Tres cosas hacen al prodigio: inventiva, gusto y juicio
Son las máximas cualidades para ejercer cualquier cargo u oficio. Que tu inventiva sea fecunda, tu gusto relevante y tu juicio profundo. Es gran ventaja concebir bien las cosas, perfeccionarlas para que produzcan agrado, y aplicarlas con el mejor entendimiento. La destreza debes tenerla en la mente más que en el cuerpo. Has de superar las debilidades de la juventud: a los veinte años, mandan tus ímpetus innovadores; a los treinta, la pasión de tus inclinaciones; a los cuarenta, la serena meditación. Hay asuntos oscuros y difíciles que demandan ser enfrentados con la serena luz de la inteligencia. Otros, son de tranquilo bienestar, en que puedes dar rienda suelta a tu inventiva imaginación. El buen gusto y juicio para distinguir una y otra y responderles bien, hace feliz la vida.
Decidir para actuar, siempre presentes en la vida del profesional. Procesos que nos sitúan ante escenarios diversos en los que las reglas de acierto-error en la solución de problemas varían.
La felicidad, la armonía en la profesión se ve estimulada con la percepción de acierto, de éxito en la decisión, en el desempeño de la actividad, la realización personal percibida mediante la acción, el control interno o la necesidad de autonomía e independencia.
¿Qué nos conduce o, al menos nos acerca al acierto? Nuestras “herramientas” intangibles de trabajo, una compleja combinación de atributos: valores, conocimiento, actitudes, habilidades y motivaciones.
¿Cómo medir el acierto? Observando el crecimiento de las entidades vivas sobre las que actuamos profesionalmente: nuestra empresa, que hemos creado, que gestionamos o en la que trabajamos por cuenta ajena y que sobrevive con el esfuerzo colaborativo de medios y recursos humanos.
La transformación de ideas (inventiva fecunda) en oportunidades de crecimiento, en crecimiento económico, requiere transformar el nuevo conocimiento en conocimiento económico. Esto significa que el conocimiento por sí mismo es solo condición necesaria pero no suficiente para el ejercicio de una actividad exitosa.
Cuando necesitamos determinar el valor esperado de las nuevas ideas cobran protagonismo los dos atributos mencionados adicionalmente: gusto relevante y juicio profundo, que no están presentes en el profesional sólo por predisposición genética, o como atributos de personalidad, sino que pueden ser fomentados y orientados.
La clave: el convencimiento racional por parte de un individuo de que debe adquirir los conocimientos y habilidades requeridos para actuar. Aquí la capacidad de aprender de la experiencia previa y la formación recibida son los elementos clave a este respecto. La formación de calidad que no ha de estar sólo basada en la experiencia de la enseñanza-aprendizaje, no solo en la innovación científica e investigadora, sino también en la importancia de su “naturaleza cultural”, que facilite al profesional la construcción de su propio sistema de ideas y convicciones, ambas constitutivas del entramado del vivir humano.
Los atributos personales del profesional pueden determinar el resultado de las actividades desarrolladas, en la medida en que es el individuo en sí mismo quien logra con sus características idiosincrásicas y habilidades llevar al éxito sus iniciativas. De cualquier modo, no es el único factor relevante a apreciar para determinar el éxito de una actividad, de un proyecto. En este sentido, las condiciones del entorno en el que se desarrolla el proceso de generación de ideas-elección y desarrollo temporal de las acciones- influyen las condiciones del entorno y posesión de habilidades y conocimientos para afrontar cada proceso de toma de decisiones orientado a la actuación.
Hoy me he dicho en voz alta: tener un cargo u oficio no es suficiente para poder responder a la pregunta sobre mi estado emocional: soy feliz. La forma de desempeñar nuestra dedicación profesional retroalimenta ese estado que, a veces creemos relacionado básicamente con la esfera personal, por contraste con la llamada profesional. Pero en el espacio de las emociones no existen fronteras, como en nuestra agenda, que refleja la adscripción de nuestro tiempo.
Ana Mª Montes Merino
Profesora del Área de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Jaén









