Tu verdad, dila a los menos, y a los más, di lo que desean oír

Querer ir contra la corriente es un error
que lleva tanto al desengaño como al peligro.
Sólo un gigante como Sócrates se atrevió a hacerlo.
Cuando expresas tu disentimiento,
el otro casi siempre lo interpreta como una ofensa,
debido a que estás condenando el juicio que él había expresado.
Haces que se multipliquen los disgustados contigo,
pues se molesta la persona que contradices
y quienes aplaudieron lo que ella dijo.
La verdad es de pocos,
el engaño es de muchos y vulgar.
Nunca conocerás al sabio por lo que le oyes decir en la plaza,
pues allí él no dice lo que siente,
sino lo que desea oír la necedad común,
aunque en su interior él sepa que miente.
El hombre cuerdo huye de ser contradicho
al igual que de contradecir.
Tan pronto tú contradices una idea,
tu actitud se interpreta como que deseas detener esa idea,
anularla, que no se difunda más, coartarla por equivocada.
Como la gente siente amor por la libertad,
no debes herir ese sentimiento,
al contradecir al que opina.
Así que a la gente, dile lo que oír quiere.
Luego, retírate al silencio sagrado de los sabios,
y tal vez permítete decir y contradecir lo que sientes
a la sombra de pocos, y de cuerdos y sensatos.

El aforismo de Baltasar Gracián evoca el temor a decir la verdad y así demarcarse delante de los otros y que estos puedan ofenderse y volverse contra él, vengarse por su osadía, su libertad o su singularidad.

La verdad, según el diccionario ideológico de la Lengua Española de J. Casares, es “la conformidad de las cosas con el concepto que de ellas tiene la mente, o la conformidad de lo que se dice con lo que se piensa o se siente”. Luego hace referencia a la representación mental de un individuo, de una sola persona. Cada persona tiene entonces sus verdades que no son inmutables, pues con las experiencias y conocimientos que aporta la vida, las personas pueden cambiar fácilmente de reflexión, pensamientos y creencias. Luego la verdad es un concepto subjetivo individual y mutable. Una persona dice su verdad cuando ésta está en coherencia o conformidad con sus ideas, valores personales y sus sentimientos. Es lo que llamamos integridad o incluso dignidad humana: “ser uno mismo”.

Para muchos la verdad constituye el eje o el motor de sus vidas como un camino a seguir para alcanzar la meta, la felicidad o un equilibrio entre sus valores e intereses personales. Para muchos, la verdad es sinónimo de creencia, o de fe. Es decir, un sentimiento producido bajo la influencia de la autoridad personal de alguien en quién se cree.

El principal problema se encuentra en que nuestra verdad es sólo una parte de la verdad y que hay que dejar, por lo tanto, un margen de respeto para los que no piensan como nosotros, porque sólo con que profesen sinceramente sus ideas, aunque no sean las nuestras, están actuando de forma correcta a la verdad. Cada uno pensamos que nuestra verdad es única y que los demás están equivocados, y actuamos de forma que rechazamos y ridiculizamos las ideas y verdades de los demás. No nos damos cuenta de nuestro error, pero si reconocemos en cambio cuando son los demás los que nos imponen conceptos e ideas sin aceptar las nuestras.

El aforismo “Tu verdad, dila a los menos, y a los más, di lo que desean oír” no tiene cabida en mi personalidad y carácter. Aunque asumo que no siempre expreso mis sentimientos ante hechos y circunstancias tanto en la vida laboral como familiar, de forma cotidiana sí mantengo mi verdad en mis actuaciones e intento expresarme y actuar de acuerdo a las mismas. Pero puedo comprender que en un contexto social de hace algunos años (o quizás en la actualidad en algunas parte del mundo) esto no es tan fácil.

La sociedad actual española ha conquistado un espacio de libertad, donde caben casi todas las creencias, ideas y pensamientos, y ese mismo espacio de libertad hace avanzar a la humanidad. Por supuesto estos avances no son gratuitos y han sido muchos los hombres y mujeres que han perdido su libertad (en ocasiones de forma absoluta con la muerte) para defender aquello de lo hoy disfrutamos y en ocasiones no nos damos cuenta de poseer.

 

Isabel Cañellas Rey de Viñas

Instituto Nacional de Investigaciones y Tecnología Agraria y Alimentaria – CIFOR