Dirección de Proyectos y Dinámica Organizacional

Celebrando el cumpleaños del profesor

Celebrando el cumpleaños del profesor

Acabo de finalizar dos semanas de clase en las sedes de Santiago y Santo Domingo de la maestría PUCMM-EOI sobre Dirección de Proyectos, en la República Dominicana. La asignatura «Dinámica Organizacional» trata de explicar a los alumnos cómo se producen y conducen los fenómenos organizativos, y su relación con el comportamiento humano dentro de los proyectos.

La asignatura constituye una oportunidad para hacer descubrir a los participantes los fenómenos que se suceden en el interior de las organizaciones, a partir del material humano del que están compuestas. La idea es facilitarles el conocimiento de dichos fenómenos para hacer a su vez más fácil la gestión de los proyectos.

Impartir una clase en República Dominicana es tener evidencia de que se está contribuyendo a algo realmente notable. La gran ventaja de ir allí a dar clase es poder entrar en contacto con el entusiasmo contagioso de los alumnos. No es frecuente hoy encontrar un alumnado que esté dispuesto a dejarse sorprender por el profesor, por las ganas de aprender y de poner en práctica lo aprendido. Al menos, ésta es la sensación con la que uno sale de allá. Un conocido pedagogo español decía que «no hay profesor si no hay alumno». Y ésta es precisamente la dinámica que se pone allí en marcha. Cómo profesional de la enseñanza durante 30 años, aprendes a apreciar las diferencias culturales que se dan dentro de un mismo país y a tan sólo unos pocos kilómetros de distancia. La gente de Santiago, más campesina, más sosegada, con más capacidad para profundizar las cosas y preocupada por el largo plazo, y la gente de Santo Domingo, más urbana, presionada por el ritmo de una ciudad grande, ejecutiva y guiada por la necesidad de dar salida a lo inminente. Y todos ellos unidos y envueltos por igual en el calor humano propio de las gentes del caribe, con su infinita amabilidad, enorme paciencia, sentido del humor y esa bendita capacidad de acoger al que llega de fuera y hacerle sentirse un «Wanjiru», uno de los nuestros, como dicen en Kenia.

Soy consciente de que una gran parte del entusiasmo de mi alumnado dominicano está guiado por su deseo de contribuir al desarrollo del país y de mejorar sus propias condiciones personales. Al verlo, uno no puede por menos que tomar muy en serio las condiciones en que muchos de ellos acuden a la maestría, después de largas jornadas y largos desplazamientos por carretera. Esto no es privativo de una maestría caribeña, porque es algo que hemos vivido todos los que hemos tenido la suerte de cursar un post-grado. Pero una cosa muy distinta es verla como alumno y otra como profesor. Al profesor, esto le obliga especialmente, y aquí creo yo que reside una de las grandes diferencias con otros tipos de programas y estudios. A los profesores, el esfuerzo de los alumnos nos compromete especialmente, y nos obliga a dar lo mejor de nosotros mismos. Hoy el conocimiento está al alcance de todo el mundo y una de las cosas que ha cambiado para los docentes es observar cómo los alumnos van corroborando a través de internet los datos que les vamos facilitando. Incluso cuando uno tiene alguna duda con una fecha, un dato o un nombre, no tiene más que preguntarles a los alumnos, quienes suelen tardar no más de 20 segundos en decirte quién era esa persona o ese dato que te ha bailado en la memoria. Creo que nuestra misión hoy lo que no pueden encontrar en la red, y es la relación de las cosas con la realidad, la probabilidad de que las cosas ocurran, la vinculación de unos fenómenos con otros: la síntesis y la esencia de las cosas, que internet no puede dar -de momento- porque sólo es un gran almacén de datos. En definitiva, la experiencia de la vida, que es casi lo único, ¡y no es poco! de lo que uno puede transmitir.

Y, para concluir, ninguna experiencia humana puede sustituir a una clausura informal de la asignatura, en un bohío típico o en una zona más popular, tomando unas cervezas y unos chicharrones, al tibio atardecer caribeño, cerca del mar, cuando la tarde ya ha caído, contando historias o escuchando los sueños y las aspiraciones de quienes están ahora en pleno fragor de su vida profesional. No hay forma de pagar esto. Y uno ya está pensando en su próximo viaje.

Manuel Candela

Profesor EOI


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