La Paradoja de Easterlin y la competitividad global
El otro día cayó en mis manos un artículo de Manuel Conthe sobre la paradoja de Easterlin sobre el que creo que merece la pena al menos una reflexión.
Richard Easterlin, profesor de la University of Southern California, es un sociólogo que en 1974 realizó un estudio sobre la riqueza de los países y su relación directa con el grado de felicidad de sus habitantes. Este estudio sirvió de base para obtener algunas conclusiones interesantes sobre la relación riqueza-felicidad, y ha sido corroborado por varios estudios posteriores sobre dicha relación. Como era de esperar, dentro de una sociedad determinada, a mayor nivel de riqueza, los habitantes manifestaban mayor nivel de felicidad. Sin embargo, lo interesante del estudio surge de que cuando se comparan distintos países, la población expresa distintos grados de felicidad independientemente de su nivel de riqueza comparado entre ambos países. Es decir, el mismo nivel de felicidad en dos países distintos, no tiene por qué corresponder al mismo nivel de riqueza. Easterlin, en base a esta conclusión, analizo este aspecto dentro de un mismo país. Así, comprobó que dentro de un mismo país, el nivel de felicidad de los habitantes permanece constante a pesar de que el nivel de riqueza aumente varias veces desde el punto de referencia. Esto viene a concluir que el porcentaje de habitantes felices dentro de un país es constante independientemente del crecimiento general del PIB o la renta per cápita de ese país. Y a este efecto se le ha donominado la Paradoja de Easterlin, que indica que el nivel de felicidad de las personas no es absoluto, si no completamente relativo a la comparación con el entorno de la persona y la sociedad a la que pertenece.
Analizándolo fríamente, no es necesario consultar más estudios para opinar sobre la veracidad de tal conclusión, obtenida hace más de tres décadas. El nivel de felicidad es relativo, es comparado con el del vecino. Es lo que en Estados Unidos viene a expresarse como “keeping up with the Joneses”, es decir, si mi vecino tiene tal coche, yo necesito uno mejor, o al menos similar, para ser más feliz, o al menos igual de feliz. No analizamos si nosotros necesitamos ese coche funcional o estéticamente, si nos hace feliz o no, si no que pensamos en primer lugar: ¿qué tiene mi vecino, o las personas de mi entorno, y qué pensarán de mí si compro tal coche? Es una mera relación comparación-felicidad, o posesión-felicidad.
Y este aspecto es algo sobre lo que deberíamos reflexionar por dos motivos. En primer lugar por la simple ética de esta interpretación de la felicidad, y en segundo porque la globalización nos obliga a ampliar el marco de referencia en la comparación de la felicidad. Sobre lo primero poca explicación hace falta, simplemente pensar en la integridad de cada uno y en su concepto personal de qué es ser feliz y cómo alcanzar dicho estado. Sobre lo segundo, en cierta medida nos podría servir como aliciente para mejorar nuestra competitividad como país y sociedad (¡o nuestro grado de felicidad como país!). Porque si la paradoja es cierta, y comparamos nuestro nivel de vida con algunos países emergentes (China, India, Brasil, Indonesia, etc.), podríamos concluir que somos en muchos aspectos enormemente “más felices” que nuestros lejanos vecinos, y por tanto, más ricos, y esto haría que nuestros lejanos vecinos se esforzaran más y más en alcanzar nuestro nivel de felicidad mediante un aumento de su esfuerzo, trabajo y productividad, como ya vienen haciendo desde hace unos años.
Por tanto, ¿debemos ampliar nuestro marco de referencia a la hora de comparar nuestro “nivel de felicidad” y nuestro nivel de vida? ¿Debemos empezar a pensar que la competencia por mantener nuestro “nivel de felicidad” es ya global y no solo del entorno más cercano? ¿Es hora de pelear por nuestro “nivel de felicidad” mediante el aumento de la productividad y el valor añadido de nuestras acciones a nivel global?
Quizá, después de todo, sea la paradoja de Easterlin y la globalización lo que mueve a los países emergentes a aumentar su PIB a esas tasas anuales desorbitantes mientras Europa está estancada en porcentajes que no superan el 2%.
Roberto Veguillas Pérez
Responsable de Tecnología de Aerogeneradores y Redes IBERDROLA RENOVABLES
Executive MBA 05/06
Vocal de la Junta Directiva de Club EOI
Comentarios ( 1 Comentario )
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