FARENHEIM 451: CUANDO LOS LIBROS DIGITALES, TAMPOCO INTERESAN (parte 2).

Ante escenario, varias propuestas abren algo de esperanza para el ebook:

Puede que sea aquí, en el fenómeno fan, en la viralidad, en el ecosistema creativo… en el transmedia, donde el ebook emerja para despertar en las nuevas generaciones, los nativos digitales, la pasión por la lectura y a los lectores fetichistas del papel una nueva experiencia de usuario mucho más completa.

Ojalá…


[1] Musical de la cadena FOX


FARENHEIM 451: CUANDO LOS LIBROS DIGITALES, TAMPOCO INTERESAN (parte I)

El ebook no termina de implantarse en España.

Este formato tan atractivo y práctico encuentra de momento muchas barreras para alcanzar todo el cariño que los lectores tenemos aún a la tinta y el papel. Pero, ¿por qué?:

  • Y porque ahora, consumir cultura es más caro

Instagram: una startap con personalidad

Instagram es una aplicación gratuita para móvil que permite compartir en redes sociales fotografías con un estilo vintage, evocando a la apariencia de fotos antiguas de una manera sencilla e inmediata. El formato de la imagen es cuadrado, en lugar del habitual 4:3 y permite compartir tus fotos a través de la propia red social de Instagram, Facebook, Twitter, Foursquare, Tumblr, Flickr, y Posterous.

Es compatible con cualquier iPhone, iPad o iPod Touch o dispositivo que corra sobre Android.

Su reciente adquisición por Facebook por valor de 1 billón de dólares es un fenómeno que ha sido ampliamente analizado en la red. También lo hemos hecho desde el Máster de Economía Digital e Industrias Creativas de la EOI.

En resumen, los aspectos que más interesante me han resultado son:
- cómo una startup ha sabido mantenerse fiel a un planteamiento sencillo, sin excesivas funcionalidades, sin caer en la ambición pese a conseguir financiación;
- cómo un gigante como Facebook no puede abordar un desarrollo móvil y prefiere absorber a quien ya lo tiene implantado;
- cómo una empresa sin ingresos consigue inversiones millonarias;
- cómo un producto sencillo y cuidado genera entorno a él una comunidad muy proactiva;
- cómo se puede amortizar toda la tecnología de software libre de la que disponemos y no reinventar la rueda;
- y que un equipo pequeño (sólo 13 personas), si es eficaz, es más que suficiente.

Para que te hagas una idea, esta ha sido su evolución en sólo 19 meses:

Si te interesa el tema, aquí tienes el ejercicio completo.INSTAGRAM: análisis jurídico, tecnológico y económico.


APUNTES PÚBLICOS SOBRE CULTURA Y PROPIEDAD INTELECTUAL

Ayer, el Ministro Wert avanzó en su comparecencia en el Congreso las nuevas líneas estratégicas en materia de cultura:
1.    Ley de Propiedad Intelectual: para restaurar los derechos de autor y hasta que la UE armonice la compensación a los creadores, ésta correrá a cargo de los Presupuestos Generales del Estado.
2.   Nueva ley de Mecenazgo: para que la sociedad civil cofinancie la cultura.
3.    Un modelo mixto de financiación para el cine: combinar las ayudas directas con los incentivos fiscales.
4.    Industrias culturales: decidida apuesta por ellas.
5.   Tauromaquia como bien inmaterial: recibirá ayudas públicas y se realizarán acciones para su reconocimiento.

Sin entrar en polémicas ni posicionamientos políticos, solo invito a la reflexión sobre si adjudicar todos los derechos de autor a los presupuestos públicos no supone mantener esa cultura de “tutela y paternalismo de lo público” que aletarga toda visión de autogestión empresarial de la cultura.

¿No deberían reservarse esos apoyos para aquella cultura marginal, experimental y ajena a los circuitos comerciales que sí habría que incentivar, como germen de creatividad, e instar en cambio a las empresas culturales a generar productos y servicios de calidad y capaces de sobrevivir en los mercados mediante otros incentivos?

Tenemos talento suficiente y una reconocida marca territorial para hacerlo.

Habrá que ver la propuesta completa…


CONFIANZA… VIRAL

Mientras preparaba mi post sobre marketing digital y cultura, algo ha ocurrido que merece aplazar por el momento este tema.
En apenas dos horas, he recibido 23 Whatsapps de amigos, familiares, compañeros de trabajo, adultos, adolescentes, chicos y chicas, estudiantes, trabajadores y algún que otro nini, advirtiéndome desesperadamente que enviara este aviso:

a 18 contactos de mi lista, para seguir disfrutando del servicio sin coste para mi bolsillo.
Mi primera reacción, debida a mi animadversión a esta absurda fuente de superstición digital, ha sido apagar el teléfono.
La segunda, cancelar la acción para consultar el blog oficial de Whatsapp y comprobar que, por supuesto, “It is a hoax”. Pues claro.
La tercera ha sido intentar averiguar ¿quién saca partido de esa cadena? En un par de horas, millones de usuarios de smartphones han “regalado” a no sé quién información sobre sus 18 contactos preferidos. ¿Para qué la querrán? Quién sabe…
Y ese es el verdadero poder del viral marketing: que no haya abierto ni un solo anuncio de marcas comerciales a través de internet en varias semanas y sin embargo haya confiado en mis 23 contactos, que me han pasado esta “basura” en cadena, que he leído íntegramente un par de veces.

Las cadenas de internet están prohibidas en algunos países, como en España (art. 21 de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información):

“Artículo 21. Prohibición de comunicaciones comerciales realizadas a través de correo electrónico o medios de comunicación electrónica equivalentes.
1. Queda prohibido el envío de comunicaciones publicitarias o promocionales por correo electrónico u otro medio de comunicación electrónica equivalente que previamente no hubieran sido solicitadas o expresamente autorizadas por los destinatarios de las mismas.
2. Lo dispuesto en el apartado anterior no será de aplicación cuando exista una relación contractual previa, siempre que el prestador hubiera obtenido de forma lícita los datos de contacto del destinatario y los empleara para el envío de comunicaciones comerciales referentes a productos o servicios de su propia empresa que sean similares a los que inicialmente fueron objeto de contratación con el cliente.
En todo caso, el prestador deberá ofrecer al destinatario la posibilidad de oponerse al tratamiento de sus datos con fines promocionales mediante un procedimiento sencillo y gratuito, tanto en el momento de recogida de los datos como en cada una de las comunicaciones comerciales que le dirija”.

¡Y para más INRI, al final del whatsapp decía que lo de cobrar el servicio es por la SOPA!
Jajaja…

 

Más información:
•    What´s a viral marketing, de Sasha Langner.
•   Principios de la estrategia del marketing viral.
•    Marketing viral, vía Wikipedia.
•    Cadenas de internet.
•   Otros que odian las cadenas.
•    Teoría sobre las smart mobs.
•    The wheels of viral marketing.


MONEY BEHIND THE SOPA: LA PROPIEDAD INTELECTUAL, A CUCHARADAS (parte III)

Las consecuencias, en el plano de los negocios.

Como bien recoge Stéphane Grueso en su blog, las consecuencias a nivel empresarial son muchas, tantas como los afectados directos e indirectos, de los que habla Francisco Ruiz en su post.

A éstas, hay que sumar:

En conclusión.

1. Un control tan férreo en un medio tan flexible, es una utopía. La imaginación de los cibernautas para encontrar alternativas son tantas como las lagunas legales y tecnológicas que podrían permitirlas. Boicot a Go Daddy , boicot apps… (vía @luispedraza)…

2. Subrayando las palabras de Stephane,

Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español (Ley Sinde). La neutralidad de la red es necesaria, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro”.

3. Sin confianza, no hay negocio y sin negocio el desarrollo de internet no sería el mismo.

 

Como dijo Hillary Clinton en una conferencia sobre la Libertad en Internet,

“… when ideas are blocked, information deleted, conversations stifled, and people constrained in their choices, the internet is diminished for all of us. What we do today to preserve fundamental freedoms online will have a profound effect on the next generation of users”.


MONEY BEHIND THE SOPA: LA PROPIEDAD INTELECTUAL, A CUCHARADAS (parte II)

Si trazamos un mapa con las principales reacciones ante la SOPA, encontraríamos algo así:

Vayamos por partes…

¿Quiénes apoyan SOPA y qué sacan de esto?

“a bill that stops foreign online criminals from stealing and selling America’s intellectual property and keeping the profits for themselves. According to estimates, IP theft costs the U.S. economy more than $100 billion annually and results in the loss of thousands of American jobs”.

“Intellectual property is critical to our nation’s economy.  It is an engine that drives our contemporary economy and will fuel the future”.

 

Para ambos, el riesgo a perder el control sobre los productos culturales, que suponen casi la mitad de la exportación americana, tendría un alto coste económico y en votos.

“I want to make it clear right at the outset that our fight against content theft is not a fight against technology. It is a fight against criminals.”

“The music industry, while enormous in its economic, cultural and personal impact, is by business standards relatively small. So theft on this scale has a noticeable and devastating impact: employment at the major U.S. music companies has declined by thousands of workers, and artist rosters have been significantly cut back. […] Without that revolving door of investment and revenue, the ability to bring the next generation of artists to the marketplace is diminished – as is the incentive for the aspiring artist to make music a full time professional career”.

En el caso de estos dos gigantes, también la pérdida de ingresos así como de empleos cimentan sus argumentaciones.

El “sí, pero no así” de los grandes del software.

La Business Software Alliance (BSA), que tiene por miembros a Apple, Microsoft y otras 27 empresas líderes del sector, mantienen que

Online piracy presents a serious and immediate threat to software developers as well as to other copyright-based industries […] But it is important not to lose track of the fact that the vast majority of individuals and businesses use software, computers, and the Internet for a myriad of legal and legitimate personal and business reasons”.

Si bien su apoyo total (debido, nuevamente, a los intereses económicos derivados del plagio de sus licencias) al inicio levantó críticas, la BSA rectificó posteriormente solicitando una “rescritura” del proyecto de ley y ofreciendo su colaboración para ello, especialmente en aquellos aspectos que faltaban a la libertad de expresión y la privacidad.

Robert Holleyman, presidente de la alianza, mencionó recientemente:

“I believe the bill’s basic goals should be to promote creativity – something software and computer companies are very good at – while deterring bad actors that profit from selling copies of software and other works they do not own. BSA firmly believes these goals are compatible and achievable. […] Due process, free speech, and privacy are rights cannot be compromised. And the security of networks and communications is indispensable to a thriving Internet economy. Some observers have raised reasonable questions about whether certain SOPA provisions might have unintended consequences in these areas”.

Y los detractores, que también velan por sus intereses…

 

En el caso de estas empresas, evidentemente, el impacto sobre la libertad de expresión se traduciría en un descenso drástico de su materia prima, los contenidos digitales, y la investigación hacia nuevos modelos de negocio, estaría absolutamente encorsetada por una normativa que excede incluso los límites de su jurisdicción.

[Ver parte III]


MONEY BEHIND THE SOPA: LA PROPIEDAD INTELECTUAL, A CUCHARADAS (parte I)

A raíz del anuncio del Committee on the Judiciary americano de la puesta en marcha de la Stop Online Piracy Act, o SOPA, esta proposición de ley, que

“modernizes our criminal and civil statutes to meet new IP enforcement challenges and protect American jobs. […] ensuring that law enforcement and job creators have the necessary tools to protect American intellectual property from counterfeiting and piracy”,

la efervescencia de las reacciones, categóricas tanto a favor de esta iniciativa como en contra, ha colmado a periódicos, blogs, wikis y redes sociales [Whasintong Post, The Wall Street Journal, USA Today, The New York Times, The Economist, Wikipedia, lúcida explicación de Mafalda, vía blog de Joel Sedano, hashtags como #SOPA, #censor the internet .. ] de referencias a este nuevo intento[1] por parte de los poderes americanos de acotar internet y sobre todo, sus retornos económicos.

Fuente: Netbase

 

La vuelta al cole de los congresistas americanos tras las vacaciones navideñas, tiene como primer punto en la agenda aprobar esta ley, de potentes efectos sobre la sociedad, la libertad, y como no, sobre la economía.

Esa pugna de poder entre los ya obsoletos media y los nuevos, ha quedado clara en las declaraciones de los que están a favor, los que están en contra y aquellos que la ven bien, pero con algunos matices.

Pero a nadie se le escapa, que tal y como está planteada que da a los propietarios de los derechos de propiedad intelectual un poder excesivo (podrían exigir que una empresa de tarjetas de créditos o una agencia publicitaria hiciese negocio con un cliente o site extranjero; obligar a los buscadores que eliminen vínculos de su web; o imponer a los proveedores de servicio que bloquen el dominio de una página de internet).

Sinceramente, ¿no sería más fácil y ético aceptar la transformación de los modelos de negocio en lugar de alterar las normas jurídicas en función de ciertos intereses?

Fuente: Crecer feliz

 

Puede que sí, pero sin duda también menos rentable económicamente, al menos a corto plazo, que parece ser el único alcance de miras de los lobbies que impulsan esta iniciativa.

 

[Ver II parte].

 


[1] PIPA (Protect Intellectual Property Act), que sigue su trámite en la otra cámara del Congreso de los Estados Unidos, el Senado; E-PARASITES en la que se ha basado la PIPA ; PROTECT-IP, germen a su vez de la E-PARASITES; y la DMCA (Digital Millenium Copyright Act).


¿SOMOS LO QUE GENERAMOS?

 

Salía hoy de la presentación del estudio “Derechos de autor y contenido generado por el usuario” en la EOI de Sevilla, [1]a cargo de Google y la consultora Rooter[2], intentando calcular el valor que tendría poder leer el blog de Leonardo da Vinci con 15 años, seguir a @Napoleón en Twitter (#Waterloo), hacerme fan del Facebook de Simone de Beauvoir o ver entre carcajadas un mashup editado por los Hermanos Marxs.

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¿Quién sabe cuántos genios/as están hoy presentes en la red? ¿Cómo permanecer impasible mientras toda esta cultura, todo este procomún digital (y la de sus cohetáneos), se diluye en la inmensidad del océano de bits -“difusión pacífica de obras derivadas o compuestas”, según Conrado – por no tener una conciencia clara como usuarios del valor que nuestras aportaciones tienen para el resto de la sociedad?

Por lo que el contenido generado por los usuarios nos enriquece, por el tiempo y esfuerzo que conlleva y por normalizar un vehículo de expresión de nuestra identidad (analógica y digital) es necesario regular con carácter urgente todo contenido de esta naturaleza, de valor para sociólogos, antropólogos y en general, interesados por el fenómeno del ser humano. Y también para que el problema de las obras huérfanas no siga avanzando a pasos agigantados.

Parece que la Unión Europea está en ello… pero esta conquista requiere de la reivindicación de los prosumers por su legítimo espacio en la red.

[Por cierto, el jueves se presenta el estudio en Madrid. Os recomiendo que asistáis para oír algunas propuestas sobre cómo solucionarlo].

 

Más información:

 


DERECHO AL OLVIDO (digital)

En una sociedad en la que la identidad digital se ha convertido en una prolongación del “yo” en su sentido más puro, el derecho al olvido (right to be forgotten on line), nace como una herramienta de defensa de derechos fundamentales como al honor, a la intimidad personal y familiar ya la propia imagen.

Saber cómo, quién, para qué y por cuánto tiempo tiene acceso a nuestros datos personales, recabados de múltiples maneras a través de cualquier click realizado sobre una web, es un derecho legítimo del usuario y cuya manipulación forma parte del lado más oscuro de Internet.

Hechos  como el anuncio de la Unión Europea de trabajar en una estrategia de protección de los datos de carácter personal de manera inminente y que será de aplicación incluso para compañías extracomunitarias que operen sobre el ámbito europeo o la aparición del servicio Google ”yo en la red” constatan la preocupación y la trascendencia que para cibernautas, empresas vinculadas al ciberespacio y gobiernos tiene la defensa del tratamiento que se hace en la red de la imagen personal. La administración americana, a diferencia de la europea, aboga más por la autorregulación por parte del propio usuario.

Iniciativas como la Lista Robinson, el Do-not-track-list, el Right to delete o el Data Protection Act en Gran Bretaña son algunos de los antecedentes que revelan la inquietud creciente de los usuarios por proteger su intimidad. Estamos, pues, ante un nuevo fenómeno sociológico global ante el que resulta difícil permanecer indiferente.  En nuestro país, la Agencia Española de Protección de Datos cuenta con un centenar de resoluciones sobre el derecho al olvido, algunas de las cuales están en la Audiencia Nacional.

En este sentido, desde la óptica jurídica, el derecho al olvido digital, entra en intersección con los derechos fundamentales mencionados anteriormente pero también con la protección a la infancia y a los derechos humanos, la propiedad intelectual y otros aspectos legales (privacidad por defecto, la claridad y cumplimiento de los avisos legales y licencias de uso, la baja efectiva del servicio, etc.).

Como cibernautas, algunos interpretan este derecho como un paso clave en el desarrollo normativo de Internet. Otros, en cambio, lo definen de posicionamiento antisocial como si no estar en la red significara no existir. Y es que redes sociales como Facebook nos han inculcado una cultura de alta permisividad a la exposición pública de datos personales, pero cuando registrar esa información sensible resulta tan fácil e intuitivo y eliminarla requiere de un periplo sólo apto para los más pacientes o incluso cuando en  Linkedin, por ejemplo, pese a marcar tu información como privada, cualquier persona ajena a ti que contrate un servicio Premium accede sin ningún obstáculo a ella, cabe plantearse dónde están los límites de la privacidad en Internet y quién se está beneficiando de la laguna legal que permite este asalto a los derechos fundamentales del individuo.

A nivel empresarial, supone frenar voluntariamente el modo en que nuestra privacidad se mercantiliza, convertida ya en objeto de especulación. De hecho esta filosofía queda clara en la frase “En internet, cuando no pagas por un producto, el producto eres tú”.  Y es que el potencial de lucro que un contenido tan valioso ofrece es evidente: aplicaciones que transmiten la identificación del usuario violando la política de confidencialidad, la proliferación de empresas que se dedican a borrar las huellas digitales de sus clientes en la red e incluso la figura del “albacea digital” empieza a ofrecerse como gestor de vidas virtuales, como solucionador y facilitador de un trámite que parece imprescindible para gozar de la reputación social y profesional que en la actualidad se exige.  Es más, el derecho al olvido se convierte también en elemento de marketing, por ejemplo, cuando Google arguye no aceptar que Facebook importe los contactos de las cuentas de Gmail dado que Facebook no permite a los usuarios recuperar esa información después.

Pero, ¿cómo se transformará el escenario en la red tras alcanzar este derecho?

Para la mayoría de los cibernautas será un logro alcanzado, pero puede que para otros se convierta en un subterfugio para volverse invisibles ante la justicia; tal vez cuando se empiecen a conocer más casos entre la opinión pública de vulneración de la intimidad, por ejemplo de discriminación por parte de las empresas de selección de personal en función de la trayectoria en la red del candidato al puesto, se genere un éxodo masivo de muchas de las redes sociales que hoy tienen tanta aceptación; casi seguro que proliferarán las empresas que velen por la protección de esa información personal y los data controllers; surgirán nuevos nichos de mercado en productos y servicios derivados de la protección y la vulneración del individuo en la red; pero sobre todo los organismos internacionales de regulación de la red tendrán que ser especialmente sensibles  a este nuevo horizonte.

Los límites (¿puedo eliminar una foto en la que además de mi salen otras personas?), el riesgo de censura, que Internet pierda “objetividad”, que se garantice el respeto a la configuración de privacidad establecida por el usuario, depurar las responsabilidades (para no aparecer en un buscador, primero que hay que eliminar del sitio web donde constan los datos publicados), garantizar la disponibilidad de mecanismos sencillos para su ejercicio, la adaptación de tecnologías que impidan la indexación de datos personales por motores de búsqueda, la colisión entre el derecho al olvido y la libertad de expresión, grado de flexibilidad que se le otorgue,… son retos que hemos de afrontar a corto plazo ya que nos encontramos en los inicios de un nuevo paradigma cognitivo para el que no estamos preparados, de ahí que las consecuencias de nuestro analfabetismo digital han de ser reversibles y más cuando la tendencia apunta a una outside society, a una nueva población obsesionada y adicta a su exhibición en la red.

Garantizar esta protección es esencial y tan urgente como el formarnos para conocer y decidir de manera consciente los pros y contras de publicar ante el mundo nuestras palabras, nuestras vivencias, nuestro yo.

Más información: