La ventaja de ser penúltimo
Hace unos días leí un artículo, publicado el pasado mes de febrero, donde se recogía que España, junto con Grecia y Portugal, eran los países de la UE a los que se les recomendaba reducir la presión salarial para recuperar competitividad y poder, así, enfilar la recuperación económica. Más concretamente, se viene hablando en los corrillos financieros que sólo Grecia está por debajo de España en perspectiva de recuperación económica.
Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol; el propio Frederick Taylor (“Principles of Scientific Management”-1912), lo hubiera firmado: menor coste de producción, mayor productividad, menor precio de venta y, por ende, mayor competitividad en un mercado que, por entonces, era bastante más doméstico que el actual.
Y aunque la sociedad y los mercados, en los últimos 100 años, han evolucionado sobremanera (no siempre de forma positiva) parece que algunos de los principios enunciados por el ingeniero y economista estadounidense siguen vigentes.
Y es verdad…una verdad a medias; si entendemos como competitividad empresarial el grado de supervivencia que una compañía tiene en su entorno de influencia y dado que, dadas las circunstancias actuales, prima sobrevivir antes que vivir, habrá que empezar a buscar ventajas competitivas para cumplir dicho objetivo.
Es cierto que podemos buscar una ventaja competitiva basada en costes; podremos invertir más en nuestra empresa si, previamente, hemos minimizado nuestros costes productivos y de gestión, directos e indirectos. Habitualmente, vamos a lo sencillo y optamos por la reducción de los directos, donde los salarios de los RRHH implicados en la actividad productiva van incluidos.
Ahora bien, podemos optar por buscar esa ventaja competitiva en la diferenciación. A igual precio de mercado (incluso, en ocasiones, superior) nuestro producto o servicio aporta al cliente una plusvalía de la que nuestros competidores carecen: desde una atención personalizada al cliente hasta el establecimiento de unas condiciones de pago más favorables para quien adquiere nuestro producto o servicio.
Es en este último punto donde, más habitualmente de lo deseable, utilizamos la excusa de “estar demasiado ocupados” como una manera de no prestar atención a los detalles, tomando demasiado tiempo para volver a contactar con los clientes, reducir los plazos de entrega de los proyectos o, incluso, de llegar tarde a las citas.
¿No es una de las consecuencias de los negocios, en última instancia, el estar ocupado?
Si hacemos malabares con demasiadas bolas, probablemente no podremos tener una comida de negocios con nuestro cliente donde podamos indagar en sus necesidades o propuestas de mejora para mostrarle que es lo suficientemente importante y poder ofrecerle esa plusvalía, esa ventaja competitiva que la competencia no le ofrece. Si es así, entonces es de suponer que no tendremos que preocuparnos de estar demasiado ocupados durante mucho tiempo…
En cualquier caso, si no aprovechamos la coyuntura actual para mejorar, al menos, un par de aspectos de nuestro negocio (aunque nos parezcan insignificantes), siempre podremos recurrir a eso de que “no somos los últimos; todavía hay alguien que está peor”.
Mal de muchos…
Manuel de Diego Calvo
Coordinador del Área de Control INCOSA
Curso de Organización Empresarial 2004
Comentarios ( 1 Comentario )
Sin duda la diferenciación (en innovación en sentido amplio, adaptación a mercados de nicho, producto o servicio a medida de clientes especificos, etc) es un factor.
Un claro ejemplo es el resultado de casi todo lo que ha “inventado” Steve Jobs, desde el PC Apple hace ya treinta años al reciente lanzamiento del ipod, pasando por los entornos graficos Mac, incursion en NexT, Pixair, itunes, iphone, etc. etc



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