Estudio Industrias de la Creatividad 20+20 EOI

¿Qué tienen en común el Real Madrid, Gomaespuma o David Delfín? Estas empresas de tan diversos campos de actividad (el deportivo, el del diseño, el de la producción audiovisual, el de la moda) son sólo algunos ejemplos de negocios que comparten las formas de organización y la capacidad de innovar de las Industrias de la Creatividad.

Hoy presentamos el informe final de la investigación sobre las Industrias de la Creatividad (pdf) en la que se analizan 20 casos de empresas de Industrias de la Creatividad, sus modelos de negocio novedosos y sus organizaciones innovadoras, extrayendo 20 conceptos clave de sus sistemas de gestión empresarial que expresan la esencia del éxito de estas empresas.

Este texto que presentamos aquí, el último de los cinco sectores analizados en el Proyecto Nueva Economía 20+20 EOI, es un borrador que abrimos a la reflexión y la deliberación con el fin de enriquecer el análisis y realizar una aportación lo más certera y consensuada posible al debate sobre los nuevos modelos de empresa que configuran la Nueva Economía.

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Comentarios ( 14 )

[...] publicamos hace unos días, lanzamos  ahora los documentos de Economía Digital, Economía Verde e Industrias de la Creatividad que conforman el primer avance de 5 sectores del proyecto de investigación Nueva Economía 20+20 [...]

EOI en abierto » Economía Digital, Economía Verde e Industrias de la Creatividad 20+20 EOI enviado el 05/08/10 12:52

[...] Tras un proceso de reflexión pública que ha suscitado un interesante y constructivo debate en este mismo blog, hoy publicamos el libro Nueva Economía 20+20. Industrias de la Creatividad, el segundo de la [...]

20creativa » Presentamos el libro Nueva Economía 20+20. Industrias de la Creatividad enviado el 15/10/10 13:30

CONTRA LAS INDUSTRIAS DE LA CREATIVIDAD

Es curioso. De entre todos los informes encargados por la EOI sobre lo sectores emergentes de la “nueva economía”, todas las denominaciones del marco de estudio han estado compuestas por el binomio economía + verde, digital, abierta y social, salvo en un caso, denominado “Industrias de la creatividad”. Así, el informe delimita desde el título, reduce lo económico a lo industrial, siguiendo una tendencia que, de un tiempo a esta parte, parece imparable a nivel internacional y sobre la que cuando menos, sería interesante-necesario pararse a pensar.

Muchos de los agentes que trabajamos con la creatividad y en gran medida desde lo cultural (una mezcla no siempre feliz, vista su perniciosa deriva), nos resistimos a esta etiqueta de “industria” y a las líneas de pensamiento y actuación que de ella se derivan. Cada vez más, se impone una visión instrumental y monetarista del sector (la generación de PIB, empleo, regeneración urbana, atracción turística, etc. se convierten en funciones y objetivos fundamentales), planteándose además posibilidades eminentemente industrializadoras como casi única vía para generar “valor” (¿qué valor-es?).

La industrialización persigue una supuesta mayor eficiencia en cuanto a procesos y resultados y la maximización del beneficio. Necesita de productos y servicios estandarizables para ser ofrecidos de modo masivo. Así, lo que resulta rentable es lo mayoritario, lo espectacular, el entretenimiento, lo intelectualmente accesible, lo fácil de domesticar y empaquetar, lo licenciable y franquiciable… frente a propuestas deficitarias para las cuentas de resultados, que tengan que ver con lo especulativo, lo experimental, lo minoritario, la transformación social… (si, ya se: bla bla bla). Por todo esto, cuando, en una nueva pirueta, se incluye el deporte dentro del difuminado ámbito del sector de la creatividad, se incluye al Real Madrid (desde luego, un ejemplo significativo), en vez de o complementado con otras propuestas no vinculadas al deporte profesional de masas, sino al deporte amateur como ámbito de vida saludable-educativo.

Así, la creatividad, la cultura, dejan de ser prioritariamente ámbitos para la experimentación, para la transgresión, para la generación de lo simbólico y nuevas subjetividades, para pasar a ser un nuevo ámbito de negocio. Ya no se trata de empoderar y potenciar la autonomía de las personas, sino de segmentar audiencias y abrir nuevos nichos de mercado. Un mercado masivo donde lo artesanal, lo amateur dejan de tener sentido, si no es como margen necesario o entrando a formar parte de la recurrente larga cola.

Probablemente, cuando se habla de “industria”, ni siquiera se trata de una visión sesgada de empresarialización o profesionalización. No es un equívoco (por eso no se subsana), sino una apuesta por imponer el sistema-modelo industrial en un ámbito donde piensan que no está obsoleto, sino que tiene mucho camino por recorrer, por rentar. Una visión cortoplacista, basada en atacar una nueva parte de la tarta del desprotegido procomún, esquilmando los sectores de los intangibles del mismo modo que se hizo (y se sigue haciendo) con los recursos materiales-naturales. Como siempre, que todo cambie, para que todo siga igual… Eso debe ser la “nueva economía”.

También como siempre, quienes nos equivocamos somos nosotr*s, desde nuestra ingenua crítica buenista. Pero entonces ¿qué hacemos? ¿Renunciamos a ese empeño por que las cosas sean ciertamente distintas y huimos hacia un nuevo margen? ¿nos mantenemos en la lucha dialéctica? ¿nos autoconvencemos de la ilusión del cambio desde dentro? ¿recuperamos una actitud insumisa y de acción directa? ¿nos atrevemos a salir del círculo vicioso? No lo se, pero ante el asedio al que estamos siendo sometid*s… Algo habrá que hacer.

P.D. Ojala una lectura reposada del informe me haga ver que si, que estaba equivocado.

Ricardo_AMASTE enviado el 20/08/10 12:11

Ricardo plantea una serie de temas, en relación con las industrias de la creatividad, que creo que ponen de manifiesto algunos de los puntos fundamentales del debate que se está produciendo en este campo. Básicamente hace referencia a la difícil relación entre el mercado y la cultura, aunque el término “creatividad” pueda abarcar algunas actividades más amplias, como por ejemplo las relacionadas con el entretenimiento. Se abre así, con su aportación, un debate que tiene un gran interés para todas las personas interesadas en este sector. Espero que este debate pueda ir enriqueciéndose con más aportaciones, tanto en este blog como en las reuniones presenciales que está previsto realizar para la presentación del documento.
En esta primera intervención me gustaría realizar algunas aclaraciones sobre el objetivo y contenido del documento. En el contexto económico propuesto por el gobierno de la necesidad de modificar el patrón de crecimiento de nuestro modelo productivo, nos planteamos identificar una serie de amplios sectores de actividad que pudieran tener una importancia económica grande para el futuro y en los que existiesen experiencias interesantes de empresas españolas. Empezamos por cuatro definidos como economía verde, abierta, digital y social y por éste, al que denominamos directamente industrias de la creatividad y no economía de la cultura o creatividad. La razón de este nombre viene de la propia reflexión que se está produciendo en el sector y que a nivel europeo viene recogida en el primer borrador del libro verde de la Comisión Europea “Unlocking the potential of cultural and creative industries” que se presentó en el mes de abril de 2010. Respecto al contenido, intentamos reflejar una serie de experiencias interesantes en los distintos subsectores para, a partir de ellas, poder ofrecer algunas recomendaciones para emprendedores que estuvieran interesados en desarrollar una actividad empresarial en este ámbito. El objetivo del documento no es tanto posicionarse en el debate sobre una posible mercantilización de la cultura, como mostrar la viabilidad económica, en la sociedad de la información y el conocimiento, de algunas empresas culturales o creativas.

Fernando Casani enviado el 01/09/10 13:36

Estoy de acuerdo con Ricardo en muchas de las cosas que dice. Sin embargo, quiero matizar determinados aspectos desde mi punto de vista:
El sistema capitalista funciona a base de obtener un valor o plusvalía, por lo que la industrialización es más bien un motor del mismo. Me parece muy bien que existan objeciones contra dicha forma de organización económica, es la forma de avanzar; la crítica es indispensable. En ese sentido creo que es bueno que se plantee qué es la “nueva economía”.
El concepto es muy amplio; no toda “nueva economía” necesariamente corta radicalmente con esta lógica de acumulación de beneficios. Es decir, el hecho de basarse en valores como la solidaridad, la cultura, el respeto al medio ambiente,…no necesariamente los aparta de su actividad capitalista, por decirlo así. Yo creo que las empresas que nosotros analizamos son muy variadas en este sentido: Ricardo cita una empresa muy grande, pero también hay muchas otras como la Agencia Freak o Sones, por citar sólo dos, que creo que tienen una visión muy clara de su objetivo principal y no es la obtención de beneficios. A mi entender, nuestro estudio pone en evidencia los nuevos valores que están impregnando a la actividad económica. Por otra parte, es un análisis económico-empresarial, no me cabe duda de que siempre existirá creatividad y cultura al margen de objetivos pecuniarios.
Las preguntas más relevantes para mí serían: si el hecho de que tengan que “jugar” en este marco los desmotiva y los limita para lograr un cambio más profundo en la organización económica; y si de alguna forma se “domestica” la cultura o la actividad creativa. Puede que sí; sin embargo, es muy difícil romper este círculo. No quiero decir con esto que sea un objetivo que deba infravalorarse, pero creo que el simple hecho de que empiecen a considerarse otros valores, y de que la cultura sea tenida en cuenta como motor de desarrollo económico, ya supone un gran avance.
Por otra parte, si como yo creo, hay empresas de muchos tipos en el estudio, que persiguen fines muy diversos, de alguna forma es un buen reflejo de las empresas que habitan en el subsector; de todas las formas en las que se convive con el sistema quiero decir.
En el tema del nombre no quiero entrar demasiado. Creo que puede ser un condicionante, efectivamente. Es una observación muy oportuna y espero que sea revisada en el futuro. El recorrido es complejo: entiendo que al denominarse industrias se les presupone que la mayoría pertenecen al sector secundario, cuando pueden también haber servicios, y al presuponerlas industrias se les entiende más integradas al sistema de acumulación de beneficios. Quiero señalar aquí, aunque repito que es un tema muy amplio, que los sectores primario y terciario siguen también esta misma lógica; aunque entiendo las connotaciones asociadas al término.
Espero haber contribuido a ampliar un poco este interesante debate.
Martin Martín González

Martin Martín González enviado el 01/09/10 16:59

Gracias por las respuestas.
Algunas apreciaciones (quizá repetitivas) en la línea de la crítica constructiva, pero beligerante, porque lo de las “industrias de la creatividad” empieza a sonar a pensamiento único.

Pese a que el informe pretenda situarse de modo objetivo, para mi es una cuestión socio-política, cortada por el sesgo de una economía de corte liberal. Así, a la hora de elegir, la lógica imperante (y la que se está fortaleciendo desde las políticas europeas) prima elegir lo que más renta. La tendencia por el entretenimiento, por el espectáculo, no tiene que ver con la diferenciación entre cultura-creatividad, sino sobre todo con qué tipo de sociedad queremos ser, cuales son nuestros valores, etc.

Al final, parece que la opción es adaptarse al marco propuesto por el gobierno en base la “necesidad” de modificar el patrón de crecimiento (siempre el crecimiento vs otras posibilidades como la sostenibilidad o el decrecimeinto) de nuestro modelo productivo para generar “valor” (repito ¿qué valor-es?).

Es lo mismo con el nombre, “Industrias de la creatividad”, puede parecer baladí, pero es que bajo mi punto de vista, de esas políticas de la Comisión Europea, derivadas del modelo británico, vienen gran parte de los problemas, porque en base a ellas se están configurando todas las políticas (estatales, autonómicas, municipales) y se están formateando de un modo sesgado y conductista los proyectos de personas y entidades con proyectos (empresariales o no, porque no sólo las empresas generan economía).

Así, se produce una desconexión entre las políticas de intervención y la(s) realidad(es) de la cultura, donde finalmente quien debe ajustarse (domesticar) al marco impuesto, es el agente cultural activo para el que en principio, con el objeto de “ayudarle”, se diseñaban estas políticas… O se pasa por el aro o no hay apoyos. O sigues las directrices del libro verde o estás fuera de juego. Porque parece (y como sigamos así, puede llegar a ser), que la única cultura viable-rentable-posible es la cultura mercantil, más orientada al desarrollo económico que al desarrollo humano. Esta desconexión creo que se debe a que como casi siempre, los procesos se hacen de arriba a bajo, con la mediación de (supuestos) expertos, más dispuestos a contentar a quienes les contratan, que a profundizar y problematizar las cuestiones a tratar (esto es, les damos lo que nos piden en vez de lo que les deberíamos dar).

Sobre el sesgo industrial, lo que me preocupa principalmente no es la búsqueda de beneficios, sino que lo industrial tiene como modelo de negocio la repetición-estandarización-mecanización de procesos y productos. Esto es, la “vieja economía” de toda la vida. La “nueva economía”, si verdaderamente pretende ser nueva, debe romper ese círculo vicioso (obviamente difícil de romper y por tanto, menos rentable a corto-medio plazo).

Creo que antes de nada, debemos preguntarnos por los objetivos de la cultura y la creatividad para la sociedad que queremos y a partir de ahí, definir políticas de actuación. Actualmente, tal como está la cosa, parece que el objetivo es tan sólo conseguir que la cultura y la creatividad se conviertan en un potente sector económico… Si tenemos que ser más solventes, eficaces, sostenibles, innovadores, profesionales, me gustaría que fuese además para otros fines, no sólo para demostrar que puedo engordar el PIB.

Y para terminar por ahora, otro tema que me preocupa. La cultura siempre ha sido una especie de Dpto. de I+D de la sociedad, desde donde se han producido disrupciones, transformaciones. Para eso, hace falta seguir fomentando la investigación, tanto pura como aplicada. Y mientras en otros ámbitos empresariales si se están incentivando políticas de I+D en lo cultural no sólo no se dan, sino que los laboratorios informales que siempre han existido están perdiendo peso específico en los programas y presupuestos. La cultura es casi plenamente un ámbito de producción de procesos y productos que necesariamente deben funcionar (entendiendo por “funcionar”, resultar atractivos dentro de la lógica del mercado cultural, de lo masivo a lo alternativo, de lo popular a lo especializado, etc). Incluso los creadores somos cada vez más reclamados para integrar equipos de I+D en muchos ámbitos (lo que suele resultar interesante, estimulante), pero en cambio, no hay espacio para investigar en nuestro propio ámbito, la cultura en si misma.

Perdón por la extensión.
Seguimos en ello.
Un saludo

Ricardo_AMASTE enviado el 06/09/10 11:42

Una de las cosas que me sorprendió al leer el Quijote (ya hace mucho tiempo, pero es significativo que me haya venido a la memoria) era el uso que hacía de la palabra “industria” o “industrias”. Sobre todo porque no lo hacía en los términos que me resultaban familiares, sino en otra muy próxima a la primera acepción que nos da el diccionario de la Real Academia: “1. f. Maña y destreza o artificio para hacer algo“
No hay duda de que el título del informe se aproxima más a la cuarta acepción: “4. f. Suma o conjunto de las industrias de un mismo o de varios géneros, de todo un país o de parte de él. La industria algodonera. La industria agrícola. La industria española. La industria catalana”
Nos aclara Fernando en la respuesta a Ricardo que el marco en el que se inscribe, es el documento “Unlocking the potential of cultural and creative industries” , en el que reconoce el papel de la creatividad en un contexto de nueva economía en el que la famosa “creación de valor” viene determinada por un “valor inmaterial” o de intangibles.
Ricardo, que tiene toda mi simpatía porque algunos de sus sufrimientos son los mios, parece que da por perdida la palabra “industrias”, en cuanto a prisionera de los “juegos de verdad” del neoliberalismo. Esa postura me parece, cuanto menos, discutible. En esta especie de conflicto de las interpretaciones que decía Ricoeur, la hermeneutica instaurativa de este informe 2020 me parece muy oportuna, en cuanto a que, más que reducir la creatividad a la búsqueda de la plusvalía empresarial, reivindica el papel que juega la creatividad en la creación de empleo y riqueza en organizaciones de muy distinta naturaleza y signo. Así, como nos dice Martin, se aleja de esa concepción “post-revolución-industrial”, que asimila “la industria” al sector secundario y a la concepción de valor de la vieja economía. Hay un esfuerzo de acercamiento de nuevo a esas “mañas y destrezas o artificios” que nos permiten “hacer algo”. ¿Debemos renunciar a usar la palabra indústria, la palabra innovación, etc. por el uso que hagan de ella en HBR? Mi opinión personal es que no. Yuxtaponer “industria” y “creatividad” no es tan distinto de hacerlo con “pensamiento” y “diseño”. La palabra “indústria” no ha perdido del todo su “pregnancia simbólica”, y una muestra de ello es este informe, por tímido que nos parezca. Está en nuestras manos llegar más lejos en esa senda, ¿no?

Toni Blanco enviado el 09/09/10 11:53

¡QUE NO SON MOLINOS, QUE SON GIGANTES!
Poco que objetar a re-significar palabras, a rescatar sus significados con más encanto, más ligados a cierta épica literaria que a la jerga de los manuales de management. Por ejemplo “Empresa” también es una sugerente palabra según la 1ª acepción de la RAE “Acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo”. Aunque quizá me parece un esfuerzo (una empresa) demasiado entre titánico y nostálgico, que más que nada, principalmente da pie a cierta polisemia consensual, apolítica, acrítica, donde parece que todo vale. Un ejercicio que corre el riesgo de distraernos para no pasar de lo retórico, como la cantinela de re-fundar el capitalismo.
¿Qué pensaría Don Quijote de todo esto?

Ricardo_AMASTE enviado el 10/09/10 0:43

De nuevo comparto algunas de las opiniones manifestadas. Entre ellas: creo que efectivamente las políticas, a veces, se enfocan a lo que es más rentable (masivo, comercial,…), y esto condiciona profundamente a todo el mundo creativo; cuestión, por otra parte, que no sólo afecta a este ámbito. No obstante, este tema es más profundo de lo que en principio pudiera parecer.
En el fondo, o al menos en este punto encuentro yo la consideración clave, la pregunta es qué papel debe jugar el sector público en la sociedad y en la economía. Es decir, que tipo de políticas queremos que predominen, y con qué fin. Creo que es fundamental reflexionar a este respecto.
Sin embargo, sin restarle importancia a las criticas expuestas, es más, teniéndolas muy presentes, creo que deben también considerarse cuestiones como que se valore un sector tradicionalmente olvidado por las instituciones, sostenible en el tiempo, que genera un valor social aparte del monetario, que aleja a la economía de los sectores productivos clásicos, que promueve la innovación, etcétera.

Martin Martín González enviado el 17/09/10 11:24

Martín, tengo en consideración la nueva y creciente situación del sector como estratégico y las consecuencias, positivas (y negativas), de pasar de la periferia al centro, de ser un caso excéntrico a resultar modelo.
Hace diez años, cuando creamos AMASTÉ yo no sabía lo que era un DAFO y no se sabía muy bien como encajarnos en las políticas de emprendizaje. Ahora participo de la definición de esas políticas y utilizo el DAFO para analizar y promover contextos equilibrados, donde la cultura siga siendo principalmente ese ámbito desde el que hacernos preguntas, dando cabida a lo subjetivo y lo simbólico; sin desdeñar su papel en otros ámbitos (económico, político, etc).
Así, ahora que hemos conseguido parte de lo que durante años hemos reclamado (cuestiones que tu enumeras), tenemos que tener cuidado para no morir en un empacho de autocompalcencia o víctimas de nuestra propia medicina.
Por cierto, esto de la medicina me sirve como símil para esto de las industrias de la creatividad: de los grandes laboratorios a la homeopatía, pasando por los genéricos u otros remedios alternativos no homologados.
Por otra parte abres un interesante debate sobre el papel del estado. Quizá supera excesivamente el marco de esta humilde discusión. Para mi, debería establecer unas normas de regulación básica, proteger el bien común, asegurar el acceso a la educación y la cultura como agentes activos de tod*s l*s ciudadan*s. Escapar del liberalismo, tendiendo al libertarismo, sin caer en el libertinaje. Pero ya te digo, esto se me queda un poco grande y si me salgo de lo concreto, corro el peligro de caer en el tertulianismo.

P.D. entiendo que en este contexto, este es un informe valioso y con cierto peso específico. Por eso -valorando y agradeciendo su realización-, mi empeño en hacer ciertas matizaciones, señalar cuestiones que me preocupan, etc.

Ricardo_AMASTE enviado el 19/09/10 19:02

Ricardo, creo que has abierto y “desmenuzado” un tema muy interesante, por lo que te doy las gracias, pues todos hemos podido repensar todas estas cuestiones, y no darlas por cerradas.
El documento de las industrias creativas no pretende cerrar este debate, sino más bien abrirlo. Es por ello que el grupo de investigación de las “industrias creativas” pretende seguir profundizando en todas estas cuestiones.Saludos.

Martin Martín González enviado el 16/10/10 17:53

Pasado ya algún tiempo desde la publicación del estudio de casos empresariales de las industrias de la creatividad, hemos tenido ocasión de recoger algunas opiniones y de continuar con el seguimiento de las publicaciones relacionadas. Un tema fundamental que se ha planteado es el relativo a la utilización de la denominación industrias creativas, con las connotaciones mercantiles que tiene para la actividad cultural, en vez de un nombre más amplio, y quizás más coherente con el resto de la colección, como podría ser la “economía creativa”.
En este sentido, el informe de la ONU 2010 sobre “Creative Industry”, recogido en la página web de la UNCTAD
http://www.unctad.org/templates/WebFlyer.asp?intItemID=5763&lang=1
ofrece un panorama muy interesante y actualizado sobre las posibilidades de este sector, emergente a nivel mundial y que goza de un gran dinamismo y crecimiento, desde una perspectiva más amplia que la adoptada en el libro verde de la Unión Europea sobre las industrias culturales y creativas.
En este contexto creemos que sería importante ampliar el campo de estudio de las actividades creativas y culturales a las distintas manifestaciones y problemática que se recogen en el informe de la ONU y que debería abarcar las distintas sensibilidades que existen sobre estos temas en nuestro país.
En esta línea, a través del mail de información de AMASTÉ que nos envía, Ricardo Antón, hemos tenido oportunidad de ver el libro de Jaron Rowan de Yproductions, Emprendizajes en cultura, recientemente editado por Traficantes de Sueños, http://www.traficantes.net/index.php/trafis/editorial/catalogo/utiles/emprendizajes_en_cultura
que recoge un estupendo capítulos osbre la evolución de los conceptos de industrias culturales y creativas y plantea unas cuestiones fundamentales sobre las microempresas culturales.
Recomendamos la lectura de estos dos documentos y os animamos a retomar la discusión sobre la realción entre la cultura, la creatividad y la economía.

Fernando Casani enviado el 15/02/11 17:54