1% de la propiedad. La discriminación obra con saña y alevosía. Para colmo, siendo las que sostienen la economía, son las más pobres: el 70% de los menesterosos del mundo son mujeres y niñás. El informe mundial de la población 2009 no deja lugar a dudas sobre la contundencia de estas cifras.

La visión androcéntrica de la división sexual del trabajo y de la división del trabajo sexual es la que domina el mundo desde que tenemos memoria histórica, naturalizando diferencias que no tienen nada de natural y todo de segregación social, de postergación de género, de apartamiento que acaba viviéndose o somatizándose como una relación de dominación natural. Cuántas veces las mujeres, sobre todo las más desfavorecidas, viven esta exclusión como un designio inapelable, como una voluntad inexcrutable. Pierre Bourdieu, en ese libro imprescindible que es La dominación masculina y que hoy, Día internacional de la mujer, adquiere su más pleno sentido, lo dijo de manera irrefutable hace tiempo: la sociodicea masculina está basada sobre dos fundamentos que se refuerzan mutuamente: legitima una relación de dominación inscribiéndola en la naturaleza biológica que es, a su vez, una construcción social naturalizada.

Si eso es así, si las diferencias provienen de una forma de exclusión intolerable, que repercute sobre las posibilidades de formación y de progresión educativa y social, el fomento de la igualdad de oportunidades desde el inicio y de la paridad obligatoria en la ocupación de puestos sociales claves en la sociedad (como hace, por ejemplo, el parlamento sudafricano , donde el 43% de sus componentes son mujeres), es una medida no sólo comprensible, sino estrictamente necesaria, de justicia.

Es necesario regresar sobre lo que puede parecernos incluso evidente porque no todo el terreno está ganado: los propios Millenium Development Goals (MDGs) discutidos en el año 200 por 189 naciones, no son ninguna garantía de que esa convergencia vaya a producirse, incluso resultan más conservadores y cautelosos que los aprobados en el año 1995 en Peking en la cumbre mundial de mujeres. Esto resulta incomprensible aunque lo tratáramos desde un punto de vista estrictamente cuantitativo, porque según los cálculos realizados por la Confederación para la Igualdad de UGT, si la mujer se integrara plenamente en el mercado de trabajo, el PIB nacional podría crecer hasta en un 19%.

Para que pueda operarse una modificación duradera de la relación inestable de fuerzas (y para evitar tener que poner en funcionamiento mecanismos adicionales y enojosos de fomento de la paridad), es necesario operar e imponer una transformación de las categorías impuestas y heredadas de percepción (de los esquemas de pensamiento) a través de la educación, y en eso tenemos todos todavía mucho que hacer. “El futuro del mundo”, dijo Kofi Annan, “depende de las mujeres”.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (Sin Valorar)
Cargando ... Cargando ...


Suscribirse a comentarios Comentarios | Trackback |

Enviar comentario


XHTML: Puede utiliza las etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

*